¿Cómo podemos prevenir la obesidad infantil?

obesidad, salud, alimentación, trastornos de alimentación, sobrepeso, hábitos de alimentación, nutrición, malnutrición, enfermedad, sedentario, actividad física, dieta, obesidad infantil, mi hijo está muy graso, mi hijo tiene obesidad, mi hijo es obeso

La obesidad es una enfermedad que cada vez afecta a más niños en edades tempranas. Un niño obeso tiene más posibilidades de desarrollar determinadas enfermedades, como la hipertensión, la diabetes o enfermedades cardiovasculares, y es un estado que también puede perjudicarlo en sus relaciones con otras personas. Así pues, es importante intentar prevenir el desarrollo de esta enfermedad.

Aunque el origen de la obesidad puede ser genético o se puede encontrar en otras enfermedades, los tipos de vida y la alimentación juegan un papel muy importante en el desarrollo de la obesidad. Unos hábitos adecuados de alimentación y evitar un estilo de vida sedentario son las principales medidas que nos ayudarán a reducir las probabilidades de que el niño tenga obesidad.

Nueve propuestas para transmitir hábitos de alimentación adecuados a los más pequeños

  1. Fomentemos una alimentación sana y una nutrición adecuada desde que son pequeños, ofreciéndoles una dieta equilibrada y variada. Aseguremos que la introducción de nuevos alimentos en su dieta se hace de manera gradual, dejando que la criatura se acostumbre a cada uno de los alimentos sin pretender que coman de todo de una manera inmediata.
  1. Establezcamos y respetemos unos horarios para las comidas. Es conveniente que las criaturas realicen tres comidas principales –desayuno, almuerzo y cena-, y dos o tres comidas complementarias y ligeras –a media mañana, merienda y resopón–, evitando que piquen entre horas.
  1. Intentemos que el niño beba agua durante el día y durante las comidas.
  1. Evitemos o limitemos el consumo de determinados alimentos con bajo valor nutritivo, como las chucherías, los helados, los pasteles, la bollería, la comida preparada, etc.
  1. Respetemos el apetito del niño. A medida que la criatura crece, sus necesidades de comer y el aumento de peso acostumbran a disminuir. Es por esta razón que debemos evitar forzar al niño a que coma mucho o más de lo que considera que necesita, respetando su sensación de hambre.
  1. Hagamos de las comidas un espacio de tranquilidad, sin interferencias ni estímulos. Se recomienda que la radio, la televisión, etc. no estén encendidas y aprovechar estos momentos para que la criatura pueda aprender buenos hábitos de alimentación, pueda estar relajada y pruebe diversos alimentos.
  1. Dediquemos atención al niño durante las comidas. Aprovechemos estos ratos para fortalecer el vínculo que nos une y fomentemos la comunicación familiar. En ocasiones, la hora del almuerzo y la hora de la cena son de los pocos momentos privilegiados en los que coincide toda la familia. Es recomendable disponer del suficiente tiempo para disfrutar de la comida, evitando las prisas.
  1. Evitemos satisfacer las necesidades o las peticiones del niño con comida. A veces, si el niño está enfadado, triste… podemos pensar que ofrecerle su comida preferida o comidas que no acostumbramos a incluir en su alimentación –como las golosinas, aperitivos salados, etc.– le hará sentirse mejor. Esto le puede confundir y hacer que le cueste diferenciar su sensación de hambre con sus necesidades afectivas. Los alimentos no deben adquirir ni valor de premio ni de recompensa.
  1. Actuemos dando ejemplo. Los pequeños aprenden imitando a los adultos. Si practicamos unos hábitos de alimentación saludables con relación al tipo de alimentos que consumimos, a las cantidades, a los momentos de las comidas… favoreceremos que el niño también los adquiera. 

Tres consejos para ayudar a que el niño tenga un estilo de vida activo

Para evitar que los más pequeños tengan una vida sedentaria, es importante fomentar una actividad física frecuente. En este sentido es recomendable:

  • Invitar al niño a realizar actividades físicamente activas como, por ejemplo: pasear, jugar a pelota, practicar algún deporte, etc.
  • Aprovechar los desplazamientos diarios –ir a comprar, ir al colegio, visitar amigos, etc.– para caminar y subir escaleras.
  • Limitar el tiempo que pasan realizando actividades sedentarias, como ver la tele o jugar a juegos que no requieren movimiento.

¿Qué debo hacer si mi hijo está obeso?

Si sospechamos que la criatura puede tener obesidad es importante pedir al servicio de pediatría que valore el estado del niño. Si se diagnostica que el niño está obeso, el pediatra o los expertos médicos correspondientes–endocrinos, nutricionistas…– nos harán recomendaciones y nos ofrecerán pautas de actuación.

Probablemente, si el niño tiene menos de ocho años no será necesario someterlo a ningún tipo de dieta. Al encontrarse en un proceso de crecimiento y en un momento en el que se están adquiriendo los hábitos nutricionales, si mejoramos los hábitos de alimentación del niño y suprimimos el consumo de los alimentos que lo pueden estar perjudicando, como las golosinas, el chocolate, la bollería, las bebidas azucaradas, etc. posiblemente podrá recuperar un peso adecuado a su edad y a su complexión.

Categoria
1-3 años, Alimentación y nutrición