¡Los bebés también juegan! ¿Cómo podemos potenciar y enriquecer su juego?

Ya desde las primeras semanas de vida de nuestro bebé, el juego aparecerá en su día a día de manera natural y espontánea. Mediante el juego los niños adquieren experiencias del mundo que los rodea, aprenden a relacionarse con los demás y se conocen a sí mismos. En el juego se combina actividad, pensamiento, sensibilidad y autonomía. Y es que el juego es básicamente una actitud, una manera de utilizar la mente, de articular realidad y fantasía –cuando son un poco más mayores– integrando el conocimiento y la emoción. Jugar se convierte en una actividad en la que los niños muestran un alto grado de concentración, capacidad imprescindible para aprender.

Durante el primer año de vida del niño, los adultos podemos potenciar y enriquecer su juego de diferentes maneras. ¡Hacemos algunas propuestas!

Los primeros meses: Juguemos con los cinco sentidos

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Durante los tres primeros meses de vida, el bebé realiza un juego de exploración, partiendo de su tendencia natural de conocer y de relacionarse con el entorno. Para hacerlo utilizará todos los sentidos. Por eso le gustará que le hablemos, que le sonriamos, que le acariciemos… Se fijará en las caras conocidas, y le llamarán la atención los objetos luminosos y coloridos, así como los que se mueven y hacen ruido. Cuando está despierto es importante que lo situemos de manera que pueda ver a las personas y a los objetos que tiene a su alrededor. Asimismo, si dejamos a nuestro hijo estirado y en un entorno sin estímulos, también le ayudaremos a contemplar tanto lo que le rodea como su propio cuerpo, ayudándolo a aprender y a descubrir en esos momentos en los que no se hace nada.

Hacia los tres meses, el niño sigue explorando, pero ahora utiliza las manos en su juego. Juega con ellas y se lleva cosas a la boca. La sonrisa también se convierte en un juego, respondiendo a los mimos que le hacemos. Le gusta repetir las acciones una y otra vez.

En estos momentos, nuestro juego con la criatura se debería continuar centrando en su cuerpo y en sus posibilidades de movimiento, haciéndole cosquillas y miradas, favoreciendo el contacto corporal, cantándole canciones…

Nuestro pequeño científico

A partir de los seis meses, los niños empiezan a actuar como pequeños científicos. Plantean hipótesis y las comprueban para anularlas o afirmarlas. Cuando los niños juegan, están investigando y aprenden diferentes cosas que les servirán para poder entender cómo son los demás, cómo son ellos y cómo funcionan las cosas.

Además de seguir jugando con el propio cuerpo también lo hacen con lo que encuentran a su alrededor. Les gustará chupar o morder objetos –la boca es una de sus principales herramientas de descubrimiento y ya empiezan a notar que les salen los primeros dientes–, tirarlos, golpearlos contra el suelo, explorarlos, ponerlos o sacarlos de cajas y de recipientes, hacer ruidos, etc.

A partir de esta edad, a pesar de que es importante que continuemos dedicando tiempo a los juegos corporales y a canturrear, es conveniente ir incorporando nuevas formas de juego. Animarlos a que imiten nuestras acciones –les encantará que les repitamos sonidos como “ma-ma-ma”, porque ellos también intentarán hacerlos–, jugar a hacer aparecer cosas -cucu-tras-, y darles objetos de diferentes texturas, colores, medidas y formas para que jueguen con ellos.

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Esta etapa también se caracteriza por el desplazamiento del niño. Será necesario que le facilitemos situaciones de movimiento, por ejemplo, dejando objetos cerca del niño, pero no a su alcance, para que los intente coger por sí mismo.

Hacia los nueve meses, y gracias al gran progreso que habrá hecho nuestro hijo con relación al desarrollo motriz –se sienta, gatea, quizás se pone de pie, etc.– le motivarán los juegos de movimiento. Le gustará esconderse, columpiarse, arrastrarse por el suelo, etc. Habrá llegado el momento de asegurarnos que disfrute de un espacio para poner a prueba sus habilidades. Una gran caja de cartón le podrá fascinar por las numerosas posibilidades de juego que tiene: abrirla y cerrarla, intentar meterse dentro, descubrir si tiene alguna cosa dentro, etc. Del mismo modo, le gustará que nos movamos con él, rodando por el suelo o gateando conjuntamente, que hagamos palmitas juntos, etc.

Con todo, el niño continuará teniendo interés por los otros juegos que hacíamos antes: el contacto piel a piel, las miradas, las sonrisas, las caricias, que le expliquemos cosas… Por ejemplo, podemos explicarle un cuento mientras se entretiene mirando los dibujos que aparecen en las páginas. Todo ello le ayudará a divertirse, a conocer, a aprender y a sentirse querido.

Categoria
0-1 años, Desarrollo y aprendizaje, Ocio y TIC, Relaciones familiares y comunicación