La alimentación: propuestas para las familias

La alimentación es fundamental para que nuestro hijo pueda disfrutar de una buena salud: además de repercutir en un crecimiento adecuado, contribuye al mantenimiento de su salud y a la prevención de enfermedades, aportándole la energía necesaria para el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana. Además, si nuestro hijo disfruta de las comidas, también favoreceremos que se sienta feliz y que empiece el día con mejor humor.

Diez consejos nos pueden ayudar a que el niño tenga una alimentación saludable:

Hacer cinco comidas al día:

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El desayuno: es una de las comidas más importantes porque es la primera comida que la criatura consume al día y conviene que le aporte la energía necesaria para iniciar la jornada y las actividades que desarrollará.

El tentempié a media mañana: permite reponer energías pero no debe ser excesivo para evitar que la criatura pierda el apetito para las comidas siguientes –almuerzo o cena–. Las frutas y los lácteos son los alimentos más recomendables para el tentempié de media mañana.

El almuerzo: es la principal comida del día y por este motivo es importante que sea completa y equilibrada. Conviene ofrecer cereales, verduras y proteínas, acompañándolo de postres como frutas o lácteos.

La merienda: cumple la misma función que el desayuno y los alimentos recomendados también son los mismos (frutas, lácteos e incluso un pequeño bocadillo).

La cena: es necesario que también sea completa y que complemente el almuerzo.

La dieta saludable debe ser variada, es decir, debe contener alimentos de todos los grupos: cereales, legumbres, verduras, hortalizas, frutas, lácteos, pescado, carne, huevos, y de forma ocasional, dulces. En este sentido, es importante que desde que son muy pequeños, acostumbremos a nuestros hijos a comer de todo, a probar los diferentes alimentos, evitando privarles de comer lo que a nosotros nos desagrada, aunque sin forzarle a comer un alimento por el que muestre rechazo.

Los grupos de alimentos que le ofrecemos a la criatura deben tener una cantidad determinada y consumirse con una frecuencia determinada para que la dieta sea equilibrada, es decir, para que aporten los nutrientes que su cuerpo necesita. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la energía consumida al día provenga de los hidratos de carbono (como el pan o la pasta) –alrededor del 50%-, de los lípidos (los frutos secos y algunos pescados como el salmón) –en torno al 30%– y de las proteínas (por ejemplo los huevos y las legumbres) –aproximadamente el 20%-. Cuanto más variados sean los alimentos que consumamos, más equilibrada podrá ser la alimentación porque nos aseguraremos de obtener todos los nutrientes necesarios. Consultar las pirámides de la alimentación nos ayudará a saber cómo distribuir los diferentes grupos de alimentos.

Si el niño come en la escuela, conviene conocer de qué se compone el menú para complementarlo con las comidas que efectúe en casa.

Será necesario mantener un aporte de energía adecuado a la edad y la constitución de nuestro hijo, pero al mismo tiempo a sus necesidades particulares: por ejemplo, un niño que practique algún tipo de ejercicio físico o que sea muy movido puede necesitar un aporte mayor de calorías que otro niño de la misma edad y con una constitución similar, porque consume más. Respetar las demandas de nuestro hijo, por ejemplo, cuando nos pide un poco más de comida porque se ha quedado con hambre o cuando nos dice que no quiere más porque ya está harto, nos ayudará a identificar estas necesidades particulares.

Evitar el consumo habitual de alimentos pobres en nutrientes y con un exceso de calorías, como los dulces, golosinas, bollería industrial, refrescos, alimentos precocinados, etc., contribuirá a que la criatura mantenga una dieta saludable conservando la sensación de apetito.

Para una alimentación saludable, el agua debe ser la bebida principal, aunque también conviene incorporar en la dieta de la criatura el consumo de bebidas lácteas y zumos de fruta naturales. Los refrescos solo se deben tomar de forma ocasional, ya que están cargados de azúcares refinados.

La higiene es esencial para la salud: por este motivo es importante que les enseñemos a las criaturas a limpiarse las manos antes de comer y a cepillarse los dientes después de comer.

Es conveniente que los momentos de las comidas sean relajados, confortables y, si es posible, en familia. Por una parte, las comidas son un excelente momento de encuentro, ya que permiten conversar y al mismo tiempo transmitir valores y hábitos, e incluso elementos culturales a nuestro hijo. Por otro lado, es necesario tener en cuenta el rato que le dedicamos a cada comida. Las comidas no deben ser ni excesivamente largas ni excesivamente cortas: si, por ejemplo, nuestro hijo no quiere comer más, debemos intentar no alargar este momento. No es porque estemos más rato que va a querer más o que aceptará un alimento que no le apetece. El pequeño también necesita su tiempo, sobre todo ahora que está aprendiendo a masticar correctamente, necesita poner a prueba otras destrezas, como utilizar los cubiertos o explorar lo que come, mientras lo huele, lo toca, etc.

Si cocinamos los alimentos de diferentes formas, presentamos los platos de forma atractiva y fomentamos que la criatura participe en su alimentación, por ejemplo pidiéndole que nos ayude a poner la mesa, que esté con nosotros mientras preparamos los alimentos, o que participe en la elaboración de una receta sencilla, las comidas le resultarán más apetitosas a nuestro hijo. También le podemos dejar que tome pequeñas decisiones, como escoger los postres proponiéndole dos opciones.

Es importante respetar la sensación de apetito de la criatura evitando los excesos de comida y adecuando las cantidades a sus necesidades. Nuestros hijos tienen la capacidad innata de regular los alimentos que necesitan para su buen funcionamiento.

Categoria
1-3 años, Alimentación y nutrición, Revisats