El tratamiento de las alergias alimentarias

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1. La eliminación de los alimentos que provocan la alergia: La única forma de evitar una reacción alérgica es no consumir los alimentos que la causan. El alergólogo, una vez realizado el diagnóstico, nos indicará qué alimentos no puede tomar. En algunos casosse deberá evitar todo tipo de contacto, como por ejemplo que toque ese alimento o que nosotros, si lo hemos comido, nos aseguremos de habernos lavado la boca antes de darle un beso.

Si bien el contacto con pequeñas cantidades de producto puede no ocasionar síntomas evidentes, bien es verdad que dificulta su curación –posible en algunos casos–. Asimismo, deberemos conocer la composición de todos los alimentos: el niño no es únicamente alérgico a los alimentos en cuestión, sino que también puede sufrir una reacción alérgica cuando consuma algún alimento que contenga el alérgeno.

Por ejemplo, si el niño es alérgico a la soja, cuando compremos galletas u otros alimentos sin soja, deberíamos comprobar que la etiqueta del producto especifique que no contiene trazas de soja ­–esto se produce cuando en una misma nave se fabrican otros productos que contienen este alimento–. Por este motivo conviene ser rigurosos no solamente con los alimentos en sí, sino también con sus derivados y con aquellos productos que pueden resultar contaminados en el proceso de elaboración.

De todos modos, el hecho de tener que excluir determinados alimentos de la dieta del niño no quiere decir que nuestro hijo no pueda seguir una dieta equilibrada. De hecho, en la mayoría de los casos, se acostumbra a tolerar uno o dos alimentos del mismo grupo del que produce la alergia –por ejemplo, un niño con alergia a las legumbres a lo mejor tolerará la judía tierna–.

2. Buenas prácticas: Las personas del entorno más cercano al niño podemos contribuir decisivamente a su bienestar. Para hacerlo, conviene que nos habituemos a realizar un conjunto de acciones que ayudarán a evitar que consuma o entre en contacto, de forma accidental, con el alimento que le produce la reacción alérgica.

La información: Que los familiares, cuidadores, profesores, etc., así como el propio niño, a medida que se hace mayor, dispongan de información sobre:

  • El alimento o grupos de alimentos que le provocan alergia y en qué comidas, conservas o preparados se encuentran, para evitar su consumo.
  • Las reacciones alérgicas que se pueden producir, es decir, saber identificar que una erupción en la piel o picor –así como otros síntomas– indican que se está produciendo una reacción alérgica.
  • Tratamiento y actuación ante una ingesta accidental del alimento causante de la alergia.

La compra y el consumo: Es preciso leer bien las etiquetas de los productos antes de comprarlos o consumirlos, asegurándonos de que no contengan ningún ingrediente que provoque alergia. En caso de duda o falta de información –como, por ejemplo, los productos que no están etiquetados, los elaborados artesanalmente o los que se venden a granel–, no se deben consumir.

Si la criatura come fuera de casa –por ejemplo, en el restaurante, en el comedor del colegio, en caso de un ingreso hospitalario, etc.– deberemos informar a los responsables correspondientes sobre el alimento que le produce alergia –aportando el certificado médico y la lista de alimentos correspondientes–, de manera que se puedan establecer las medidas de prevención necesarias.

Salir a comprar juntos y ver qué conductas y prácticas realizamos –por ejemplo, que vea cómo comprobamos las etiquetas de los productos o, si vamos al restaurante, cómo pedimos a la persona que nos atiende si el plato que pedimos puede llevar huevo, etc.– ayuda a ir interiorizando estos hábitos como naturales, sin la necesidad de tenerle que explicar qué debe hacer o cómo lo debe hacer. Una vez interiorizado, el cuidado de su salud y el cuidado de su enfermedad formarán parte de su vida cotidiana.

Cocina y manipulación: Para evitar que restos o trazas del alimento al que el niño tiene alergia puedan acabar en contacto con el resto de alimentos que comerá, es importante tomar algunas medidas de precaución:

  • Cocinar primero su comida, evitando que se produzca una contaminación cruzada, es decir, que pequeñas cantidades o trazas de un alimento alergógeno pasen a un alimento destinado al niño alérgico.
  • Manipular con cuidado los utensilios –cuchillos, paños de cocina, cazuelas, etc.–. Por ejemplo, si un niño es alérgico al melocotón, no aprovecharemos el cuchillo con el que hemos cortado nuestro melocotón para cortar su manzana. Cambiemos de cuchillo.
  • Evitar utilizar el aceite donde se han cocinado los alimentos que le provocan alergia para preparar la comida del niño que tiene alergia.
  • Tener limpias las diferentes superficies de trabajo y los utensilios que utilizaremos para manipular los alimentos.
  • Almacenar herméticamente los alimentos en la nevera o en los armarios, evitando contaminaciones cruzadas.

Educar al niño para que pueda reconocer y tratar su enfermedad: Es importante enseñar a los niños con alergia a no aceptar la comida que les dan los niños de la clase u otras personas que desconozcan su enfermedad. A medida que se hagan mayores, también será importante que reconozcan los síntomas de la alergia y cómo actuar ante una reacción.

3. Los medicamentos: A pesar de que no existen medicamentos que curen la enfermedad, los antihistamínicos y los corticoides –indicados por el alergólogo, si lo considera necesario – pueden contribuir a disminuir los síntomas y las reacciones de alergia y, en consecuencia, a mejorar la calidad de vida del niño. Estos medicamentos, a veces, también son prescritos por los profesionales médicos como medida de prevención.

Ante reacciones alérgicas graves, se realiza la administración de adrenalina inyectable. En este sentido, si el alergólogo diagnostica que el niño tiene riesgo de padecer reacciones alérgicas graves, nos recetará dispositivos de adrenalina, que el niño deberá tener siempre muy cerca. Por ejemplo, si va al colegio o a pasar unos días a casa de la abuela, se los daremos a los adultos que sean responsables de nuestro hijo mientras nosotros no estemos y les explicaremos cómo lo tendrían que inyectar en caso de una reacción grave. Es muy importante que los familiares, las personas que cuidan del niño y él mismo, a medida que se vaya haciendo mayor, aprendan a utilizar estos dispositivos.

Ante una reacción alérgica grave, también es muy importante la asistencia médica urgente. Además de inyectar la adrenalina, será necesario desplazarnos al centro médico más cercano. Mientras que estamos en camino podemos llamar al 112 (que corresponde al teléfono de emergencias del Estado Español), y, así, los profesionales que nos atiendan nos podrán facilitar, si fuese el caso, pautas de actuación.

4. Inmunoterapia oral con alimentos: A partir de los cinco años, si el niño no ha superado la alergia, podemos plantearnos la posibilidad de llevar a cabo un tratamiento de inmunoterapia oral, si el alergólogo lo considera oportuno. La inmunoterapia oral consiste en la introducción progresiva de los alimentos causantes de la alergia.

El objetivo de la inmunoterapia oral es que el niño sea capaz de tolerar pequeñas cantidades del alimento, de manera que esté protegido en caso de ingestas accidentales.

Este tratamiento se aplica, principalmente, a personas alérgicas a la leche, al huevo, a los cacahuetes, a los cereales, y no se acostumbra a iniciar antes de los cinco años de edad. A pesar de que el tratamiento se podría iniciar en cuanto se diagnostica la alergia, se espera a que alcance esta edad por si el niño acaba tolerando los alimentos de manera natural.

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3-5 años, Alimentación y Nutrición, cuidados y seguridad, Revisats, Salud