Mi hijo no se quiere ir a dormir…¿Qué podemos hacer?

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Para un niño pequeño, aprender a ir a dormir solo puede ser un proceso largo. No haber adquirido el hábito desde muy pequeño, interpretar la hora de irse a dormir como un momento de separación de los adultos que le transmiten seguridad y protección, las pesadillas, los cambios en la dinámica familiar o el miedo a la oscuridad son algunos de los motivos por los que a nuestro hijo le puede costar irse a la cama. Esto hace que, cuando llega el momento de irse a dormir, algunos niños lloren, se enfaden, vengan a buscarnos o bien quieran dormir con nosotros.

Dormir solo forma parte de un proceso de aprendizaje en el que lo importante es que los adultos que lo acompañamos estemos a su lado, tengamos paciencia e intentemos demostrarle que aunque no estemos físicamente presentes en su habitación, estamos cerca, que al día siguiente continuaremos estando con él y que entendemos su ansiedad.

Las rutinas, es decir, realizar cada día las mismas actividades antes de irse a dormir, se convertirán en elementos de seguridad para la criatura. Por ejemplo, podemos utilizar señales que indiquen que ha llegado la hora de ir a dormir, como una canción, o mostrar las agujas del reloj “Mira, la aguja grande señala las 9, ha llegado el momento de irse a la cama”. Ir a dormir a la misma hora también le ayuda a adquirir el hábito, aunque en ocasiones especiales podemos ser flexibles.

También resulta importante que durante el día nuestro hijo aprenda a pasar ratos solo, por ejemplo, jugando. Hacer actividades sin nosotros y por iniciativa propia, al margen de favorecer su autonomía, le ayuda a acostumbrarse a la separación.

También es importante ofrecerle a la criatura un entorno que le resulte confortable y seguro. Además del calor familiar de un hogar donde se respira calma, donde se disfruta del diálogo evitando los gritos o en el que se producen muestras de amor y de ternura, el espacio físico también debe ser favorable.

Su habitación se convierte en un elemento muy importante para que el niño esté feliz a la hora de irse a dormir. La habitación del pequeño debe ser acogedora, un espacio en el que esté acostumbrado a estar, donde tenga sus cosas, donde haga actividades agradables. Podemos decorar la habitación con los colores o los personajes que le gusten, haciéndole participar y escuchando sus opiniones.

Si nuestro hijo nos visita por la noche porque le cuesta estar solo en la habitación, podemos acompañarle de nuevo a la cama, tranquilizándole, explicándole que se hace mayor y marchándonos antes de que se duerma para que vea que es capaz de volverse a dormir solo.

Sin embargo, si algún día se queda a dormir con nosotros tampoco pasa nada. La flexibilidad en la crianza de los hijos también es muy importante: estas excepciones nos pueden servir a veces porque necesitamos descansar, para compartir un rato juntos, etc.

Si se ha despertado y se ha venido a nuestra cama porque ha tenido alguna pesadilla, podemos hablar con él, que nos explique qué ha soñado, explicarle que los sueños no son reales e intentar finalizar la conversación con cosas agradables.

Sin embargo, a veces no nos contará lo que le pasa, simplemente nos reclamará mediante el llanto. En este caso, intentaremos calmarlo, consolándolo de la forma que creamos más apropiada: podemos estar un rato con él, acariciarlo, transmitirle normalidad y marcharnos cuando parezca más relajado.

A la hora de atender a nuestro hijo, será importante consensuar posibles formas de actuar con el resto de personas implicadas en su crianza: ofrecer una misma respuesta a sus demandas es también una forma de transmitirle seguridad y firmeza.

Si, a pesar de todo, nos sentimos angustiados, no conseguimos que nuestro hijo sea capaz de conciliar el sueño por sí mismo, y si sufrimos por su bienestar y salud porque al día siguiente se muestra cansado o porque realmente atraviesa por un momento de ansiedad importante, podemos compartir nuestras inquietudes y pedirle información al pediatra o a otros especialistas, como terapeutas o sicólogos infantiles.

Categoria
3-5 años, cuidados y seguridad, Salud