El parto: ¿Qué opciones tenemos?

El parto es un momento esperado que se puede vivir de diversas maneras: con ilusión, con miedo, como una experiencia única que queremos disfrutar con todos nuestros sentidos…

Habitualmente, antes del parto podremos haber escogido cómo nos gustaría que fuese ese momento. Pese a esto, pueden producirse situaciones que nos hagan cambiar esta decisión premeditada y que nos lleven a tener un tipo de parto diferente al esperado. Para acercaros a las diversas posibilidades con las que os podéis encontrar el día del nacimiento, os ofrecemos unas pinceladas de los diferentes tipos de parto:

Los partos vaginales

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La principal diferencia que existe entre los diferentes tipos de parto es la manera en la que el bebé llega al mundo: si lo hace a través de la vagina de la madre hablaremos de un parto vaginal, mientras que si lo hace a través de una incisión practicada en el abdomen de la embarazada nos encontraremos ante un parto por cesárea.

Los partos vaginales se pueden producir de manera natural o ser partos asistidos:

Un parto natural es un parto vaginal y espontáneo en el que no se utiliza ningún tipo de instrumento ni de fármaco. Debido a la ausencia de medicación puede ser más doloroso que un parto asistido: por este motivo se recomienda a las mujeres que optan por este tipo de parto que se preparen previamente con técnicas de respiración y de alivio del dolor, en grupos de preparación, yoga, etc.

El parto natural se desarrolla respetando el ritmo natural del bebé y de la madre, respetando su cuerpo, en un ambiente relajado e íntimo que favorece la toma de conciencia del momento. Este tipo de parto requiere adecuar el espacio en el que se producirá, así como la supervisión de una comadrona durante todo el proceso para evitar riesgos, tanto para la madre como para el bebé.

El parto natural puede tener lugar en un hospital, en el propio domicilio, en un centro de nacimientos o en una clínica privada.

El parto acuático y el parto en cuclillas son dos tipos diferentes de partos naturales:

El parto acuático es un tipo de parto natural que se produce en el agua. Se puede escoger este tipo de parto si, conjuntamente con la valoración de la ginecóloga, se considera que el embarazo es de bajo riesgo. Hoy en día, diversos hospitales y clínicas han incorporado salas para el parto acuático o bañeras que se utilizan para que se produzca el parto o bien el periodo de dilatación. En el parto acuático, el agua caliente permite calmar los dolores y favorece la relajación de los músculos perineales, facilitando que la llegada de la criatura pueda ser más fácil y más corta. El bebé se adaptará al agua por la similitud con el líquido amniótico que lo envuelve en el vientre materno. En este caso, la posición recomendada durante el nacimiento será sentada, provocando que el bebé ejerza presión en nuestra pelvis. Aunque no optemos por el parto acuático, bañarnos con agua caliente nos puede ayudar a calmar los dolores previos al nacimiento.

El parto en cuclillas es otro tipo de parto natural. En este caso, la mujer se coloca doblando las piernas, casi con los muslos apoyados sobre los talones: la fuerza de la gravedad facilita que la criatura baje, requiriendo un menor esfuerzo y haciendo posible un parto más rápido. Si queremos dar a luz en el hospital, deberemos averiguar si el lugar donde tendrá lugar el nacimiento está debidamente acondicionado para este tipo de parto. Si hemos decidido tener el bebé en casa, también podemos solicitar el asesoramiento correspondiente.

El parto asistido o dirigido es asimismo un parto vaginal; sin embargo, a diferencia de los partos naturales, se utiliza en este caso medicación o instrumentación específica.

La medicación que se administra a la madre es principalmente anestesia: la epidural, que alivia el dolor en la parte inferior del cuerpo, por debajo del ombligo u otros anestésicos que se administran por vía intravenosa y que permiten que la mujer esté consciente pero que no padezca tanto dolor.

Por lo que respecta a los instrumentos, acostumbran a ser fórceps o espátulas, que solo se utilizan si lo que se persigue es reducir los esfuerzos durante el periodo expulsivo –cuando el bebé está saliendo– o acelerar el nacimiento.

En un parto dirigido, también nos pueden practicar una episiotomía, consistente en una incisión que se realiza en el perineo para facilitar la salida del bebé.

Los partos asistidos se acostumbran a realizar en clínicas u hospitales.

Los partos por cesárea

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A diferencia de los partos naturales, en los partos por cesárea se realiza una incisión en el abdomen y en el útero de la madre para dar a luz al bebé. La incisión puede ser longitudinal, del ombligo al pubis, o transversal, por la parte baja del pubis.

Los partos por cesárea son una intervención quirúrgica y se acostumbran a practicar cuando la posición del bebé no favorece un parto vaginal –el bebé viene en cuclillas o en posición transversal– o cuando el cuello uterino no dilata suficientemente.

La decisión de realizar una cesárea se puede tomar con anterioridad al parto, programándola con antelación, o en el último momento, si la ginecóloga valora que un parto vaginal no es posible o supone un riesgo.

La recuperación después de una cesárea acostumbra a ser más lenta que la de un parto vaginal: las madres pueden pasarse entre dos y cinco días en el hospital, a lo que hay que añadir un tiempo de cicatrización de los puntos en casa.

Aunque una mujer haya tenido anteriormente un parto por cesárea, podrá tener un parto vaginal en un embarazo posterior.

Parto inducido y parto prematuro

Finalmente, si tenemos en cuenta el momento de la gestación en que tiene lugar el parto, podemos encontrarnos con partos prematuros, es decir, aquellos que se producen antes de la semana 37 del embarazo. Si bien inicialmente se intenta detener el parto tratando las causas que lo han provocado, en ocasiones resulta difícil determinarlas y se acaba produciendo un parto prematuro. En estos casos, el parto acabará siendo por cesárea o vaginal en función de las semanas de embarazo y del peso de la criatura.

Por otro lado, cuando hablamos de parto inducido nos referimos a aquellos partos que se deben provocar, principalmente porque se han superado las semanas de gestación prudentes para dar a luz –normalmente a partir de la semana 42–, o bien porque existe un desprendimiento de la placenta, infecciones u otros problemas. Las principales técnicas utilizadas para provocar el parto son la rotura del saco amniótico –rotura de aguas– y la administración de hormonas: la oxitocina, para provocar las contracciones uterinas, y la prostaglandina, que ayuda a madurar el cuello uterino.

Categoria
Embarazo, Salud prenatal