El chupete: ¿Cómo podemos ayudarle a dejarlo?

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Las criaturas aprenden a succionar en el útero materno. Muchas veces, lo empiezan a hacer chupándose los dedos. Chupar es, pues, un reflejo natural en los bebés, un acto de supervivencia y de entreno para alimentarse, una preparación para la succión del pecho de la madre o del biberón.

El hecho de chupar y, por tanto, el uso del chupete, calma a los niños, los tranquiliza, les da seguridad y les proporciona placer. El uso del chupete es uno de esos hábitos que les aporta seguridad en los momentos que la necesitan.

Así pues, desde un principio será importante dialogar sobre cuál es el uso del chupete que queremos que haga el bebé: ¿Le daremos el chupete a la criatura? ¿Cuándo se lo daremos? ¿Solo para dormir? ¿Cuándo llore?… Es importante reflexionar sobre estas preguntas desde el principio, y no solo cuando nos planteemos retirarle el chupete, ya que la respuesta a estas preguntas iniciales y las decisiones que hayamos tomado impactarán en el nivel de dependencia que tendrá el niño del chupete, dificultando o facilitando su retirada.

¿Qué ventajas tiene el uso del chupete?

  • Calma a las criaturas y las hace sentir relajadas.
  • Ofrece una distracción temporal a la criatura en los momentos en los que se pueda sentir angustiada.
  • Las puede ayudar a coger el sueño.
  • Reduce el riesgo de padecer el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante 
  • Deshacerse del hábito de chupar el chupete es más fácil con el chupete que con el dedo, porque el chupete se puede tirar, guardar como recuerdo, esconder, apartar, etc.

¿Cuándo conviene que el niño deje el chupete?

Aunque algunos niños dejan el chupete por sí solos a medida que crecen, otros necesitan ayuda para abandonar esta costumbre.

A partir de los dos años es conveniente que se inicie este proceso de retirada del chupete, sobretodo porque a esta edad puede perjudicar el crecimiento de los dientes. El uso prolongado del chupete en las criaturas puede producir lo que los odontólogos llaman “mordida abierta”: El chupete, al interponerse entre los dientes superiores e inferiores, impide que estas se cierren completamente, haciendo que los molares tiendan a salir más, empeorando la masticación y provocando que la mandíbula sobresalga hacia adelante. No obstante, no es una regla general, sino que también depende de factores genéticos y de la constitución del niño. El uso prolongado del chupete, además, también puede ser perjudicial para el paladar y el habla de la criatura.

¿Cómo podemos ayudar al niño a dejar el chupete?

En el momento de iniciar la retirada del chupete es importante valorar cuáles pueden ser los sentimientos del niño, qué puede experimentar por la pérdida de aquello que para él puede ser muy valioso, e intentar que él sea el verdadero protagonista del proceso, teniendo paciencia y sin angustiarnos.

Dejaremos que el niño escoja, respetando sus tiempos y permitiendo que abandone el chupete por voluntad propia, sabiendo cuáles serán las consecuencias.

Para conseguirlo, será muy importante que le hablemos con seguridad, con confianza, ofreciéndole las respuestas y la información que necesite. En este diálogo le podemos explicar que se hace mayor, y que el chupete es malo para sus dientes y para la boca. Si es necesario, podemos ir al dentista con el niño, para que sea el mismo dentista que le explique directamente los riesgos del chupete.

También le podemos ayudar explicándole cuentos que se relacionen con el abandono del chupete, o decirle que nos gusta escucharlo, pero que con el chupete en la boca no le entendemos cuando nos habla. Hablaremos con la criatura desde el respeto, evitando frases del estilo: “Estás muy feo con el chupete” o “Eres demasiado mayor para llevar chupete”… y lo haremos con tiempo, evitando presionarlo, intentando que el abandono del chupete no coincida con otros momentos de cambios –como la entrada en la escuela–, y siendo conscientes que es un proceso.

Del mismo modo, será importante recordarle cuáles serán las consecuencias de su decisión: por ejemplo le explicaremos que cuando decida dejar el chupete ya no lo podrá utilizar para irse a dormir.

Una opción es decidir conjuntamente con el niño que deje el chupete de manera gradual: dejándolo en casa cuando salgamos, y solo haciéndolo servir en momentos en los que el niño se sienta más angustiado –para dormir, cuando tenga hambre, cuando se encuentre mal, etc.–. Hablando, podremos llegar a un pacto o a un intercambio de esfuerzos: por ejemplo, convirtiendo la entrega del chupete en un hecho especial y de decisión propia, yendo a una tienda y cambiarlo por un juguete, dándoselo a alguien, etc.

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Así pues, necesitaremos encontrar la estrategia que nos permita que sea el niño quien decida tirar, dar… el chupete. Existen diversas tradiciones culturales que nos pueden dar diferentes ideas. Por ejemplo, en Dinamarca, cuando tienen tres años y como muestra que los niños se han hecho mayores, se les acompaña al Árbol de los chupetes para que el niño pueda dejar el suyo. En otras localidades, se da el chupete a alguna bestia festiva, como puede ser la bestia del fuego durante la fiesta mayor, los gigantes de las fiestas mayores, los enanitos del bosque, a los Reyes magos o a los pajes en Navidad. Si en el lugar en el que vivimos existe alguna tradición, aprovechémosla y expliquémosela a nuestro hijo: puede ser una buena estrategia para que él decida dejar el chupete.

Aunque, cuando tome la decisión, será normal que, pasado un tiempo, vuelva a reclamar el chupete. En estos casos, deberemos recordarle la decisión que tomamos juntos y lo que él ha conseguido.

La criatura también podrá estar, durante unos días, más movida, angustiada e inquieta, reclamando nuestra atención: es normal, ya no dispondrá del objeto que la tranquilizaba. Será importante, pues, que nosotros nos mostremos comprensivos y afectuosos, y que la acompañemos en este reto desde el amor y el respeto.

Categoria
1-3 años, cuidados y seguridad, Relaciones familiares y comunicación, Revisats, Salud