El llanto como herramienta de comunicación

Los humanos somos los únicos mamíferos que, al nacer, dependemos totalmente de los adultos. Por este motivo, la comunicación del bebé con las personas que lo cuidan es fundamental desde el momento del nacimiento. Aunque inicialmente no existe una intención comunicativa en las expresiones del recién nacido, los adultos interpretan su llanto, sus sonrisas y todos sus movimientos. Al mismo tiempo, nuestro hijo va aprendiendo que por cada una de sus acciones recibe un tipo de respuesta diferente.

Es así que el llanto se convierte en una herramienta comunicativa para la criatura. Nuestro hijo llorará para expresar sus inquietudes, sus emociones, las situaciones en las que siente malestar, sus necesidades físicas –a lo mejor tiene hambre, quiere dormir, está cansado, no se encuentra bien, etc.– y siempre que necesite llamar nuestra atención para resolver lo que le molesta o necesita.

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A medida que pase el tiempo, iremos reconociendo y diferenciando por qué llora nuestro hijo o qué nos quiere decir con cada tipo de llanto. En este proceso de descubrimiento es importante que los padres observemos cuáles son las necesidades básicas de nuestro hijo, ya sean físicas o emocionales. Al principio, se tratará de un juego de ensayo y error. Por esto, tener presentes las diferentes necesidades de los bebés nos puede ayudar a saber qué es lo que necesita.

Entre estas necesidades básicas encontramos tanto necesidades físicas, como por ejemplo la alimentación, la higiene y el descanso, como necesidades afectivas y relacionales, por ejemplo, la comunicación permanente –miradas o palabras– y el contacto –si tenemos en cuenta que el sentido del tacto es una de las primeras herramientas que permiten al bebé, a través de caricias o de tocar cosas, establecer contacto con su exterior. En el momento en que nuestro hijo sienta que sus necesidades básicas no están cubiertas es probable que llore para pedir lo que necesita. Con este llanto comunicativo nos expresa alguna de estas necesidades físicas (tiene hambre, el pañal sucio, malestar, etc.) o emocionales (quiere contacto físico, está triste, enfadado, etc.). Así pues, según el tipo de llanto, nuestra respuesta debería ser diferente.

A menudo, cuando el llanto es de tipo emocional, nos surgirán dudas. ¿Qué podemos hacer para calmarlo? ¿Debemos dejarle llorar? Contestar con rapidez al llanto dando una respuesta sensible promoverá su seguridad en sí mismo y mejorará su autoestima en su vida adulta. Calmar a un bebé quiere decir que note nuestra presencia, buscar su mirada, que pueda sentir nuestra voz, nuestro olor. Calmarlo no necesariamente requiere cogerlo en brazos ni darle de mamar, sino intentar que no se sienta solo cuando pide algo. Cada familia decidirá cuál es la manera más conveniente de hacerlo. Dejar llorar a un bebé no es sinónimo de actuar mal e, incluso, puede ser bueno. Ya que esta pequeña dosis de frustración le permitirá tener seguridad en el futuro. Pero sí que es conveniente que no se sienta solo ni abandonado.

Nuestro hijo también puede utilizar el llanto para liberar tensiones o el estrés causado por la sobreestimulación, por el estrés de los padres, etc. Este llanto no acostumbra a calmarse con el chupete, ni cogiéndolo en brazos, ni dándole el pecho. En estos casos, acostumbra a parecer un llanto inconsolable, y lo que podemos hacer es ayudarle a contenerlo, con nuestra presencia, con nuestra voz, con palabras o con caricias mostrándole que estamos con él con afecto y dejando que llore lo que necesite. Al sentirse acogido, nuestro hijo se siente reconocido y comprendido por expresar lo que siente, respetado en sus necesidades y con permiso para llorar.

Es recomendable que cuando nuestro hijo llore cuente con nuestra presencia, con las personas importantes para él, con las que ha establecido un vínculo, y que pueda sentir que estamos con él y que le atendemos. Si lo dejamos solo y llora de manera continuada, se puede sentir inseguro. También es recomendable ponerle palabras a lo que creamos que le está pasando (Estás nervioso, triste, te duele, etc.) y a lo que sentimos nosotros. Con nuestro acompañamiento ayudaremos a nuestros hijos en su aprendizaje emocional.

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0-1 años, Relaciones familiares y comunicación, Revisats