¡Descubrámosles la pasión por los libros desde pequeños!

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Los adultos podemos despertar la curiosidad de los niños por la lectura y el gusto por los libros, enseñándoles a disfrutar de la lectura. Esta es la primera premisa para crear un hijo lector: sumergirlo en el placer de la lectura. Nunca es demasiado pronto para iniciar este viaje, en el cual los adultos seremos unos excelentes compañeros. Se puede enseñar a amar los libros desde los primeros meses de vida. A continuación, os ofrecemos algunas propuestas para conseguirlo.

Compartamos historias y aventuras un rato cada día.

No es necesario esperar que los niños sepan leer para que entren en contacto con los libros. Desde muy pequeños les podemos contar o leer cuentos, inventarnos historias y compartirlas con ellos…, y eso lo podemos hacer en cualquier momento intentando, si es posible, dedicarles un rato cada día. Cualquier hora es buena para la lectura y cualquier miembro de la familia puede hacerlo. Leer juntos y contarles cuentos o historias, además de favorecer el desarrollo del lenguaje de los niños y de enriquecer su vocabulario, es una muestra de afecto. 

Hagamos que la lectura forme parte de nuestras vidas.

Nuestros hijos deben vernos leer habitualmente en casa, puesto que nuestro interés por la lectura despertará su motivación. Les intrigará conocer lo que nos fascina y a lo que dedicamos nuestro tiempo. Si nosotros estamos leyendo y al niño no le apetece acompañarnos, conviene hacerle respetar nuestros ratos de lectura: “No te preocupes, dentro de diez minutos jugaremos, ahora estoy terminando de leer. Si quieres, mientras tanto, te puedes sentar a mi lado”.

Es muy posible que, con estas tentaciones, nuestro hijo nos quiera imitar –es una de sus formas de aprender–: somos su modelo y debemos dar ejemplo. Si se acostumbra a vernos con un libro en las manos y percibe que disfrutamos con la lectura, seguro que querrá hacer lo mismo.

Despleguemos nuestros encantos.

Seguro que sabemos lo que le gusta a nuestro hijo y sabemos cómo llamar su atención. Seamos atrevidos y, en función de sus gustos y preferencias, ayudémosle a descubrir la lectura como puerta de entrada a un mundo fantástico y divertido. Mientras que leemos, gesticulemos, improvisemos voces, crucemos miradas de sorpresa y dejemos que el niño perciba todas las sensaciones y emociones que nos despierta esa historia, animándole a que también la viva por los oídos –escuchándonos–, por la vista –que vea letras, palabras e imágenes– y también con todo el cuerpo.

Pongamos libros a su alcance.

¿Tenemos libros que le resulten interesantes al niño y que podamos poner a su alcance? Si no es así, este puede ser un buen momento para comenzar a crear poco a poco su propia biblioteca, bien sea comprando algunos libros, bien sea yendo a la biblioteca, poniendo los libros que hemos cogido prestados en algún lugar de la casa que le resulte accesible al niño.

En la habitación, en el pasillo, en un sitio agradable para leer, en una cesta o en un armario. Busquemos un lugar donde nuestro hijo sepa que, siempre que quiera, encontrará un libro por descubrir. La lectura debe ser para él una alternativa más de ocio. De la misma forma que le dejamos los juguetes para que los pueda coger fácilmente, los libros también tienen que estar a su alcance. Será importante, asimismo, enseñarle a amar y a cuidar los libros, a utilizarlos, a recogerlos y a ponerlos en su sitio. Y, como siempre, ¡prediquemos con el ejemplo! Si ve que nosotros tratamos a los libros con respeto, él también lo va a hacer.

¿Cómo escogemos un libro adecuado?

Hoy en día tenemos a nuestro alcance una gran variedad de cuentos e historias: en papel, interactivos, con objetos o texturas, con ilustraciones, sin ilustraciones, para escuchar cuando vamos en coche, para situaciones especiales, como para ir al dentista o a la escuela, populares, con rimas…, que presentan situaciones de la vida cotidiana. Ante esta gran variedad de libros, ¿cómo podemos escoger un buen libro para nuestro hijo?

