Perder en el juego: cuando el niño no lo acepta

María y su padre juegan a encajar figuras. Se ríen, comparten miradas y simulan que aquellas piezas cobran vida. De pronto, María se da cuenta de que su padre ha creado más figuras que ella, se enfada y las tira al suelo.

Muchas veces nos encontramos en situaciones similares cuando jugamos con los niños. Chicos y chicas que por miedo a perder en un juego no participan en él o lo abandonan, se enfadan. Otros buscan excusas para justificar que han perdido, chicos y chicas que ganan y humillan al adversario, etc.

A los niños les gusta sentirse protagonistas, mostrar que saben hacer las cosas bien o mejor que los demás. Por ello, cuando pierden, pueden vivirlo como un fracaso y pasarlo mal.

Es importante ayudar a los niños a aceptar que los otros también pueden ganar, a centrarse en la actividad y no en el resultado, a evitar que visualicen la derrota como algo personal, en definitiva, a disfrutar jugando. Asimismo, identificar lo que no hacen tan bien, aquello que pueden mejorar y aquello en lo que no destacan contribuirá a su autoestima (la autoestima pasa por reconocer tanto los puntos fuertes como los puntos débiles, de modo que las aspiraciones de la criatura sean alcanzables).

¿Cómo podemos hacerlo?

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Educar en valores:
la visualización de imágenes que asocian la práctica de un juego con niños que se lo pasan bien es una forma de vincular el juego con la ALEGRÍA; explicarles que cuando participamos en una actividad a veces se gana y otras se pierde, pero que si no participamos no tendremos esta experiencia, nos ayuda a darle valor a la PARTICIPACIÓN; facilitar las buenas relaciones entre los jugadores y que se lo pasen bien es una forma de fomentar el HUMOR en el juego; proponerles juegos en los que los diferentes participantes tengan un objetivo común nos ayuda a transmitir el valor de la COOPERACIÓN y el TRABAJO EN EQUIPO, o, por ejemplo, hacerle ver al niño que las relaciones que se establecen en el juego finalmente acostumbran a convertirse en vínculos de AMISTAD.Algunas estrategias pueden ayudarnos a transmitir a los hijos la aceptación de las derrotas en el juego:

Ayudarles a tolerar la frustración (pero no a evitarla): el niño debe aprender que algunas cosas no salen como esperamos y que no pasa nada, por ello es necesario evitar la sobreprotección y la permisividad. Conviene que el niño experimente esta vivencia emocional porque forma parte de su proceso madurativo. Si pierde jugando, podemos solidarizarnos con él. Por ejemplo, cuando dos niños acaban un juego en el que uno ha perdido y el otro ha ganado, podemos decirles: “habéis pasado un buen rato jugando. Tú te has esforzado mucho para ganar, enhorabuena. Y tú has perdido, pareces decepcionado pero has demostrado ser un buen contrincante, respetando el turno, las normas, y te lo has pasado bien jugando”. De esta forma, le quitamos importancia al hecho de ganar o de perder, poniendo énfasis en la participación, verbalizamos los sentimientos que el niño puede estar experimentando y reconocemos el espíritu competitivo (con uno mismo, la capacidad de esforzarse) y no la competitividad (en contra de los demás).

Incentivar que, de vez en cuando, experimenten la victoria: a veces podemos dejarles ganar para que les resulte reconfortante y podemos aprovechar esta vivencia para fomentar el respeto hacia el adversario, por ejemplo, felicitándole: “Enhorabuena, lo has hecho muy bien…”.

Intentemos dar ejemplo: vale la pena valorar cómo nosotros actuamos ante el juego, ante una derrota y, si es necesario, intentar medir nuestras reacciones. ¿Alabamos excesivamente al ganador cuando vemos un partido de fútbol? ¿Acostumbramos a humillar o a ridiculizar al perdedor? Destacar lo divertido que resulta, reír cuando nos equivocamos o cuando perdemos, valorar a todos los participantes por igual, etc. Son actitudes que les estaremos transmitiendo a nuestros hijos, porque nosotros somos sus modelos a seguir.

Fomentar la autocrítica: ayudar analizar el juego y hacer preguntas de tal modo que piense qué podría cambiar la próxima vez le ayudará a plantearse nuevos retos, a conocer lo que ha hecho bien y lo que puede mejorar.

Educar en el esfuerzo y en la constancia: procurar marcar otros objetivos del juego que no sean solamente el ganar, así como reconocer el mérito del que se esfuerza, del que mejora: “Hemos perdido el partido, pero hoy te has esforzado mucho…”.

Enseñar a jugar limpio: estableciendo normas claras y respetándolas (a estas edades convienen juegos con pocas normas) e intentar no cambiarlas.

Elogiar para saber perder sin enfadarse: reforzar la actitud de nuestro hijo cuando pierda y no se muestre enfadado, continuar jugando con ello: “Qué bien jugar juntos sin enfadarnos porque uno pierde o gana, me lo estoy pasando muy bien, hacemos otra partida?; dejarle escoger un juego, etc. Asimismo, poner límites cuando se enfade: no permitir agresiones físicas, verbales o con el material, explicarle que los rivales no son enemigos y pasar un buen rato es lo más importante.

Categoria
3-5 años, Ocio y TIC, Relaciones familiares y comunicación, Resolución de conflictos