¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a afrontar sus sentimientos?

Existe una relación entre lo que los niños sienten y la forma en la que se comportan. Cuando los niños están bien, la adaptación a las nuevas situaciones es más fácil, pero si tienen miedo o están confundidos o tristes es fácil que aparezcan las pataletas, los llantos… ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a sentirse bien? Ayudándoles y validando sus sentimientos.

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Por ejemplo, existe una relación directa entre la vuelta al colegio y los sentimientos confundidos. Puede ser que, para muchos niños, este sea un momento de inseguridad, miedo y abandono. A menudo el acompañamiento que los padres hacemos durante los primeros días de colegio del niño está dirigido a “normalizar la situación”. De modo que es fácil encontrarnos con respuestas de negación de los sentimientos del niño (“No tienes ningún motivo para tener miedo”, “Va, sonríe un poco que solo es una nueva clase”…), respuestas “filosóficas” (“Ya se ha terminado la buena vida del verano”, “Mira, la vida es así, mira los demás niños”…) o consejos (“Lo que debes hacer es ir a jugar con los compañeros”, “No estés triste que enseguida se te pasará”…). Con toda nuestra buena fe, no estamos validando los sentimientos del niño.

Proponemos tres maneras de acompañar a nuestros hijos en estos sentimientos que pueden resultar efectivas:

Escuchar al niño con toda nuestra atención

En vez de escucharlo al mismo tiempo que estamos haciendo otra cosa, o sin mirarle directamente, escuchémosle con toda nuestra atención, utilizando su lenguaje, buscando su mirada. A lo mejor no necesitamos decir nada, porque el niño lo único que necesita es un silencio lleno de comprensión. A veces las palabras no son necesarias. Al niño le resulta difícil pensar constructivamente cuando alguien intenta interrogarlo, culparlo o aconsejarle excesivamente. Hay niños que prefieren que no se les diga ni una sola palabra cuando están tristes o alterados. Para ellos es suficiente la presencia amorosa del padre o de la madre.

Validar los sentimientos del niño con una palabra (“Te entiendo”, “Oh”, “Ya”…)

Como muestra de nuestra escucha activa e incondicional, podemos responder con un “Te entiendo”, “Ya veo”, “Ohh”… Son expresiones de incondicionalidad y de aceptación del otro que ayudan a que el niño pueda explicar lo que está sintiendo, y pueda encontrar palabras para sus sentimientos y caminos de acción o de respuesta adecuados a su situación y a su edad.

Poner nombre a los sentimientos del niño

Debemos intentar no quitar importancia a lo que está sintiendo el niño, a sus emociones. Por mucha voluntad compasiva con que lo hagamos (con comentarios como por ejemplo “No llores, solo es el primer día de colegio…”) el niño estará cada vez más alterado. En vez de ello, pongámosle un nombre a su sentimiento. El niño que escucha palabras que describen lo que está experimentando se siente profundamente escuchado y consolado. Estamos reconociendo su experiencia interna y esto es muy valioso para el niño en este momento tan nuevo para él. A veces el simple hecho de que alguien sea comprensivo con lo que le pasa al niño le resulta más fácil de llevar (“Entiendo perfectamente que estés triste porque es el primer día de colegio”).

No existen varitas mágicas, pero la voluntad de validar lo que los niños sienten, por ejemplo en su vuelta al colegio, es el primer paso para que puedan afrontar nuevas situaciones de forma positiva.

Maria José Guarino
Educadora  Social y Psicopedagoga
Máster en Atención Centrada en la Persona

Categoria
1-3 años, 3-5 años, Relaciones familiares y comunicación, Relaciones familiares y comunicación