Dos aspectos claves que nos ayudarán a la hora de escoger un libro adecuado será hacerlo en función de la edad del niño y respetar sus preferencias. Otra opción es dejar que sea el propio niño el que escoja –una lectura previa nos ayudará a conocer qué valores transmite el libro, viendo si estos están en harmonía con nuestro estilo educativo–.

También podemos explicarle cuentos que nos gusten a nosotros –si también le gustan a él– y hacer una selección de libros que se puedan leer en familia, teniendo en cuenta los gustos de las diferentes personas de nuestro entorno.

Tratemos de aprovechar la pluralidad de libros que encontramos en el mercado, en las bibliotecas, y en otros lugares. Podemos coger tanto libros sin letra como libros con texto: aunque el niño no reconozca las letras, los cuentos con texto le permitirán acostumbrarse a mirar libros y a ver que estos van acompañados de texto. Los libros con ilustraciones variadas –intentemos no escoger únicamente aquellos que tienen un tipo de ilustración infantil– contribuirán, al margen de educar en el placer por la lectura, a hacerlo también en el aspecto artístico. Asimismo, las imágenes nos ofrecen múltiples posibilidades, como entablar conversaciones sobre los sentimientos o sobre las sensaciones que se experimentan con la historia que vamos a explicar…

Si dudamos a la hora de elegir los libros, podemos pedirles consejo a los profesionales de alguna librería o biblioteca: ellos acostumbran a leer mucho y tienen criterio para ayudarnos a elegir.

Hablemos de lo que hemos leído.

¿Nos interesamos por las lecturas del niño? ¿Le preguntamos si le ha gustado el cuento que ha leído o la historia que le hemos contado? ¿O lo que piensa de lo que hace el protagonista de la historia? Del mismo modo que hablamos de lo que hemos hecho durante el día, de los deportes, etc., la lectura y los comentarios o debates sobre lo que leemos deben formar parte de la vida familiar.

Un entorno lleno de letras.

Los libros y los cuentos no son la única opción que tenemos para acercar la lectura a nuestro hijos, sino que a nuestro alrededor disponemos de numerosas oportunidades para practicar a lectura: por ejemplo, podemos animar a nuestro hijo a que nos ayude a descifrar las etiquetas de los productos, los carteles de la calle, los mapas que nos encontramos cuando vamos de excursión… todo lo que nos rodea.

¡Una historia por descubrir y mil formas de acercarnos a ella!

Todo cuanto suponga despertar el interés por la lectura nos ayudará a construir un pequeño lector. Hacer actividades relacionadas con las historias que el niño vaya descubriendo nos ayudará a despertar su interés: podemos dibujarlas, ir al cine a ver alguna adaptación, pedirle que nos cuente lo que ha entendido, comparar las lecturas con situaciones de la vida cotidiana, etc. Algunos libros para niños menores de seis años llevan a veces consigo algunas propuestas de dinamización de actividades o pautas para adultos que nos permitirán sacarle mayor rendimiento a la historia.

Visitas que no pueden faltar.

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Si queremos despertar en nuestro hijo la pasión por la lectura y los libros, podemos llevarlo a que conozca una biblioteca o una librería. Podemos ir regularmente a una biblioteca y aprovechar la ocasión para escoger algunos libros –juntos o con la ayuda de las personas que trabajen allí–, o para participar en las actividades que se organicen allí. Asimismo, si visitamos alguna librería, también podemos participar en alguna actividad y descubrir los libros que se adecuen a la edad y a los gustos de nuestro hijo.

Regalemos libros.

Paras los cumpleaños, en fechas especiales o cuando lo consideremos oportuno, regalemos libros al niño, a sus amigos, al abuelo, al tío… Si la persona que recibe el libro lo hace con ilusión, al niño esto le ayudará a valorar los libros.

La lectura no es una obligación.

La lectura debe ser una actividad divertida que los niños deben hacer cuando les apetezca. Nuestro hijo también tiene derecho a no leer y a no tener ganas de que le expliquemos un cuento. Por este motivo, jamás tienen que vivir la lectura como una obligación, sino que debe ser una actividad lúdica y placentera.

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1-3 años, 3-5 años, Artículos recomendados, Desarrollo y aprendizaje, Desarrollo y Aprendizaje, Ocio y TIC, Ocio y TIC, Revisats