Los niños y las demencias en personas mayores

Los niños son muy curiosos, observan y se hacen preguntas acerca de lo que pasa en casa, sobre las personas queridas y acerca de su entorno. Si el abuelo o la abuela ahora hacen cosas diferentes a las que hacían antes, ha dejado de hacer algunas cosas o ya no nos habla como antes, los niños vivirán, verán, sentirán y se preguntarán algunas cosas. Además, es posible que oigan conversaciones que no entienden o que vean comportamientos que les desconciertan.

A pesar de que los niños tienen derecho a una información verídica, es nuestra responsabilidad saber transmitirles la información ajustada a su nivel de comprensión y a su lenguaje.

abuelos con alzheimer, relacion abuelos nietos, los abuelos y los nietos, abuelos y nietos, alzheimerDe hecho, a partir de los 4 años, los niños ya pueden empezar a comprender de manera más o menos fácil y con normalidad lo que le sucede a una persona mayor con demencia.

Las demencias, de las que la más conocida es el Alzheimer, son enfermedades degenerativas que llevan asociado un deterioro irreversible y progresivo del cerebro que afecta la memoria, la actividad intelectual, la capacidad motora, y el comportamiento familiar y social hasta llegar, en sus últimas fases, a una situación de incapacidad absoluta.

A partir de los 4-5 años los niños ya pueden ir entendiendo que el abuelo o la abuela está enfermo y que esto hace que algunas cosas ya no las haga como antes, que otras las haya dejado de hacer o que puede ser que se comporte de una manera poco habitual o extraña. Si el niño es más pequeño, deberemos adecuar la información, que será siempre mejor que no decirle nada.

A veces, en estadios más avanzados de la enfermedad, la persona mayor puede tener comportamientos propios de edades tempranas, como por ejemplo que se le caiga la cuchara de la mano, que chille, que llore o que ya no pueda expresarse con un lenguaje adecuado. Son síntomas propios de las demencias y es importante transmitirles a los niños que a las personas mayores se las debe respetar más allá de los comportamientos o del lenguaje que utilicen. Conviene ayudar a nuestros hijos a poder ver a las personas como tales, y no a través de la enfermedad que padecen. Esto les ayuda no solo a adquirir el valor del respeto sino también a normalizar las situaciones de enfermedad y deterioro que forman parte de la vida.

Si les ayudamos a comprender todas las fases de la vida y de las enfermedades que padecen algunas personas mayores, esta experiencia les dotará de recursos intelectuales y emocionales para abordar su propia vida. En este sentido, es positivo para nuestros hijos tener contacto con las personas mayores para que puedan entender los procesos patológicos y los puedan vivir con sensibilidad y normalidad.

En cualquier caso, como padres, es importante que estemos dispuestos a hablar con los niños sobre las demencias de las personas mayores, si los niños muestran curiosidad o preocupación al respecto. Como adultos, debemos intentar ayudar a nuestros hijos a hallar respuestas a sus dudas, a la enfermedad, y debemos estar preparados para abordar los sentimientos de los niños en torno a las demencias de las personas mayores.

Muchas veces los niños no preguntan las cosas directamente, pero sí que se sienten preocupados porque el abuelo o la abuela les ha llamado con otro nombre que no es el suyo, se hace el pipí encima o no se puede duchar solo o sola. Los niños de entre 4-5 años no pueden entender exactamente lo que significa la enfermedad, pero sí que pueden intuir y entender que algo no funciona de forma adecuada.

Algunas propuestas nos pueden ayudar a explicar las demencias a nuestros hijos pequeños:

  • Expliquémosle la situación al niño de 4-5 años con un lenguaje que pueda entender. No entenderá la palabra demencia pero sí que entenderá que la persona mayor tiene una dificultad con su memoria que le hace actuar de manera diferente a cómo actuaba antes o de cómo el niño cree que lo deben hacer los adultos.
  • Intentemos abordar los sentimientos, los miedos, las dudas y las confusiones que la situación le genere en cada momento concreto. Los niños pequeños no tienen la capacidad de prever lo que puede o no puede pasar. Por tanto, vayamos abordando las situaciones según vayan surgiendo. No sirve de nada avanzarle al niño el deterioro progresivo y, muchas veces, fatal de la demencia.
  • Contestemos a sus preguntas de la manera más honesta posible, sin miedo a hablarle de cómo nos sentimos como adultos y de las respuestas que no tenemos.
  • También es positivo transmitir a nuestros hijos que, a pesar de que el abuelo o la abuela no puedan manifestarles demasiado afecto, aún nos quiere mucho, por eso, también nosotros le tenemos que querer.

Maria José Guarino
Educadora Social y Psicopedagoga
Máster en Atención Centrada en la Persona

Categoria
3-5 años, Relaciones familiares y comunicación