Dulces y golosinas: Hagamos un consumo ocasional

Aunque se trata de un hábito poco saludable, el consumo de bollería industrial, dulces y golosinas es una práctica muy extendida entre los niños. Pero, ¿por qué les gustan tanto? Algunas de las causas podrían ser:

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    La preferencia innata que tenemos las personas hacia los sabores dulces (tal y como indican diversos estudios).

  • El uso de las golosinas como premio o recompensa.
  • La comodidad que nos puede suponer la bollería industrial como recurso fácil en el desayuno o la merienda (además, la criatura la acostumbra a aceptar con facilidad, no requiere preparación y suele ser más económica).
  • La excesiva oferta de alimentos procesados dulces y/o grasos pero poco nutritivos.
  • El continuo reclamo publicitario que predispone a los niños a querer consumir lo que ven en la tele o bien a conseguir los premios que, a veces, incluyen (cromos, figuritas, etc.).

Si la bollería industrial, los dulces o las golosinas se toman de manera ocasional no suponen ningún problema de salud para el niño, mientras que un consumo excesivo sí que puede tener efectos negativos. Conocer cuáles son estos efectos y saber cómo evitar su uso abusivo nos puede ayudar a transmitir unos hábitos saludables con más facilidad a nuestros hijos.

¿Por qué debemos evitar un consumo excesivo de bollería industrial, dulces y golosinas?

Algunos de los motivos por los que conviene evitar un consumo excesivo de estos productos son:

  • La elevada concentración de azúcares y grasas que contienen: la bollería industrial, los dulces y las golosinas no acostumbran a tener los nutrientes esenciales para el desarrollo de la criatura, como por ejemplo las proteínas, los minerales o las vitaminas. Por este motivo, estos productos procesados contribuyen al aumento de la obesidad infantil y a la diabetes pero no representan un alimento nutritivo ni saludable. 
  • Los azúcares que contienen este tipo de productos son azúcares “no saludables”: se obtienen, principalmente, de la caña de azúcar o de la remolacha pero mediante procedimientos químicos que provocan que pierdan sus nutrientes originales –minerales, vitaminas, fibras, etc.–. El resultado de estos procesos de refinamiento es un azúcar de difícil digestión para el niño porque, para digerirlo, se desgastan las reservas de vitaminas y minerales de su organismo.
  • El azúcar es un estimulante y, como tal, su consumo abusivo puede provocar la excitación de los niños y niñas.
  • El elevado contenido en azúcares que contienen puede provocar caries.
  • Muchas de las grasas que se utilizan en la fabricación de estos productos son perjudiciales: su consumo excesivo puede aumentar el riesgo de padecer colesterol, enfermedades cardiovasculares, obesidad, etc.
  • Si la criatura consume estos productos, sobre todo antes de las comidas, puede llenarse y perder la sensación de apetito. De este modo, cuando llegue el momento de almorzar o de cenar, es posible que no tenga más apetito y no quiera comer los alimentos que le proporcionan los nutrientes que necesita (legumbres, arroz, pasta, carne, pescado, huevos…).

¿Qué podemos hacer para reducir el consumo de bollería, dulces o golosinas?

  • Debemos evitar que nuestro hijo coma bollería industrial, dulces o golosinas durante sus primeros años de vida y procurar que los pruebe lo más tarde posible. En este periodo, los pequeños se encuentran en el momento de adquirir hábitos alimentarios, ya que a comer también se aprende, y estos productos no son alimentos básicos, no aportan nutrientes esenciales para su organismo y no deben sustituir ninguna comida.
  • Conviene evitar tener estos productos en casa, de este modo evitaremos tentaciones.
  • Los adultos debemos intentar dar ejemplo a los niños, evitando consumir frecuentemente bollería industrial, dulces o golosinas y sustituirlos por alimentos ricos en nutrientes como las frutas, las verduras o los frutos secos.
  • Es importante enseñar y transmitir unos hábitos de alimentación saludables a la criatura.
  • Para favorecer un consumo moderado de estos productos podemos pactar un día a la semana u ocasiones especiales en las que dejaremos que la criatura las coma ocasionalmente y en pequeñas cantidades.
  • Es importante evitar utilizar estos productos como premio de la buena conducta de los niños.
  • Preferiblemente, sustituiremos estos productos por alimentos frescos como la fruta o bien por alimentos artesanos, como bollería hecha en casa. Aunque estos también suelen contener un exceso de azúcar, acostumbran a estar elaborados con grasas que no son tan perjudiciales para el organismo y su valor calórico es menor.
  • El duce es un sabor que atrae tanto a pequeños como a mayores, y el niño necesita alimentos dulces: el consumo de fruta, de verduras como el bróquil, la zanahoria y la calabaza, son alternativas dulces y mucho más saludables y nutritivas.

El pan con chocolate puede ser una de sus meriendas semanales y no pasa nada si en ocasiones puntuales –cuando visita a la abuela, en una fiesta de aniversario…– come caramelos… Si tenemos unos buenos hábitos alimentarios y un estilo de vida activo, un consumo esporádico de estos productos no resultará perjudicial.

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1-3 años, 3-5 años, Alimentación y nutrición, Alimentación y Nutrición, Revisats