El control de esfínteres: Mi hijo todavía se hace pipí

Hacerse pipí es algo que les pasa a los niños de diversas edades y que acostumbra a preocupar a muchas familias: “¿Ya debería ser capaz de controlar el pipí?, “¿Qué pasará durante la excursión si moja la cama por la noche?”, “En la escuela otros niños y niñas ya no llevan pañales…”, etc.

Controlar los esfínteres es un proceso que el niño empieza a aprender alrededor de los dos años y medio. Con todo, cada niño sigue su proceso particular y por ello, en ocasiones, a veces pueden comenzar antes, y otras, después.

Se trata por consiguiente de un proceso lento y gradual que requiere tiempo: el control total de los esfínteres puede llegar a tardar incluso años. De hecho, se trata de un proceso complejo puesto que requiere aprendizaje, factores físicos y emocionales, y no acostumbrarán a conseguirlo hasta los tres y los cinco años, después de varios esfuerzos.

Pero ¿qué sucede si no lo consigue, si con el paso del tiempo nuestro hijo todavía necesita llevar pañal porque se hace pipí encima?

El control de esfínteres de día

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Para poder controlar el pipí durante el día, el niño debe ir avanzando en la identificación de sus necesidades fisiológicas e ir consolidando unos hábitos: debe percibir la sensación de pipí, saber cómo retener la micción y acostumbrarse a ir al lavabo. Sin embargo, cada niño tiene un ritmo de maduración diferente y es este uno de los motivos por los cuales puede tardar más o menos en conseguirlo.

En el caso de otros niños, en cambio, es posible que hayan iniciado el proceso de retirada del pañal cuando todavía no estaban preparados para controlar los esfínteres. Por ejemplo, es habitual que algunas familias intentemos retirar el pañal porque el niño empieza P3, porque lo comparamos con otros niños o bien porque lo queríamos hacer coincidir con la llegada del verano, momento en que hemos valorado que podía resultar más cómodo y no hemos tenido en cuenta, por consiguiente, el momento vivencial del pequeño.

Estas situaciones no deberían condicionar este momento tan importante para la vida de la criatura. La retirada de los pañales debería iniciarse respetando el proceso natural de su evolución, aunque si determinados motivos nos hicieron adelantar la retirada, todavía tenemos muchas oportunidades para ayudar a nuestro hijo.

¿Qué podemos hacer?

Para ayudar a nuestro hijo será necesario que le aportemos seguridad, tratando de no transmitirle una sensación de preocupación: en ocasiones el entorno es el que acaba convirtiendo la falta de control de la micción en un problema, mientras que la criatura realmente solo lo está viviendo como un proceso normal. Por consiguiente, es posible que lleguemos a crearle angustia al niño. Por ejemplo, si en la escuela o cuando ha dormido en casa de otro amiguito nuestro hijo se hace pipí, será necesario normalizar la situación sin necesidad de disculparlo, corroborando que se encuentra en un proceso de aprendizaje y que requiere su tiempo. En este sentido, nunca le castigaremos ni le echaremos en cara que haya mojado la ropa de cama, sino que reconoceremos cuando no se haya hecho pipí porque se ha esforzado mucho por conseguirlo.

Será necesario involucrar a nuestro hijo en este proceso y que se sienta responsable y protagonista, como un hito y una muestra de su crecimiento, pero no como una obligación o como algo que debe mejorar. Por ejemplo, si se va de colonias, podemos preparar la mochila juntos, añadiendo una muda de recambio o unas sábanas por si se hiciera pipí. También conviene informar a las educadoras, en este caso, o al resto de personas que forman parte activa de la vida de nuestro hijo: les comunicaremos el momento en el que se encuentra el niño y cuál es el método que utilizamos habitualmente en casa (si lo levantamos a media noche, si le ponemos pañal, etc.). También podemos animarle a participar en sus actividades de higiene fomentando su autonomía pero sin forzarlo “te has ensuciado los pantalones, ¿coges unos de repuesto?”.

Las rutinas también serán importantes: por ejemplo, hacer pipí justo antes de salir de casa.

Otra estrategia que le ayudará y le aportará confianza es reconocer sus esfuerzos “ahora ya hace tres días que no has ensuciado la ropa!”. Evitemos, sin embargo, insistir demasiado en el tema, por ejemplo, preguntándole repetidamente si se ha mojado o no o pidiéndole continuamente que vaya al lavabo. Nuestro hijo debe vivir el proceso de retirada del pañal con naturalidad.

