El niño entre los tres y los cinco años: Elementos clave para el desarrollo

El niño aprende lo que le interesa a partir de sus necesidades y de su curiosidad que le lleva a investigar y descubrir su entorno. Aprende haciendo, motivado por lo que le llama la atención e interactuando con lo que le rodea. Conocer las necesidades de los niños respetando siempre las diferencias individuales de cada niño nos permite ofrecer estímulos y hacer propuestas adecuadas para favorecer su desarrollo.

Las principales necesidades de los niños

Desde el momento en que nacen las criaturas tienen diversas necesidades vitales:

  • De tipo físico: salud, alimentación, descanso, higiene, protección ante los peligros, etc.

  • De tipo afectivo-emocional: ser querido, ser respetado, reír, sentirse seguro, estar alegre, etc.

  • De tipo personal: desarrollar la autonomía, la autoestima, etc.

  • De tipo social: relación con otras personas adultas y niños, desarrollo de las propias habilidades sociales, etc.

  • De tipo intelectual: conocerse a sí mismo, conocer e interpretar el mundo que le rodea, etc.

Las principales funciones de las familias y de los cuidadores

La correcta atención de estas necesidades propiciará un desarrollo global y harmónico del niño. Es por este motivo que es necesario que los familiares y cuidadores ejerzamos un conjunto de funciones:

  • Función alimenticia: realizar las acciones necesarias para asegurar la vida y el crecimiento de nuestros hijos, ofreciendo experiencias sensoriales y emocionales que le permitan construir un vínculo seguro.

  • Función socializadora: facilitando experiencias relacionales ejerciendo como modelos de aprendizaje que permitan la construcción y el desarrollo de su identidad, así como vivir en harmonía en la sociedad.

  • Función educativa: garantizar el aprendizaje de los pequeños, la integración de normas y la consecución de modelos de conducta para convivir en familia y en sociedad.

Así como estas necesidades básicas se mantienen a medida que los niños se hacen mayores, con el paso del tiempo aparecerán otras más específicas relacionadas con la adquisición de nuevas habilidades.

Estar atentos a los procesos y ritmos de cada niño y, por consiguiente, conocer las orientaciones y características de cada una de las etapas evolutivas nos ayudará a crear las formas de darles una respuesta respetuosa y adecuada, es decir, dotarles de herramientas al servicio de su desarrollo individual y social, ofreciéndoles ambientes estimulantes para que puedan satisfacer sus necesidades de manera autónoma.

¿Cómo son los niños entre los tres y los cinco años?

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Desarrollo motor: Realizan todo tipo de movimientos con facilidad, sobre todo a través del juego, se desplazan con libertad para descubrir el mundo y acostumbran a consolidar el control de los esfínteres. Todo ello les permite ser cada vez más autónomos e independientes de las personas adultas. Los juegos de movimiento, como jugar al escondite, jugar con patines o con triciclos, y los juegos de construcción, como los rompecabezas un poco más complejos, continúan siendo esenciales a esta edad. Mediante este tipo de juegos, el niño irá consolidando habilidades adquiridas en etapas anteriores: el control y la consciencia corporal, la locomoción, la manipulación, etc.

Desarrollo del lenguaje: El pequeño se comunica verbalmente. Siente un gran placer al hablar y notar que los adultos le escuchamos y que nos interesa lo que explica o inventa. Hablar mucho con él favorecerá que vaya consolidando la lengua oral, enriquezca su vocabulario y, además, sienta mayor afecto y reconocimiento.

También pregunta continuamente, se muestra impaciente y acostumbra a insistir con lo mismo cuando no le ha quedado clara la respuesta. Cuando esto sucede, no coartaremos su curiosidad por conocer el mundo real: le daremos respuestas claras, sencillas y utilizando el sentido común. Si no sabemos cómo responder podemos preguntarle a él “¿Y a ti qué te parece?”: él nos dará pistas para poderle ofrecer una respuesta más apropiada.

Hace muchas preguntas cuya respuesta a veces ya conoce, de forma insistente, para confirmar lo que piensa o lo que ya le hemos dicho.

