Lo que siente la madre, el hijo también lo siente

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Durante el embarazo, y hasta después del parto, el cordón umbilical une al bebé con la madre y con el mundo exterior. La gestación suele ser una etapa en la cual la madre vive cambios emocionales intensos: no es extraño, por consiguiente, que nos preguntemos si nuestro hijo percibe algo.

La unión del feto con la madre a través del cordón umbilical no solo proporciona alimento a nuestro hijo, sino que también le transmite las emociones de la madre a través de las hormonas que segrega el organismo de esta. Podemos decir, por consiguiente, que el feto puede sentir.

Aunque, según señalan varios estudios, los cambios anímicos de la madre durante el periodo de gestación no perjudican ni alteran el desarrollo normal del embarazo, el bebé no es ajeno a las vivencias emocionales de la madre y percibe lo que le pasa.

Numerosos estudios coinciden en que las actitudes y los sentimientos de la madre influyen en el desarrollo emocional del hijo y, por consiguiente, en su personalidad. Según estos estudios, a partir del cuarto mes de gestación el feto presenta reacciones emocionales similares a las de un bebé, ya que a partir de esta etapa ya es capaz de percibir el afecto y la ternura que le llegan desde el exterior.

A partir de la octava semana el feto ya empieza a desarrollar el sentido del tacto y a partir de las dieciséis semanas ya retrocede ante la luz. A las veinte, ya reconoce la voz de la madre, prácticamente todos sus órganos sensoriales están maduros y reacciona ante la música. Llegados a los seis meses de gestación, el futuro bebé responde a los cambios de humor maternos y ya tiene memoria, y a los siete meses ya puede soñar. De hecho, los últimos estudios muestran que, en el útero materno, el feto percibe olores y sabores, escucha sonidos y los recuerda tras el nacimiento. El estrés o la excitación prolongada de la madre afectan a la salud física y mental del feto en desarrollo. En este sentido, cuando la madre padece estrés emocional, el feto se mueve con mayor fuerza y con más frecuencia que cuando la madre se encuentra en paz y harmonía.

Asimismo, cuando las madres sienten bienestar y alegría, al bebé le transmiten felicidad y tranquilidad. El papel del entorno al ofrecer sentimientos y actitudes positivas es, por consiguiente, fundamental, contribuyendo tanto al buen estado emocional de la madre como del bebé.

A pesar de ello, no debemos preocuparnos. No todas las angustias o preocupaciones afectarán a nuestro hijo, sino únicamente aquellas que supongan una perturbación importante y que se produzcan con frecuencia. Todas las personas pasamos por malos momentos, por discusiones familiares, por dificultades en el trabajo…, y en muchas ocasiones lo superamos sin dificultad.

Aunque el embarazo suele ser un momento de cambios importantes, debemos intentar disfrutarlo y vivirlo con naturalidad

Cuando la futura madre se encuentre en situaciones complicadas que le generen preocupaciones, será importante fomentar la comunicación con el bebé, estimulando sus sentidos con caricias en la barriga, transmitiéndole una sensación de confianza con nuestra voz o con música…

A partir de los cuatro meses de gestación, nuestro hijo ya puede sentir y percibir sonidos del exterior, sobre todo la voz de la madre. Relajarnos, respirar profunda y mentalmente, o vernos acariciando a nuestro hijo también nos puede proporcionar una sensación de calma y de felicidad.

Los cambios emocionales que se acostumbran a experimentar durante la gestación son más fáciles de llevar cuando el entorno que nos rodea –la pareja, la familia, los amigos…– nos apoya. También será importante poder establecer una relación de confianza con el médico y con la comadrona que nos atienda para poderles pedir toda la información que necesitemos y aclarar las dudas que tengamos.

En el transcurso de estos nueve meses en los que notaremos cómo nuestro hijo crece en la barriga, veremos también cómo se transforma nuestro cuerpo, y cómo va cambiando nuestro estado de ánimo. En ocasiones podemos pensar que deberíamos estar más contentas, más delgadas, llorar menos… . Si intentamos evitar los sentimientos de culpabilidad y tratamos de sentir los momentos de placer y de desplacer con naturalidad, el embarazo puede convertirse en una gran oportunidad para nuestro crecimiento personal.

Si vivimos nuestro embarazo racionalizando los miedos y las emociones, y los afrontamos con serenidad, conseguiremos disfrutar de una experiencia más agradable, transmitiendo esta sensación a nuestro futuro bebé.

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Artículos recomendados, Embarazo, Relaciones familiares y comunicación