¿Cómo explicarle a mi hijo que tiene una una intolerancia o alergia alimentaria?

A medida que va creciendo, un niño con intolerancias o alergias alimentarias aprende a convivir con los síntomas, a discriminar lo que puede comer de lo que no puede comer, replicando aquellas pautas que ha observado en los adultos que le atendemos, porque han formado parte de su día a día. Por ejemplo, no come lo mismo que sus hermanos porque sabe que, si lo hace, se encontrará mal; ve a su padre cómo envasa algunos alimentos separándolos de los demás, al abuelo, que antes de ofrecerle un caramelo, le pregunta a la madre si se lo puede comer, etc.

De hecho, el niño puede asumir cada vez más responsabilidades y los padres debemos seguir acompañándole mientras va ganado autonomía y empieza a ser capaz de cuidar de su propio bienestar.

¿Qué conviene que aprenda nuestro hijo? ¿Cómo se lo podemos enseñar?

Aprender a reconocer cuáles son los alimentos seguros –los que puede comer– y los alimentos no seguros –los que debe evitar–. En la mayoría de los casos, los niños de estas edades ya los identifican, no tanto por nuestras explicaciones, sino por los hábitos que les hemos ido transmitiendo. Si queremos reforzar este conocimiento, podemos utilizar dibujos, imágenes –que después podremos aprovechar y colgar en un lugar visible de la casa, como la puerta de la nevera–, animarle a diferenciar los alimentos que puede o que no puede comer, presentándole varios alimentos, tanto crudos como cocidos, etc.

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Identificar si los alimentos contienen alguno alérgeno o sustancia que pueda provocarle una reacción adversa. Le podemos explicar cómo hacemos los adultos para identificarlo. Por ejemplo, aunque no sepa leer, conviene que sea consciente de la importancia de comprobar las etiquetas de los productos porque es el espacio en el que se indica exactamente qué ingredientes contienen los alimentos.

Si en nuestras rutinas es habitual que el niño nos acompañe a comprar, él ya realizará habitualmente esta práctica: cogerá un producto, le dará la vuelta para mirar la etiqueta y se acercará a nosotros preguntándonos si lo puede comer o no. Si no es el caso, podemos aprovechar cuando vamos al supermercado para hacerle participar, proponiéndole que busque los alimentos que lleven el símbolo que indica que no contienen la sustancia en cuestión –por ejemplo, si es alérgico al gluten, está bien animarle a buscar los alimentos que tengan la espiga barrada– o que nos dé el paquete para que nosotros lo leamos.

Saber que es importante manipular y almacenar los alimentos con cuidado. Por ejemplo, mientras cocinamos, podemos explicarle los hábitos de higiene que seguimos o lo que hacemos para evitar que los componentes que le pueden provocar una reacción alérgica entren en contacto con lo que se va a tomar: “Cocino primero lo que te vas a comer porque de este modo sabemos que el aceite y la sartén están bien limpios, no contienen nada que pueda provocarte alergia”. Podemos invitarle a guardar juntos la compra explicándole en qué armario almacenamos su comida o si utilizamos algunos recipientes que los identifiquen y por qué lo hacemos.

Que conozca los alimentos que puedan sustituir a aquellos que no puede comer; transmitiéndole la idea que muchas comidas se pueden adaptar. Para hacerlo, podemos cocinar con él recetas simples. Por ejemplo, podemos pedirle que nos ayude a rebozar lomo con zumo de naranja y pan rallado, en sustitución del huevo, explicándole por qué lo hacemos así.

Aprender a conocer los síntomas: saber lo que le puede suceder si come o toca ese alimento que le provoca alergia o intolerancia. Aunque no se debe dramatizar, (de hecho, si alguna vez se ha encontrado en esta situación, quizás ya la recuerde), en ocasiones su curiosidad, el interés por descubrir qué gusto tiene ese alimento o alimentos que él no puede comer, le lleva a preguntarnos qué sucedería si… por qué le pasa aquello o por qué él no puede comer lo que comen los otros niños.

Se encuentra en una etapa en la que le gusta conversar y descubrir el porqué de las cosas. Por consiguiente, le podemos explicar con palabras simples, llamando cada cosa por su nombre,  qué es una alergia o qué es una intolerancia, cómo es su alergia o intolerancia, cuáles son sus síntomas, etc. Lo importante es no dejar sus preguntas sin respuesta o confundir al niño con conceptos falsos –por ejemplo, llamando “caramelito” al medicamento u otras expresiones infantilizadas–. Por ello, también es necesario que conozcamos con detalle la alergia o intolerancia, solicitando orientación e información al especialista si lo consideramos oportuno.

Reconocer la importancia de saber decir no ante el ofrecimiento de algún alimento por parte de una persona que desconozca que el niño tiene una alergia o intolerancia alimentaria. Conviene asimismo que conozca la importancia de comer lo que nosotros le hemos preparado, evitando compartir o intercambiar la comida con otras personas, como la merienda con los compañeros o amigos. A medida que el niño observa cómo nosotros, con firmeza pero con cordialidad, rechazamos que una persona le ofrezca alimentos y razonamos el porqué lo hacemos estará aprendiendo a trazar este límite, a decir no.

Si observamos que nuestro hijo se puede sentir molesto –por ejemplo, ha ido a celebrar un cumpleaños con los amigos y no puede comer lo que están comiendo los demás– intentaremos normalizar la situación y validar sus emociones, ayudándole a reconocerlas y a expresarlas: “Entiendo que estés triste porque no puedes comer estos caramelos”. Por otro lado, también es posible que esté tan acostumbrado que no le afecte. Si es así, más vale evitar preguntas y no dar importancia a este hecho que para él no ha sido relevante.

Al margen de ello, en estas situaciones, y para evitar que el niño se pueda sentir excluido, trataremos de darle un alimento seguro, similar a lo que comen los demás. En la medida de lo posible, también es importante que en casa comamos todos lo mismo.

Otra estrategia que puede ayudar a que se sienta mejor viendo que no es el único, puede consistir en poner ejemplos de otros compañeros de la escuela, amigos, familiares, etc. Que también tienen alguna alergia o intolerancia alimentaria.

Tan importante es que el niño tenga información relevante con respecto a la alergia o intolerancia como asegurarnos que las demás personas de su entorno más inmediato también la conocen, favoreciendo un entorno que le resulte seguro. En este sentido, los abuelos, tíos, la escuela, etc., deben estar avisados de las alergias e intolerancias del niño. 

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3-5 años, Alimentación y Nutrición, cuidados y seguridad, Revisats, Salud