El desarrollo del lenguaje de los seis meses al año

En torno a los nueve o diez meses nuestro hijo ya vuelve la cabeza si le llamamos por su nombre, identificando que nos referimos a él. Le gusta mucho el sonido de su voz y balbucea cuando ve personas u objetos, como si quisiera contactar con ellos. Se inicia entonces un balbuceo intencionado. También puede empezar a imitar sonidos, por ejemplo, sonidos de animales o aquellos sonidos que nosotros producimos interactuando con ellos.Entre el sexto mes y el año nuestro hijo irá consiguiendo varios logros: la comunicación dejará de ser una relación solo entre dos, porque en la interacción con la criatura incorporaremos los objetos. Hasta ahora el niño podía prestar atención a un objeto y, por separado, interactuaba con nosotros. Ahora comenzará a coordinar su atención con la nuestra con respecto a un objeto o un acontecimiento del entorno, de modo que podemos aprovechar para comunicar con él a través de los juegos -juegos de dar y recibir, “cucú-tras”, darle un teléfono de juguete mientras simulamos una conversación, etc.–, mirando juntos cuentos y dibujos, cantando canciones animadas con gestos, o haciendo comentarios del tipo “¿qué tienes en las manos?” o “¿qué hace ruido?”

El bebé ya emplea gestos para comunicarse, como primero mirar y hacer el gesto de mostrar con el dedo, para indicar la presencia de algo o intentar pedir un objeto. Puede empezar a decir adiós con la mano y a mover la cabeza para decir “no”.

En estos momentos la criatura es una experta de la comunicación no verbal: aunque no diga palabras, con los gestos, las expresiones faciales y los sonidos es capaz de expresar muchas cosas, llamar nuestra atención y conseguir que la entendamos. Es importante que los adultos sepamos escuchar este lenguaje: en el desarrollo del habla es esencial que el niño reconozca que le estamos escuchando.

Si la familia es bilingüe, cada uno de sus miembros puede dirigirse al niño en el idioma en que se sienta más cómodo. Desde pequeño nuestro hijo está capacitado para discriminar el sonido de varias lenguas y, poco a poco va asociando el significado de las palabras: captan su melodía –la entonación, la intensidad, la acentuación, etc.–. Por este mismo motivo, en nuestra interacción con el niño, este pronto identificará quién le habla y cuáles son nuestros estados de ánimo: nuestro tono de voz cambia, acompañamos las palabras con las expresiones del rostro, los gestos, la mirada, etc. Por consiguiente, así como los adultos podemos tardar una poco más en aprender un nuevo idioma, los niños lo acostumbran a hacer fácilmente: si queremos que nos entiendan y hablen varios idiomas, es necesario que nos oiga hablar en idiomas diferentes.

Asimismo, será importante pronunciar las palabras de forma correcta, evitando utilizar, por ejemplo, diminutivos u otras formas como “el guau-guau” o “el pio-pio”: los actos comunicativos que se producen entre nosotros y el niño serán las bases que le permitirán desarrollar el habla.

Gracias a las interacciones que la criatura mantiene con ella misma, con nosotros y con las otras personas de su entorno, irá incorporando el lenguaje. Es por este motivo que, cuantas más cosas hagamos con nuestros hijos, cuanto más dialoguemos con ellos y pongamos nombre a lo que hagamos, y más nos impliquemos en sus actividades jugando con él, más contribuiremos a esta adquisición.

Cuando llega al final del primer año, nuestro hijo ya hace tiempo que nos oye, afina la voz, empieza a entender lo que le decimos, y finalmente, se decide a decir algo con auténtico significado –a menudo mamá o papá–, aunque quizás al principio deberemos tener imaginación para descifrarlo. A partir de este momento, ya podemos decir que aparece la comunicación verbal.

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0-1 años, Desarrollo y aprendizaje, Revisats