Jugar en familia: Tiempo de calidad para compartir

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El juego es una de las mejores maneras que los niños y los adultos tenemos para compartir momentos de felicidad. Supone una actividad diferente de los cuidados, de la alimentación…, es una actividad que nos aporta bienestar, una forma de socializarnos entre los diferentes miembros de la familia, mostrándonos afecto y pasándolo bien juntos. Hermanos, tíos… podemos jugar juntos: jugar en familia va más allá que jugar con el padre y la madre, le ayuda a nuestro hijo a conocernos, a sentirse seguro y a disfrutar de las personas que tiene a su alrededor.

Junto a los hábitos y las normas, el juego es también una necesidad a esta edad, al hacer posible que el niño aprenda, se exprese, se relacione… Por este motivo es importante potenciarlo.

Existen infinitas formas de juego y no siempre es necesario buscar un tiempo exclusivo para el juego: podemos jugar cuando vamos a la escuela, cuando preparamos la comida, cuando vamos a despertar a nuestro hijo, durante el rato del baño… A continuación os ofrecemos varias propuestas para aprovechar los momentos que compartimos con el niño, disfrutando al máximo del juego en familia.

En la habitación:

¿Tenemos que cambiar las sábanas? ¡Pues aprovechémoslo! Es un buen momento para hacerle un barquito al niño: con una sábana cogida por las cuatro puntas invitaremos a nuestro hijo a subirse a ella y lo balancearemos de un lado a otro. Para ello necesitaremos a otra persona. Buscaremos la complicidad de nuestra pareja, de los hermanos, si es el caso, o intentaremos hacer coincidir el cambio de sábanas con algún momento en que haya más de un adulto en casa: los abuelos, tíos, etc. Aunque tardemos un poco más en hacer la cama, tendremos la recompensa de pasar un rato jugando en familia.

¡Y aún podemos hacer más cosas en la habitación! Por ejemplo, jugar al cucú-tras cuando despertamos al niño, que los pequeños se escondan debajo de la sábana mientras que nuestros brazos se convierten en serpientes que intentan pellizcarles, o intentar descubrir de qué hermano es esto que abulta: “¿Es este el pie de Martín? Paula, ¡te he oído reír!”

Con la ropa:

Y ¡cuántas posibilidades de juego permiten las piezas de ropa! ¿Hemos probado a equivocarnos adrede poniéndole a nuestro hijo los calcetines en las manos y los calzoncillos en la cabeza? Seguro que se reirá o que nos mirará con cara de sorpresa hasta darse cuenta de que estamos jugando. Le gustará que le dejemos disfrazarse con nuestra ropa o comprobar que sus hermanos caben dentro. Aprovechemos y guardemos la ropa vieja o que no usamos para utilizarla como disfraz: sombreros, zapatillas, zapatos de tacón, bolsos, collares, pañuelos…

En la cocina:

Poner la compra en la despensa puede convertirse en un juego para ellos, viendo también lo que estamos haciendo y cómo lo hacemos: jugar con las tarteras encajándolas, ayudar a decorar una pizza casera, rallar el queso con el rallador, poner aceitunas en la ensalada, coger los cubiertos para poner la mesa, –sin cuchillos–… Les gustará que anunciemos a los invitados que él ha puesto la mesa o que la comida la ha decorado con su hermana.

En la bañera:

Preparamos un baño divertido. Podemos bañar a los pequeños de la casa, juntos o poniéndonos también en la bañera con ellos; podemos poner objetos que floten, como tapones de corcho o de plástico, e invitarles a que los recojan con un utensilio, como un colador o un cucharón. ¿Quién será el pescador que pesque más cosas? Cuando llegue el momento de secarse, podemos utilizar la toalla para inventarnos algún disfraz: En la espalda a modo de capa, un rey, en la cabeza, un faquir…

Más ideas:

También podemos estirarnos juntos en el suelo y jugar arrastrando coches o trenes, hacer construcciones o manualidades simples, leer un cuento que nos guste a todos, escuchar música cuando vamos en coche, cantarles canciones de cuna cuando nos vayamos a dormir, construir una cabaña casera en el comedor o en el jardín e invitar a un primo a dormir juntos, hacer encajes, jugar a pelota, a saltar o a tirar globos de agua en el patio o en la terraza, ¡y todo lo que nos podamos imaginar!

También podéis preguntar a los amigos, a los maestros y a otros padres a qué juegan ellos con los niños, mirar libros con actividades o ir a buscar un juguete escogido por nuestro hijo y después jugar juntos con él.

Junto con estas propuestas, aprovechemos siempre la espontaneidad del niño y dejemos un espacio para el juego libre. Así haremos que el niño sea aún más el protagonista de sus vivencias, experiencias y decisiones.

Categoria
1-3 años, 3-5 años, Ocio y TIC, Ocio y TIC, Relaciones familiares y comunicación, Revisats