El sueño del bebé

El sueño es una necesidad vital de todos los bebés que, en ocasiones, puede generar incertidumbres o inseguridades en los padres. Escuchamos a amigos que padecen porque a su hijo le cuesta dormirse, personas que nos dicen que están cansadas porqué su hijo no duerme y no saben qué hacer… y nos preguntamos: ¿Nos pasará lo mismo a nosotros?

Conocer cómo es el sueño de los bebés, el tiempo que acostumbran a dormir y algunas pautas para favorecer su descanso, nos puede ayudar a evitar estas inseguridades y a favorecer un sueño reparador para el bebé.

El sueño del niño durante el primer año de vida

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En general, durante las primeras semanas de vida, nuestros hijos acostumbran a alternar, tanto de día como de noche, tres horas seguidas durmiendo con un rato despiertos para comer. En total, estas pautas de sueño, vinculadas al ritmo de la alimentación, hacen que los bebés duerman entre dieciséis y veinte horas al día.

Entre los seis y los ocho meses, ya pasan más tiempo despiertos durante el día y pueden empezar a hacer dormidas más largas por la noche. La criatura dormirá alrededor de catorce horas durante todo el día.

En torno al año, el niño deja de dormir durante el día, y quizás sólo necesitará una siesta diaria.

A pesar de estas orientaciones generales, debemos tener en cuenta que el sueño y la vigilia de cada niño pueden ser diferentes, y que el número de horas que duermen también puede variar: habrá niños que se despertarán frecuentemente por la noche, mientras que otros dormirán más horas seguidas; habrá niños que hagan la siesta y otros que no porque no tienen ganas o porque no lo necesitan. Lo importante es poder adaptarse a las necesidades reales que tiene cada niño.

¿Cómo podemos fomentar unos buenos hábitos de sueño en nuestro hijo?

Al principio, será importante intentar adaptarnos al ritmo natural del bebé, observando los signos que nos indican que tiene sueño, hambre, etc. A partir del conocimiento de estos ritmos podremos ayudar a nuestro hijo a adquirir, poco a poco, rutinas y hábitos en relación con las horas de sueño y de vigilia.

Establecer rutinas y hábitos

Teniendo en cuenta que cada bebé tiene su ritmo, las rutinas y los hábitos nos pueden ayudar a conciliar nuestros momentos de descanso con los de nuestro hijo.

Los padres somos los que deberemos pautar estas rutinas y hábitos de sueño, respetando inicialmente el ritmo del bebé e introduciendo pequeñas pautas poco a poco. El niño irá incorporando estas rutinas, que acabarán formando parte del ritmo de vida familiar.

Para ayudar a nuestro hijo a dormir nos puede ser útil:

  • Establecer una rutina con el bebé y cada noche hacer lo mismo antes de ir a la cama, creando un clima de tranquilidad: bañarlo, hacerle un masaje, hablarle suavemente…

  • Fijar un mismo horario a la hora de llevarlo a dormir a su cama.

  • Si lo necesita, le podemos dar algún objeto o juguete que le acompañe y le transmita seguridad.

  • Darle un beso y hablarle con un tono de voz suave que le ayude a sentirse tranquilo y seguro.

  • Si queremos jugar antes de ir a dormir es aconsejable que sea un juego relajante con un ritmo que le ayude a diferenciar las actividades del día y las de la noche.

  • Desde el primer momento podemos ayudar al bebé a diferenciar el día de la noche con los estímulos ambientales. Por ejemplo, durante el día puede estar en un ambiente con luz y sonidos –allí donde la familia haga su vida–. Por la noche es preferible que esté en la habitación, con luz suave y sin ruidos.

Para establecer hábitos y rutinas es importante que estos sean consensuados y compartidos por todos los miembros de la familia, yendo juntos en una dirección parecida.

El lugar para dormir

Para preparar el lugar de descanso de nuestro hijo deberíamos considerar que, para dormir, sea silencioso y pueda estar a oscuras o con alguna luz suave. Proporcionar un espacio cómodo, agradable y con una temperatura adecuada nos ayudará a crear este clima de descanso. La decisión del lugar escogido para que el niño duerma dependerá de nosotros. Podemos decidir que duerma en nuestra habitación o en la suya. También nos puede ayudar preparar, en la misma habitación, un espacio adecuado para darle el pecho o el biberón: por ejemplo, poniendo un balancín o una butaca cómoda donde le podamos amamantar.

Durante los seis primeros meses es aconsejable que el bebé duerma en un moisés o capazo, siendo preferible ponerlo boca arriba o de lado –alternando los dos lados- y sin cojín. Si vamos a escoger una cuna, será importante asegurarnos que reúna las condiciones de seguridad necesarias, especialmente, en cuanto a la distancia de separación de los barrotes, garantizando que la cabeza del bebé no pueda pasar entre medio.

A partir de los seis meses, el bebé puede comenzar a dormir en una cuna. Podemos ponerle un protector de algodón alrededor para evitar posibles golpes. Hacia el año y medio, y en función de su desarrollo, sus necesidades serán mayores, de manera que lo podremos pasar a una cama individual. Si padecemos porque, con el cambio de cama, pueda rodar y caerse, podemos incorporar a la cama algún sistema de protección como pueden ser unas barandillas extraíbles o podemos poner cojines en el suelo.

Según la época del año, y también según la temperatura de la habitación, adecuaremos la ropa de la cama, utilizando fundas nórdicas con rellenos más gruesos en invierno, rellenos más ligeros o cubrecamas en primavera y en otoño, y cubrecamas ligeros en verano. Los juegos de cama compuestos por piezas sueltas nos resultarán más fáciles de lavar. En general, es aconsejable el uso de ropa de algodón y, si utilizamos rellenos nórdicos, que sean antiácaros.

Juntamente con la elección y adecuación del espacio donde dormirá el niño, también es importante, por motivos de higiene, ventilar la habitación después de cada dormida, una vez que el bebé ya se haya despertado y no esté presente.

La importancia de aprender a coger el sueño

Ver como a nuestro bebé le cuesta coger el sueño puede ser causa de preocupación para muchos padres y madres. Aunque es una situación que, para muchos, es agotadora, nos puede ayudar ser conscientes que nuestra labor no es hacer dormir a la criatura, sino preparar el espacio adecuadamente para ayudarla a que ella misma se duerma.

Cada niño adopta más o menos rápidamente los hábitos de dormir, y nosotros lo debemos acompañar, estando a su lado para ayudarlo: transmitirle nuestro afecto le ayudará a sentirse más seguro, percibiendo que lo que estamos haciendo lo hacemos para su bienestar. Es importante intentar que nuestra actitud y nuestro tono de voz sean los adecuados para responder a sus necesidades de tranquilidad y descanso.

También tenemos que dejar que nuestro hijo pueda estar despierto sin nuestra presencia, y que se entretenga sólo hasta que se duerma. Si reclama nuestra atención mediante el llanto podemos estar a su lado durante un rato para calmarlo, intentando salir de la habitación antes que se duerma o adoptando las estrategias facilitadoras del aprendizaje del sueño con las que la familia se sienta mejor.

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0-1 años, cuidados y seguridad, Relaciones familiares y comunicación, Salud