La relación entre padres e hijos, un vínculo que empieza antes del parto

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Mucho antes del nacimiento de nuestro hijo, antes de poder tocarlo y abrazarlo, ya empezaremos a establecer una relación con él: durante la vida intrauterina, nuestro hijo ya estará en constante interacción con su entorno y con nosotros. Por consiguiente, podemos afirmar que la crianza ya se inicia durante los meses de gestación.

A lo largo del embarazo, se empezarán a establecer vínculos entre madre e hijo: durante esta etapa, podemos abrazar a nuestro hijo, acariciándole la barriga, podemos hablarle, sentir sus movimientos, cantarle canciones… El conjunto de estas relaciones construirán el entorno de nuestro hijo y le ayudarán en su desarrollo.

Estas interacciones irán construyendo poco a poco un vínculo entre nosotros y nuestro hijo, que se establecerá inicialmente de una forma sensorial, cuando la criatura reconozca determinados olores, nuestra voz, nuestro tacto… Durante el embarazo estaremos en continua interacción con el futuro bebé. Sentirá lo que nosotros sintamos, cada estímulo le provocará una respuesta, y el niño ya podrá sentirse querido. Estas sensaciones influirán en su desarrollo como persona.

En este sentido, la comunicación y el contacto con nuestro hijo durante el embarazo nos ayudarán a establecer esta crianza ya desde el útero, permitiéndonos tener una proximidad física y emocional en nuestras relaciones familiares, y generando vínculos positivos que nos ayudarán a favorecer diferentes aspectos de la gestación:

  • Favoreceremos una relación de entente familiar.
  • Nos ayudará a afrontar de forma positiva las posibles dificultades que puedan surgir durante el periodo de gestación.
  • Reduciremos los miedos o las inquietudes durante el embarazo.
  • Desarrollaremos conductas de salud emocional para nosotros y para la criatura.

En este camino, nos ayudará iniciar la crianza ya desde el útero con conciencia y respeto por el hijo que llegará, encontrando asimismo nuevos espacios para acompañarlo en su desarrollo personal.

Las relaciones afectivas ayudarán a nuestro hijo en su desarrollo por el hecho de haber sido cuidado y protegido ahora y en etapas de la vida tan importantes como la infancia y la adolescencia.

Durante el embarazo es habitual experimentar varias emociones y, aunque estas puedan no ser positivas, no debemos inquietarnos: si bien las relaciones son importantes durante este periodo, no serán definitivas. Por muy mal que haya ido el embarazo, las consecuencias que tendrá para el desarrollo psicológico y afectivo del niño pueden transformarse en las etapas posteriores de su desarrollo.

Por consiguiente, ya desde los primeros meses de gestación, se irán construyendo lazos invisibles que conformarán nuestras vivencias como familia, así como el sentimiento de pertenencia de todos sus miembros, facilitando la futura proximidad física y la sensación de seguridad en nuestro hijo: de aquí la importancia de las relaciones afectivas para toda la familia, incluso en la vida intrauterina. Durante la gestación la madre es el nexo de unión entre la criatura y el mundo, y todo lo que le afecta influirá en el bebé. Por ello, si intentamos crear un entorno gratificante con las personas de nuestro alrededor, hablamos con el futuro bebé y pensamos en él, contribuiremos al bienestar y al equilibrio emocional de nuestro hijo. En caso de que se trate del nacimiento de un hermano pequeño, deberemos tener en cuenta la participación en este proceso de los otros hermanos, junto con el resto de la familia. 

Categoria
Embarazo, Relaciones familiares y comunicación