Los hábitos alimentarios durante las comidas

El momento de las comidas se convierte en un espacio educativo para el niño: permiten aprender e interiorizar las pautas alimentarias. Por este motivo, es importante aprovechar las comidas para que los niños puedan incorporar unos hábitos de alimentación sanos y sólidos.

A pesar de que cada familia tiene sus normas con respecto a los hábitos en el momento de las comidas, conocer un conjunto de recomendaciones nos puede ayudar a transmitir unos comportamientos adecuados.

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Un ambiente relajado: conviene que los adultos facilitemos que las comidas sean ratos agradables en los que se pueda disfrutar de la comida. Para mantener un ambiente tranquilo y relajado, conviene evitar poner la radio o la televisión y que el niño coma mientras hace otras actividades –juegos, videojuegos, lecturas, etc.–.

De este modo propiciaremos la comunicación haciendo que las comidas sean un espacio de aprendizaje de nuestros hábitos alimentarios.

Después de las comidas, sobre todo las más abundantes, –el almuerzo y la cena– es recomendable que el niño pueda disponer de un rato de relajación que le permita hacer una buena digestión: hacer una siesta, realizar actividades tranquilas como escuchar música, etc.

Comer en familia: Es importante que las comidas sean un momento de encuentro y de convivencia, intentando aprovechar aquellos momentos en los que los diversos miembros de la familia podemos coincidir.

Por ejemplo, si el niño come en la escuela, podemos aprovechar otros momentos del día, como el desayuno y/o la cena para compartirlos con la familia.

El trabajo también puede impedirnos que coincidamos todos en los momentos de las comidas. A pesar de ello, conviene intentar comer juntos a menudo, al menos una vez al día y, sobre todo, que los niños puedan comer en compañía: con los padres, con los hermanos, con los abuelos, etc. Esto favorecerá el aprendizaje por imitación, aprendiendo de las costumbres alimentarias que observan en su entorno más cercano.

En este sentido, es importante que los adultos podamos transmitir modelos apropiados. Para hacerlo, es necesario tomar consciencia de cuáles son los hábitos de alimentación existentes en la propia familia, valorar si es necesario mejorarlos y llegar a un acuerdo entre los diferentes agentes implicados sobre lo que queremos transmitir.

Para disfrutar de la comida en familia, también es recomendable mantener conversaciones agradables, aprovechando la ocasión para comentar los hechos del día, planear juntos alguna actividad para el fin de semana, etc.

Dejar experimentar: Si los niños observan en casa menús variados y les estimulamos a experimentar –tocar, probar, oler, etc.– con alimentos de diferentes texturas, colores y sabores, es probable que disfruten más de la comida.

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Para que se familiaricen con diferentes alimentos y ayudarles a ser autónomos en su alimentación, podemos animarles a participar con nosotros en actividades relacionadas con las comidas, como:

Ir a comprar: a la tienda, al mercado o al supermercado, les podemos pedir que cojan varios alimentos y aprovechar para explicarles qué son y por qué son importantes para su salud.

Poner la mesa y recogerla: les podemos pedir que nos ayuden a poner las servilletas, los cubiertos, etc., esperar a que todos hayamos acabado de comer para recoger juntos, etc.

Colaborar en la preparación de menús: elaborar conjuntamente menús explicándoles cómo conviene distribuir los diferentes alimentos para mantener una dieta equilibrada, pedir que nos ayuden a preparar platos sencillos, decorar los platos, probar recetas, etc.  

También es importante dejarles experimentar con aquello que creemos que pueden hacer por sí mismos, fomentando su autonomía: separar los huesos o las espinas que se puedan encontrar en la comida, servir a los demás… ofreciéndoles si es necesario, nuestra ayuda.

El tiempo en la mesa: conviene mantener unos horarios fijos para las comidas –aunque podemos ser más flexibles en ocasiones especiales, como el día de su cumpleaños o los fines de semana– respetando el tiempo que el niño necesita para comer porque cada niño tiene su ritmo. A pesar de ello, se recomienda que las comidas no duren más de 30-45 minutos. Los niños de esta edad necesitan permanecer activos y les cuesta quedarse mucho rato en la mesa.

Conviene evitar las esperas demasiado largas o las prisas: para hacerlo, nos ayudará organizar los menús, prever el tiempo necesario para preparar los alimentos, servir los diferentes platos de forma ordenada o, por ejemplo, si comemos fuera de casa, escoger sitios en los que el servicio no tarde demasiado o que dispongan de un espacio para cuando el niño acabe de comer.

¿Cómo comer?: conviene que progresivamente le expliquemos al niño aquellos hábitos que deseamos que se mantengan en la mesa: evitar hablar con la boca llena, levantarse de la mesa únicamente cuando todo el mundo haya acabado de comer, no jugar en la mesa, etc.

También conviene evitar que adopten posturas poco apropiadas en la mesa o que resulten incómodas para él o para los demás: comer sentado, con la espalda derecha, no apoyarse en los codos, etc.

Para que esto sea posible es importante asegurarnos que el mobiliario –silla, mesa, etc.– y los cubiertos se adapten a las necesidades del niño: altura que permita llegar al plato con comodidad, espacio para todos los comensales, etc.

Ofrecer variedad de alimentos: Durante la infancia es importante educar a nuestros hijos para que coman de todo y puedan disfrutar de una alimentación variada y equilibrada.

A pesar de todo, es posible que no les gusten todos los alimentos. Si esto sucede, si han probado un alimento repetidamente y no les han gustado, podemos respetar sus preferencias y no obligarles a tomárselo.

Sustituir estos alimentos rechazados por otros o consultarlo con el pediatra o nutricionista nos puede ayudar a asegurarnos que la aportación de calorías y nutrientes necesarios para su organismo es la adecuada.

En cualquier caso, no todos los niños tienen la misma hambre; por este motivo es importante conocer qué cantidad de alimentos es la más adecuada según las características y circunstancias de cada niño y ser respetuosos con sus necesidades. Forzar a nuestros hijos a comer no nos garantiza que vayan a comer más e impide que aprendan a saber cómo y cuándo deben comer siguiendo sus sensaciones interiores de hambre o saciedad.

No utilizar la comida como premio o castigo: La comida es una necesidad básica, de modo que se debe vivir con naturalidad. Recorrer a premios y castigos puede ser contraproducente: la comida no es un instrumento de recompensa, de consuelo o de penalización. Si le damos este valor, el niño podrá utilizar la comida para expresar sus emociones: por ejempo, dejar de comer cuando se siente triste o enfadado.

Los hábitos de higiene: Los momentos de las comidas pueden ayudar al niño a consolidar hábitos de higiene –como lavarse las manos antes y después de la comida, cepillarse los dientes, etc.–. Es necesario transmitir estos procesos con tranquilidad y con un orden constante. Este orden y esta limpieza le ayudarán a comer a gusto.  

Categoria
3-5 años, Alimentación y Nutrición, Revisats