¡Incorporemos los primeros alimentos sólidos!

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Alrededor de los doce meses de edad -si no lo hemos hecho antes-, y siempre respetando el ritmo de cada niño, es importante ayudarles a dar el paso a los alimentos sólidos. Es a partir de esta edad y, aproximadamente, hasta los dieciocho meses que les saldrán las cuatro primeras muelas, razón por la cual será un buen momento para ir acostumbrándoles a masticar alimentos sólidos.

¿Cómo incorporamos los alimentos sólidos?

En la introducción de los alimentos sólidos, para que el niño aprenda a masticar, es importante empezar introduciendo pequeñas cantidades de comida e ir aumentando poco a poco la cantidad, incorporando progresivamente diferentes gustos, texturas y colores. Para hacerlo, cuando ya se haya comido lo que le habíamos preparado para comer, podemos servirle en un plato un poco de comida en puré o a trocitos dejándole que la coja con una cuchara o con las manos. Lo haremos por este orden –primero le dejaremos comer en el plato y a continuación le propondremos probar los alimentos sólidos– para asegurarnos que se haya alimentado adecuadamente. Si siente curiosidad, lo querrá probar. Si primero le damos la comida en puré o el alimento más consistente, es probable que no coma ni una cosa ni la otra, ya que los niños, cuando tienen que masticar, acaban comiendo siempre menos cantidad; y es que masticar implica cansarse. A partir del año, la criatura ya podrá empezar a comer de todo. Ayudarla a probar todo tipo de alimentos contribuirá a que su dieta sea variada y equilibrada, aportándole los nutrientes necesarios para su desarrollo.

También podemos aprovechar que en esta etapa el niño acostumbra a mostrar curiosidad por lo que le rodea. Normalmente quieren imitarnos, así que si comemos algo que tenga las características adecuadas para su alimentación –sin grasas ni picantes, etc.– podemos dejar que lo prueben. Este aprendizaje por imitación acostumbra a influir en las futuras pautas de alimentación del niño. Si los adultos que estamos con él comemos de todo y variado, será más probable que él también lo haga. Los niños adquieren los hábitos alimentarios principalmente con la familia, a través del modelo que observan en los adultos: de ahí que nuestro ejemplo sea tan importante.

¿Cuáles son los primeros alimentos sólidos que podemos introducir?

Podemos comenzar introduciendo alimentos blandos en la dieta del niño para que los acepte con facilidad: trocitos de fruta o de queso tierno, jamón dulce, tortilla, pan, pescado desmenuzado, etc. Es importante intentar no ofrecerle trozos demasiado grandes o de consistencia dura para evitar que se atraganten. Cuando aprenda a masticar, ya podremos darle alimentos más consistentes.

Durante este periodo de introducción de alimentos sólidos, los purés, las papillas y la lactancia continuarán siendo las principales comidas del niño. Cuando pasen unos meses y ya le hayan salido las cuatro primeras muelas y se haya acostumbrado a comer a trocitos, podremos introducir la alimentación sólida como comida principal. Intentaremos ir adaptando poco a poco su alimentación a la dieta familiar, y si es necesario podemos introducir variaciones: por ejemplo, evitaremos añadir sal o endulzarle la comida, se la cortaremos a trocitos, etc.

Cuando el niño ya se haya adaptado a este tipo de alimentación, no será necesario que todas las comidas tengan consistencia sólida. Algunos niños, aunque puntualmente coman alimentos sólidos, hasta los dos años comen mejor preparaciones trituradas o papillas. Otros no quieren comer ni chafado ni triturado, y solo quieren roer y masticar. En este sentido no debemos presionarlos, ni debemos tener prisa. Sí será importante que empiecen a comer de todo para garantizar que tienen una alimentación sana, adecuando las porciones a las necesidades del niño. No todos tienen el mismo apetito ni la misma constitución y debemos ser respetuosos con las cantidades: tan malo es tener hambre como hartarse.

¿Cómo preparar los alimentos sólidos?

Los guisos, los hervidos y los estofados son las técnicas más adecuadas para preparar los alimentos sólidos para las criaturas de uno a tres años. Además de ser un tipo de cocinado más sano que los otros, como los fritos, los alimentos cocinados con esta técnica son más tiernos –por ejemplo, un trozo de carne hecho a la plancha acostumbra a quedar más seco que si lo guisamos– de modo que al niño le resultará más fácil de masticar. En función del ritmo del niño en la digestión y de su aceptación de los alimentos, iremos incorporando nuevas formas de cocción –al horno, rebozados…–, ya que la finalidad es enriquecer su dieta y acompañarlo en el proceso de aprendizaje aceptando nuevos platos.

¿Qué podemos hacer cuando el niño rechaza algunos alimentos?

Aunque el niño ya ha probado muchos alimentos con las papillas y los purés, conviene que la introducción de los alimentos sólidos también sea progresiva. Intentaremos introducir pocos alimentos en una comida para poder conocer su reacción y saber si le gustan o no, cómo perciben las texturas, si los toleran bien…

La introducción de los alimentos sólidos es un proceso de aprendizaje y, como tal, es natural que el niño rechace algunos alimentos: están experimentando, están conociendo nuevos sabores y texturas… A pesar de esto, en la mayor parte de las ocasiones el rechazo acostumbra a ser momentáneo. En este sentido, es importante volverle a dar el mismo alimento al cabo de unos días, de manera sucesiva, si es necesario cocinado de otra manera, insistiendo con paciencia para ayudarlo a que se acostumbre. De esta manera evitaremos correr el riesgo de que el niño se habitúe a dietas monótonas, poco variadas y deficitarias en algún nutriente.

Categoria
1-3 años, Alimentación y nutrición