El nacimiento: Un momento muy esperado

Después de nueve meses de gestación, el parto es la última etapa que tenemos que pasar antes de darle la bienvenida a nuestro bebé. Ser conscientes de las etapas por las que pasará la madre durante el parto nos puede ayudar a prepararnos para este momento.

Las etapas del parto: El último paso antes de saludar a nuestro bebé

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Tener contracciones regulares o romper aguas suelen ser dos señales que nos advierten que se acerca el momento del parto, proceso por el que pasaremos a través de tres etapas diferentes:

1. Desaparición y dilatación del cuello uterino

La aparición de contracciones cada vez más frecuentes e intensas suele ser la primera señal que nos indica que el parto empieza. Las contracciones hacen que el cuello del útero se adelgace hasta desaparecer, adquiera una consistencia blanda y se vaya dilatando paralelamente al descenso fetal.

Durante la últimas semanas del embarazo es muy importante haber pactado con la comadrona o la ginecóloga cual será el momento adecuado para ir al hospital o qué tenemos que hacer si hemos decidido tener un parto en casa.

Si el parto es en un hospital normalmente deberemos acudir allí cuando:

  • Tengamos contracciones dolorosas y regulares cada quince minutos durante una hora.
  • Rompamos aguas, tengamos o no contracciones.
  • Tengamos pérdidas de sangre, aunque no tengamos contracciones.
  • Presentemos cualquier otro tipo de molestia.

Cuando lleguemos al hospital la comadrona realizará una exploración vaginal para determinar la dilatación: si considera que aún no ha llegado el momento del parto, probablemente nos recomendará que volvamos a casa para estar más confortables, aunque mantendremos el contacto telefónico con la comadrona. Se considera que el parto ha comenzado cuando el útero tiene una dilatación cercana a los cuatro centímetros.

La duración de la fase de dilatación es variable: acostumbra a ser entre ocho y dieciocho horas para las mujeres que son madres por primera vez -madres nulíparas- y, entre cinco y doce horas para las mujeres que ya han tenido algún parto -multíparas-.

Durante la fase de dilatación la futura madre se puede mover, adoptar las posiciones que le resulten más cómodas y continuar bebiendo líquidos. También podemos pedirle a la persona que nos acompaña que nos ayude a aliviar el dolor y a sentirnos más relajadas –con un masaje, un abrazo, etc.–.

Aproximadamente cada cuatro horas, la comadrona irá controlando el latido cardíaco de nuestro bebé y realizará tactos vaginales.

2. El nacimiento o expulsión: La llegada de nuestro bebé.

Esta segunda fase se inicia cuando se ha conseguido la dilatación completa del cuello del útero –de diez centímetros– y finaliza con el nacimiento del bebé.

En este segundo estadio podemos distinguir dos fases: una primera no expulsiva, en la que la dilatación del cuello del útero es completa pero el feto aún no ha descendido hasta el suelo pélvico; y una fase avanzada expulsiva, en la que el futuro bebé llega al suelo pélvico y la madre siente el deseo de empujar.

En esta segunda etapa expulsiva, serán las contracciones uterinas las que harán bajar la cabeza del bebé a lo largo de la vagina. Posteriormente, aparecerán las pujas: unas contracciones espontáneas y muy intensas de la zona abdominal que acompañan las contracciones uterinas y provocan el descenso del feto a través del canal del parto. Estas pujas suelen durar aproximadamente una hora en las madres primerizas y tan solo unos minutos en las madres multíparas –si no reciben anestesia epidural–. En caso de administración de anestesia epidural, la duración de esta fase de expulsión puede llegar a prolongarse hasta las dos horas en madres nulíparas y hasta una hora en madres multíparas.

Como las pujas son contracciones espontáneas, si se da el caso que debido a la anestesia no las percibiéramos, la comadrona nos indicará cuándo tenemos que empujar para ayudar a expulsar al bebé.

Durante esta etapa las embarazadas, con el soporte del acompañante y de la comadrona, pueden adoptar la posición que les resulte más cómoda: a gatas, sentadas, en cuclillas, de pie, o estiradas de lado, acostumbran a ser las posiciones que van mejor y que facilitan las contracciones de expulsión. Estar estiradas totalmente boca arriba no es una postura que propicie la expulsión, y no suele ser confortable.

La inmersión en agua caliente o aplicar compresas calientes en el perineo, la zona ubicada entre la vagina y el ano, pueden ayudar a reducir la sensación de dolor.

En algunos casos, puede ser que los profesionales médicos decidan que se debe acortar el periodo de expulsión mediante la utilización de instrumentos, como las espátulas, los fórceps o la ventosa.

Cuando nuestro hijo ya haya nacido, y en condiciones normales, pondrán al recién nacido sobre el pecho de la madre para mantener un primer contacto piel con piel. Suele ser un momento breve pero muy especial: el bebé estará despierto y con los sentidos agudizados. Madre e hijo se tocarán y olerán, convirtiéndose en un cúmulo de emociones y una experiencia inolvidable. Este contacto permitirá que nuestro hijo se adapte a la vida extrauterina, mantenga su temperatura, establezca un primer vínculo y disminuya su llanto.

El cordón umbilical se atará cuando hayan pasados unos minutos después del parto, y las curas postnatales se realizarán después del contacto piel con piel entre madre e hijo.

Durante la primera hora de vida es recomendable iniciar la lactancia y evitar la separación entre la madre y el bebé. La comadrona estará a nuestro lado para darnos los cuidados oportunos.

3. Desprendimiento

El desprendimiento hace referencia a la etapa que transcurre entre el nacimiento y la expulsión de la placenta: unos quince minutos después de la expulsión del bebé se reinician las contracciones y se expulsa la placenta, que previamente se había desprendido, hecho que viene acompañado de pequeñas hemorragias. Esta se considera la última etapa del parto, aunque algunos expertos consideran que hay una cuarta etapa, la de recuperación total de la madre, que tiene lugar unas dos horas después del desprendimiento.

En los partos en los que se opta por la administración de fármacos, es en esta etapa cuando se administra la oxitocina intravenosa, una hormona que permite un desprendimiento más rápido de la placenta y que evita los riesgos de hemorragias. En estos casos, el desprendimiento se produce habitualmente cuando han transcurrido unos 30 minutos desde el nacimiento.

En los partos naturales, sin utilización de fármacos, el desprendimiento puede tardar incluso 60 minutos.

Categoria
Embarazo, Salud prenatal