Los juegos de palabras, como los trabalenguas o las adivinanzas, le ayudarán a mejorar su entonación, adquirir vocabulario, etc.

Desarrollo cognitivo: Aunque su capacidad de pensar con imágenes y símbolos se ha iniciado antes –cuando comienza a hacer uso del lenguaje verbal–, cada vez incorpora más acciones simbólicas en el juego y en su día a día. Esta capacidad para utilizar símbolos en pensamientos y acciones (la habilidad para utilizar una cosa para representar otra y de relacionar hechos de forma general), hace que utilice objetos de forma ficticia, que invente escenarios o simule roles, y que su capacidad de imaginación sea cada vez mayor. Esto le permite abandonar la inmediatez y comenzar a ser capaz de esperar, porque ya entiende que existe un ahora y un después no demasiado lejano.

El desarrollo de la fantasía y la imaginación es también cada vez mayor: los niños mezclan mucho la realidad con lo que se imaginan. Son capaces de imaginar personajes fantásticos y de identificarse con ellos, por lo que les gusta que les expliquemos cuentos con toques de fantasía –como los héroes–. Dicen verdades cargadas de fantasía –“pseudomentiras”–, pero no debemos tomárnoslo como una mentira ni penalizarles por ello, ya que forma parte de su evolución.

En este sentido, nuestro hijo practicará el juego simbólico: juegos que consisten en representar un papel e imaginarse cosas, como que es un conductor de tren o un héroe. Mediante este tipo de juego expresará sus emociones y fantasías con total libertad, comenzará a experimentar el hecho de ponerse en lugar del otro, y desarrollará la creatividad.

Desarrollo social: Desarrolla la consciencia del YO, se está reafirmando, reconociéndose individualmente –qué siento, qué necesito…– En este sentido, puede resultar egocéntrico, ya que todavía le es muy difícil mantener su punto de vista y al mismo tiempo considerar la opinión de los demás. Es por ello que le cuesta entender que los demás no entiendan sus razonamientos o que le hagan reflexiones que no correspondan con su lógica.

Atribuirá sus sentimientos e intenciones a los objetos –se enfada con la silla con la que ha tropezado– y mantiene una relación ambivalente con nosotros: necesita nuestra protección y afecto para tener seguridad pero al mismo tiempo busca progresivamente su independencia. El niño se está experimentando a sí mismo. En esta búsqueda de su individualidad pueden aparecer algunas confrontaciones con el adulto.

En esta etapa es importante ayudarles a tolerar la frustración. 

Poco a poco el pequeño dejará de pensar en los compañeros como “rivales” : aquellos que le cogían los juguetes o con los que todavía no estaba acostumbrado a compartir su juego. Ahora le gustará hacer cosas juntos y comenzará a diferenciar con quién se encuentra mejor; así, comienza a entender el significado de la amistad.

Nuestra presencia en el parque, en la escuela y en otros espacios donde pueda encontrarse con otros niños, le ayudará a sentirse más confiado, sobre todo si se muestra tímido.

También es positivo estimular las relaciones, por ejemplo saliendo a jugar a la calle o a la plaza, participando en actividades del barrio donde se encuentre con otros niños, haciendo salidas con otras familias, etc.

Si surgen pequeñas peleas entre niños podemos dejar que ellos solos encuentren la solución, ya que a medida que se hacen mayores les resultará más fácil aceptar a los demás y sus opiniones, compartir o intercambiar roles. En esta franja de edad pueden mostrarse enfadados durante un rato y después volver a ponerse a jugar como si no hubiera sucedido nada.

En esta etapa también se incorporarán los primeros juegos de mesa –que les permitirán aprender y consolidar normas y reglas sencillas, y dejarán de jugar solos o en paralelo con otros niños (un niño/a al lado de otro sin prácticamente interactuar) para hacerlo de modo compartido.

Los intereses del niño en todo el proceso de desarrollo aflorarán de forma natural y espontánea. Por ello es importante que estemos presentes y que podamos compartirlos con él, dándole una respuesta adecuada y actuando en consecuencia.

Categoria
3-5 años, Desarrollo y Aprendizaje, Revisats