Hábitos infantiles para una alimentación saludable

¡Cuántas cosas podemos aprender de los alimentos y con los alimentos!

La alimentación es una cuestión que nos acostumbra a preocupar a todas las familias. Queremos hijos sanos, que coman bien. Queremos transmitir unos hábitos alimentarios adecuados.

La manera que tenemos de alimentarnos, el tipo de alimentos que compramos o la forma que tenemos de cocinarlos influyen en el niño desde muy pequeño. Nos ha imitado, ha ido adquiriendo las costumbres propias de la familia, ha participado en nuestras dinámicas habituales relacionadas con las comidas y, con todo ello, ha ido construyendo valores sobre la comida y la forma de prepararla.

Ahora podemos continuar haciéndole propuestas para ir consolidando estos hábitos alimentarios o, si es preciso, incluso mejorarlos.

Esto lo podemos hacer de diversas formas, incluso tratando de captar la atención del niño o intentando hacer que se divierta. A continuación os facilitamos algunas ideas.

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Planificar conjuntamente una dieta saludable: Podemos ayudar a que los niños conozcan el valor nutritivo de los alimentos, así como cuáles son los alimentos más saludables y cuántas veces conviene consumirlos. Por ejemplo, podemos mostrarle al niño las pirámides de los alimentos, explicándoselas, construyendo una, haciendo un collage juntos, colgando una pirámide de los alimentos en la nevera, preparando juntos el menú semanal siguiendo las recomendaciones de este, etc.

Existen varios tipos de pirámides alimentarias de referencia. Una de las más conocidas es la pirámide NAOS, elaborada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. En esta pirámide se ofrecen unas pautas sobre la frecuencia recomendada del consumo de diversos alimentos, así como de la práctica de actividad física.

Preparar la lista de la compra: En esta etapa los niños pueden comenzar a diferenciar algunas palabras. Acostumbran a estar en el proceso de desarrollo de la capacidad lectora –por ejemplo, si el niño ya va a la escuela, muy probablemente ya habrá empezado a aprender a leer–. Así, pues, podemos aprovechar el interés que los niños de esta edad acostumbran a tener por el mundo de las letras y preparar juntos la lista de la compra: hablar de lo que deberíamos comprar o repasar juntos la lista de la compra –“¿Qué hemos apuntado aquí?… Repasamos, aquí hemos puesto manzanas, guisantes…”–, etc.

Ir a comprar juntos: Las tiendas o supermercados son un buen espacio para mostrar a los niños los diversos tipos de alimentos y cómo escoger aquellos que son más adecuados para nuestra salud. Por ejemplo, les podemos enseñar a diferenciar el frescor de un producto por su aspecto, por el aroma, la textura… –“Ves esta lechuga, está mustia… pero mira esta otra, ¡qué buen color! ¡Y qué bien huele!”–. También podemos ayudarles a identificar los productos de proximidad observando las etiquetas –“Fíjate, esta etiqueta con este dibujo indica que es un producto que viene de cerca… quizás estas lechugas son del huerto que vemos cuando pasamos con el coche para ir a la escuela…”–. Poder detenernos a charlar sobre la información que contiene la etiqueta de un producto es otra práctica que contribuirá a que los niños consoliden unos buenos hábitos alimentarios. Una tarea cotidiana como es ir al supermercado puede resultar una buena oportunidad para que el niño ponga en juego diferentes habilidades.

Animarles a colaborar en la cocina: Convertirse en pequeños chefs es algo que acostumbra a gustar a los niños: por el interés que muestran por las tareas que realizan los mayores, porque a esta edad pueden y les gusta sentirse responsables, porque cocinar les permite tocar, oler, chafar, y poner a prueba todos los sentidos… Si, además, presumimos de los resultados –“Este plato lo ha preparado Jordi” – este se mostrará encantado. Mientras cocinamos transmitiremos hábitos saludables, podremos aprovechar el tiempo para conversar con él, mientras está ocupado preparando una receta puede estar más dispuesto a probar –incluso algún alimento que hasta ahora rechazaba–, si le dejamos que haga propuestas estaremos fomentando su creatividad, etc. La cocina con niños admite un montón de posibilidades.

Conservar los alimentos: Hemos visto varias tareas relacionadas con los alimentos en las que nuestros hijos pueden participar. Otra opción es animarles a cooperar para ordenarlo todo. Les podemos enseñar a diferenciar los alimentos frescos de los refrigerados y congelados, explicándole la importancia de conservarlos adecuadamente para mantener sus cualidades o guardar juntos los productos en la despensa.

Si, por ejemplo, les proponemos cocinar un plato para el día siguiente, aprovechando la comida que ha sobrado, podemos pasar un rato divertido en casa mientras que le transmitimos un consumo responsable y le enseñamos a no desperdiciar los alimentos.

Nuestro día a día está lleno de oportunidades para aprender. ¡Aprovechémoslas!

Categoria
3-5 años, Alimentación y Nutrición, Revisats