Dos propuestas de intervención en el desarrollo del niño con discapacidad

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Para empezar, conviene tener en cuenta que cada familia es diferente: estamos condicionados por el entorno en el que vivimos, los miembros que la componemos, cómo nos relacionamos, nuestros valores, normas y expectativas, las actividades que realizamos, etc. Con todo, todas las familias comparten una característica: la transformación, que se produce en función de las experiencias que vivimos.
El nacimiento de un hijo con discapacidad es un ejemplo de ello. Todos los miembros deberemos dar respuesta a esta nueva situación. Aunque es natural que cualquier cambio o reto que afrontemos nos suponga una crisis o un estado de inseguridad, conviene realizar el aprendizaje de la experiencia y evolucionar hacia una nueva etapa.El núcleo familiar representa el factor de mayor influencia en el proceso de desarrollo de nuestros hijos. Cuando un bebé con discapacidad llega a la familia o cuando se le diagnostica una discapacidad durante un periodo posterior, se irán desplegando una serie de necesidades especiales que afectarán en mayor o menor medida a cada miembro de la familia, pero también al conjunto de la misma.

En este artículo os ofrecemos dos propuestas de intervención en el desarrollo del niño, partiendo del hecho de que cada situación individual de discapacidad es fruto de un proceso: por ejemplo, nuestras expectativas con respecto a nuestro hijo influirán en la construcción del concepto de sí mismo, y la forma con que nos relacionemos con él también tendrá determinadas consecuencias en su desarrollo.

Pidamos ayuda a los profesionales: la importancia de un diagnóstico precoz

Cuando existe alguna dificultad en el desarrollo del niño es importante que en la medida de lo posible actuemos desde el mismo momento en que la detectamos. Cuanto antes se realice el diagnóstico, mejor resultará el pronóstico.

En los primeros años de vida es cuando las personas tenemos más posibilidades de cambiar (una de las etapas más importantes del desarrollo cerebral en los seres humanos se produce entre la etapa prenatal y los cinco años).

En este momento, el sistema nervioso del niño se encuentra en proceso de maduración. La relación que el niño establece con su entorno y con las personas que cuidamos de él serán claves para su desarrollo. Por consiguiente, cuando se detecta pronto el trastorno o la necesidad de la criatura, y se activan rápidamente los elementos necesarios para dar respuesta a ello, el pronóstico de mejora puede ser más favorable: tenemos la oportunidad de reforzar los potenciales del niño y de minimizar las dificultades que vayan apareciendo en su proceso de desarrollo.

Si sospechamos que la criatura presenta algún trastorno en su desarrollo o bien, se le ha detectado alguna discapacidad, se recomienda consultarlo con el pediatra y los educadores –si, por ejemplo, la criatura va a la escuela–: estos profesionales nos orientarán o derivarán hacia servicios específicos, como los Centros de Desarrollo Infantil y de Atención Precoz (CDIAP).

Hay que tener en cuenta que el hecho de que el niño pueda recibir atención precoz será una gran oportunidad. La atención precoz se define como el “conjunto de intervenciones que se dirigen a la población infantil de cero a seis años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que tienen que considerar al niño en su globalidad, deben planificarse por parte de un equipo de profesionales de orientación interdisciplinaria o transdisciplinaria”. (Libro Blanco de la Atención Precoz, 2000).

Conviene favorecer el contacto con los profesionales que atienden al niño –pedirles información, confiar en ellos para resolver nuestras dudas, seguir sus propuestas, etc.- También nos ayudará conocer bien las dificultades por las que atraviesa el niño: los especialistas son los que mejor nos podrán aportar este saber.

La importancia del entorno familiar durante todo el proceso

En el momento en que nacemos ya se inicia el desarrollo de nuestras habilidades cognitivas, motoras, lingüísticas, perceptivas y sociales. Por ello, al margen de que el niño reciba la influencia de varios agentes educativos –como la escuela– e intervenciones específicas para favorecer su desarrollo –como un plan terapéutico individualizado con acciones de fisioterapia, logopedia, psicoterapia o lo que se considere oportuno– el papel de la familia es muy importante en el desarrollo de las competencias del niño.

Nosotros somos los primeros en velar por satisfacer sus necesidades: les damos recursos, seguridad, afecto, amor y aprecio, oportunidades de aprendizaje y de socialización, además de orientarles para afrontar la vida. La clave de la actuación familiar será ayudar al niño a que tenga una vida lo más normalizada posible.

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0-1 años, 1-3 años, Desarrollo y aprendizaje, Desarrollo y aprendizaje