El desarrollo social y emocional a partir de los seis meses

A los seis meses la criatura ya quiere formar parte de su entorno. Para hacerlo se incorporará para ver lo que sucede a su alrededor, reclamará más atención produciendo sonidos o gritando, y le gustará que le hablemos y que juguemos con ella. Asimismo, le gustará que le enseñemos objetos, especialmente si son de colores, con diversas texturas y que emitan ruidos, e intentará explorarlos con su boca y sus manos. También se empezará a descubrir a sí misma: se tocará los pies y la barriga, sonreirá si se ve reflejada en el espejo y, poco a poco empezará a desarrollar el sentido del yo, identificándose y diferenciándose del resto de personas.  

De los seis a los nueve meses

Entre los seis y los nueve meses la criatura continuará explorando y descubriendo su entorno, jugando con lo que encuentre o lo que le facilitemos. Le gustará pasar largos ratos con nosotros, que le cantemos canciones, o tirarnos objetos para que se los recojamos, e imitarnos.  

En esta etapa aprenderá a ser más selectiva con respecto al que quiere tener a su lado: ahora ya reconoce claramente su entorno cercano y por ello se mostrará más reservada con las personas a las que no conoce. Mostrará preferencias principalmente por las personas que nos hayamos ocupado de ella y reclamará nuestra presencia. No le gustará perdernos de vista y se sentirá incómoda o llorará si no estamos. Si esto sucede, no debemos preocuparnos, puesto que es una reacción natural: el bebé se siente así porque nos añora y porque ha desarrollado un buen vínculo afectivo con nosotros, los que le aportamos seguridad. Sabe que lo cuidamos bien y que siempre le hemos acompañado y, por este motivo, no le gustará estar con extraños. 

A pesar de ello, se deberá ir acostumbrando poco a poco a no estar siempre acompañado por nosotros. Nuestra incorporación al mundo laboral, la entrada del pequeño en la escuela de educación infantil y otras situaciones podrán suponer que debamos compartir el cuidado del pequeño con otras personas –educadores, canguros, abuelos, tías, etc.–. Será importante entonces aportarle seguridad. Al principio y siempre que esto sea posible, le ayudaremos a que se acostumbre a las personas que lo cuidarán pasando ratos que compartiremos juntos, y antes de marcharnos le diremos que lo vendremos a recoger más tarde. Intentaremos anticipar nuestras acciones: diciéndole que lo dejaremos y con quién, que vea que tenemos una buena relación con la persona con la que lo dejamos; no nos iremos nunca a hurtadillas sino que cuando nos vayamos intentaremos que vea que nos marchamos tranquilamente, le explicaremos que volveremos y cuando volvamos le mostraremos de forma explícita que hemos vuelto.

Alrededor de los nueve o diez meses  

En este periodo nuestro hijo se convertirá en un experto de la comunicación no verbal: aunque sea sin palabras, será capaz de expresar muchas cosas con los gestos, las expresiones faciales y los sonidos, llamando nuestra atención hasta conseguir que le entendamos. Será importante que estemos atentos a sus señales y que intentemos descifrarlas, algo que él también hará: observará atentamente nuestra cara para intentar identificar nuestras emociones y, por ejemplo, si le mostramos alegría, puede que sonría.

Ahora ya entenderá que los objetos continúan existiendo aunque no los vea, de forma que le gustará jugar a buscar cosas escondidas, e incluso hacer como que él también se esconde: le gustará que juguemos a “cucutrás”, le gustará jugar con nosotros y mostrarnos sus juguetes: nos los querrá dar o nos pedirá que se los devolvamos.  

En estos momentos, nuestro bebé continúa aprendiendo por imitación: hará muecas, balbuceará para referirse a personas o a cosas de su entorno –“ma-ma-ma”, “da-da-da”–, aunque todavía sin un significado concreto, y repetirá los sonidos y los movimientos que hagamos como cuando decimos adiós con la mano. También señalará con el dedo y empezará a identificar el sentido del no: aunque quizás no haga caso a las negativas, él también empezará a expresarlas moviendo la cabeza.

A medida que la criatura crezca, se interesará por las actividades sociales cotidianas  –rutinas de alimentación, de sueño, de higiene, etc.– e imitará el comportamiento de las personas que lo atiendan. Será importante animarlo y ayudarlo a realizar este tipo de actividades por sí mismo: por ejemplo, dejarle que coma con las manos, que participe a la hora de vestirse y desvestirse, etc.  

LLegados a los doce meses

Cuando al niño ya le falte poco para cumplir el primer año, ya estará a punto de pronunciar sus primeras palabras. A pesar de ello, continuará relacionándose con nosotros principalmente a través del juego y de la manipulación de objetos. Reclamará que le demos cosas mostrándolas con el dedo, continuará tirando los juguetes, nos los ofrecerá o se negará a dárnoslos moviendo la cabeza para decir “no” y empezará a utilizar los objetos en función de su utilidad  –si le damos un peine quizás hará ver que se cepilla el pelo, cogerá la cuchara y se la pondrá en la boca, o intentará beber agua de un vaso, con ayuda–.

Si no lo ha hecho antes, probablemente ahora ya identificará cuando estemos hablando de él y quizás se dará la vuelta, nos mirará o sonreirá cuando escuche su nombre. También será capaz de mostrar afecto abrazando o besando a otros adultos o niños.  

Poco a poco nuestro hijo irá desarrollando su carácter, asimilando valores y formas de hacer y respondiendo a los diferentes estímulos y situaciones. Es importante, por consiguiente, que desde el primer momento le ofrezcamos un entorno familiar basado en valores positivos, como el respeto, la generosidad, la alegría, y la comprensión, dejando que observe en casa el afecto, el diálogo, la capacidad de escucha del otro, el pacto y todo lo que nosotros consideremos importante. Nuestras emociones también le influirán. Aunque podemos intentar no mostrar inquietud, discutir o estar en situaciones tensas delante de él, conviene no olvidar que en el día a día es natural que las personas experimentemos varias emociones. Para el niño resultará tan importante identificar la alegría como la tristeza, el miedo… Y es que se aprende tanto de las emociones positivas como de las negativas.  

Con el paso del tiempo también aparecerán nuevas emociones, como la vergüenza y la frustración, y encontrará formas más sofisticadas de expresarlas.   

Es importante que contribuyamos desde muy temprana edad al desarrollo social y emocional del niño favoreciendo el conocimiento de diferentes contextos. Por ejemplo, podemos ir al parque, a comprar o a otros espacios donde el niño pueda observar cómo interactuamos con otras personas, pasear con el cochecito y hablar, mientras le explicamos lo que nos vamos encontrando por el camino, etc. 

Categoria
0-1 años, Desarrollo y aprendizaje, Revisats