El control de esfínteres por la noche

Los niños tardan más en controlar el pipí por la noche que por la mañana, incluso con varios años de diferencia. Mientras duerme, al pequeño le resulta más difícil tomar consciencia de la necesidad de micción y activar los músculos que le permitirán controlarla. Al mismo tiempo, algunos niños tienen la vejiga más pequeña que otros y les cuesta más retener los líquidos durante las horas de sueño.

Por consiguiente, el hecho de que el niño no lleve el pañal durante el día no es una señal que indique que inmediatamente se deba retirar el pañal por la noche. Una de las señales que nos pueden ayudar a identificar que nuestro hijo está preparado para no utilizar el pañal por la noche es que se haya levantado varios días seguidos sin haber mojado el pañal.

¿Cómo lo podemos hacer?

Al margen de utilizar las mismas estrategias que para la retirada del pañal de día (el respeto hacia nuestro hijo, hacia su ritmo de madurez, evitar juzgarle, no transmitirle ansiedad, etc.) podemos alcanzar acuerdos con nuestro hijo: “Hace ya unos días que no mojas el pañal por la noche, qué te parece si intentas dormir sin?”, “Si quieres podemos ponerle un protector a la cama para que no padezcas por si un día se te escapa el pis…”.

Reducir el consumo de líquidos antes de ir a dormir también puede ayudarle a controlar el pipí por la noche.

Hasta ahora no se hacía pipí pero ahora vuelve a necesitar el pañal

Pensar que un niño de entre tres y cinco años tiene una regresión porque se pasó un tiempo controlando el pipí y ahora vuelve a mojar la ropa o la cama o tiene pérdidas esporádicas puede ser un error. A esta edad es posible que simplemente el proceso no haya terminado y todavía esté aprendiendo. Por ello no se trata de ninguna regresión.

De todos modos un niño que ha sido capaz de controlar el pipí durante un tiempo puede volver a ensuciarse por circunstancias que alteren su estado emocional (miedos, inseguridades, cambios en su cotidianidad, etc.). Los niños pueden manifestar sus angustias mediante el cuerpo y un ejemplo de ello es haciéndose pipí encima.

Si pensamos que por unos días el niño necesita utilizar el pañal o bien que todavía no estaba del todo preparado y necesita tener más seguridad para volver a iniciar el proceso, podemos ser flexibles y explicarle los motivos de la decisión “quizás nos hemos adelantado a la hora de quitar el pañal de noche, necesitas que lo intentemos más adelante?”

Sin embargo, con el paso del tiempo, sigue sin conseguirlo…

En torno a los cinco años, si nuestro hijo todavía no ha conseguido este control, será recomendable que le visite el pediatra. Estudio científicos apuntan que a veces la falta de control de los esfínteres puede deberse a factores hereditarios y o hormonales que conviene analizar.

A partir de esta edad es cuando los profesionales de la salud acostumbran a diagnosticar que la criatura padece enuresis, es decir, persistencia de micciones involuntarias.

Si este es el caso y la incapacidad de controlar la orina se debe a factores físicos, los profesionales médicos nos podrán proponer que nuestro hijo siga un tratamiento. Por ejemplo, existe un medicamento que favorece la retención de líquidos y, por consiguiente, el niño tiene menos ganas de orinar.

La incapacidad de controlar la orina también podría ser consecuencia de elementos de carácter más sicológico y o emocional. En este caso nos podrían aconsejar algún tratamiento terapéutico con el niño y/o con la familia para identificar posibles síntomas que puedan estar provocando que la criatura se haga pipí encima.

Cabe decir que, aunque se acostumbre a identificar los cinco años como edad aproximada, no existe un criterio totalmente consensuado sobre cuál es la edad oportuna para diagnosticar una enuresis, y, por consiguiente, iniciar un tratamiento u otro. En este sentido, los profesionales médicos deben valorar cada caso en particular.

Sea cuál sea el caso y el momento en que se encuentre el niño, nuestro papel es muy importante. Nosotros somos los que debemos acompañarle en este proceso. La paciencia y nuestra predisposición serán dos elementos claves.

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3-5 años, cuidados y seguridad, Desarrollo y Aprendizaje, Revisats, Salud