¿Por qué llora mi hijo?

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El llanto es una forma de comunicación que se presenta de diferente manera en cada bebé: unos lloran intensamente; otros más suave; hay bebés que pueden llorar durante un periodo determinado del día de manera persistente; mientras que otros lloran de manera puntual para reclamar alguna cosa. Nuestro hijo llora para expresar sus inquietudes, sus emociones, las situaciones que le molestan y sus necesidades físicas: puede ser que tenga hambre, que quiera dormir, que esté cansado o que no se encuentre bien, y que necesite llamar nuestra atención para resolver aquello que le molesta y que por sí mismo no puede conseguir.

Aunque el llanto de nuestro hijo nos intranquilice y nos preocupe, poco a poco iremos aprendiendo a identificar por qué llora nuestro bebé y que nos quiere decir con cada tipo de lloro. Conocer cuáles son las causas más comunes que provocan el llanto en los más pequeños nos ayudará a afrontar con más calma los momentos de llanto.

El hambre o la sed

La criatura acostumbra a expresar de dos formas diferentes que tiene hambre o sed: si hace un par de horas que está dormido y, de repente, se despierta primero sollozando y después aumentando la intensidad del llanto, nos está indicando que quiere comer o beber. Otro modo con el que acostumbra a demostrar que tiene hambre o sed es cuando, ya despierto, empieza a abrir y a cerrar la boca, se acerca las manos a la boca o gira su cabeza hacia nuestras manos y, si se las acercamos a la cara, empieza a llorar. Si la tenemos en nuestros brazos, y tiene hambre o sed, en lugar de girar la cabeza en dirección a nuestras manos, buscará el pecho.

En ambos casos es recomendable darle de comer en el preciso momento en que se despierte y empiece a llorar, o bien podemos anticiparnos y darle el pecho o el biberón cuando nos percatemos que quiere mamar.

Los gases o cólicos

El dolor provocado por los gases o por los cólicos puede llegar a ser muy molesto para el bebé. El bebé que tiene gases o cólicos acostumbra a llorar después de comer, y lo hace de una manera inquieta y persistente: su llanto puede durar bastante tiempo y repetirse varios días de la semana.

En estos casos, podemos tranquilizar al niño acostándolo de espaldas, sujetándole los pies y moviéndole las piernas formando círculos, como si estuviera pedaleando en una bicicleta. De todos modos cada niño es diferente y deberemos encontrar la posición en la que se sienta más cómodo: recostado verticalmente sobre nuestro pecho, boca abajo sobre nuestro regazo o en nuestros brazos…

Con un suave masaje en la barriga también le podemos ayudar a expulsar los gases y a relajarse.

A medida que el niño vaya creciendo, estas molestias irán desapareciendo. Aunque, si los cólicos son persistentes es importante pedir consejo al pediatra.

El dolor

A veces, nos podemos dar cuenta de que la criatura llora de una manera diferente, y percibimos algo que nos indica que el niño no está bien: por ejemplo, si su llanto es intenso con cortos momentos de calma. En estos casos, es posible que el niño tenga dolor de oído, que le estén empezando a salir los dientes o que esté enfermo.

Para saber si es el dolor de oído lo que provoca el llanto, nos puede ayudar presionar la parte superior de la oreja un poco antes de llegar a la cavidad auricular. Si el bebé se queja más, puede ser indicativo de un problema de oído: será necesario ir al pediatra para que haga un diagnóstico apropiado.

Para descartar que el motivo del llanto sea debido a la salida de algún diente podemos pasar nuestro dedo por las encías del bebé, observando si hay algún indicio de dentición. Si fuese así, lo podemos tranquilizar ofreciéndole alguna cosa fría que se pueda poner en la boca –como un trapo húmedo o un mordedor–. Si no se le pasa, es importante que lo llevemos a un médico.

Tiene el pañal sucio

Algunos bebés toleran bastante bien estar un rato con el pañal sucio, pero otros se sienten muy incómodos y lloran inmediatamente para comunicarlo. Cuando el bebé llora, una de las primeras cosas que debemos comprobar es si tiene el pañal sucio y, si es así, cambiárselo.

El cansancio y el sueño

El bebé puede llorar porque está cansado o porque le cuesta coger el sueño. Es aconsejable llevarlo a la cama en cuanto bostece. También es importante ir adquiriendo ciertas rutinas: aunque al principio los horarios los regula el mismo bebé –acostumbra a tener un ciclo de sueño y de alimentación–, poco a poco lo iremos acostumbrando a unos horarios, intentaremos ponerlo en la cuna cada día a la misma hora y le ayudaremos a calmarse acariciándolo.

La incomodidad

El frío o el calor, la fiebre, o todo lo que puede molestar al bebé – como por ejemplo la etiqueta de la ropa, algunos tejidos que le molesten, algún pelo atrapado en su cuerpo que le produzca picor, etc.– pueden incomodar a nuestro bebé y provocarle el llanto.

En general, el bebé tolera mejor el calor que el frío: por ejemplo, puede llorar levemente cuando le cambiamos el pañal y lo limpiamos con una toallita húmeda, ya que puede sentir frío. En este sentido, antes de cambiarle el pañal está bien comprobar la temperatura de la habitación y asegurarnos que no pase frío.

También nos puede ayudar comprobar la temperatura del bebé para asegurarnos que no tiene fiebre, o desnudarlo un momento para comprobar que ni la ropa ni otras cosas le puedan causar malestar.

La estimulación

En ocasiones, el exceso o la falta de estímulos pueden desencadenar el llanto en los niños. En este sentido, debemos tener en cuenta que cada criatura es diferente: algunas necesitan estar activas y explorar el mundo que les rodea, mientras que otras prefieren la tranquilidad, y les puede incomodar la luz, el ruido o que las lleves de brazo en brazo. Poco a poco iremos descubriendo cuáles son las preferencias de nuestro hijo o hija: si creemos que está llorando porque necesita nuestra atención podemos jugar un rato juntos, pero si sospechamos que llora por un exceso de estimulación, procuraremos acompañarlo en un ambiente más tranquilo y relajado.

Miedo a lo desconocido

Desde sus primeros momentos de vida, el bebé comienza a identificar nuestro tono de voz, nuestras caricias, nuestro olor,… y va creando un vínculo afectivo intenso con las personas con las que acostumbra a estar más, asociando la presencia de estas personas a un entorno seguro.

Cuando la criatura se queda sola con una persona que no conoce es natural que llore, ya que en un primer momento puede encontrar a faltar ese entorno que la protege y en el que se encuentra segura: necesita tiempo para adaptarse a lo que le resulta extraño. Si necesitamos que un desconocido para el bebé le cuide, será necesario que esta persona actúe con serenidad y pueda responder adecuadamente a sus señales, satisfaciendo sus necesidades y mostrándole afecto para que el bebé se acostumbre poco a poco.

Asimismo, una situación inesperada, como podría ser un ruido repentino, luces, movimientos bruscos, cambios de temperatura, etc., también pueden asustarle y producirle inseguridad. Es importante intentar evitar este tipo de cambios repentinos e introducirlos paulatinamente. Si algún cambio súbito hace que empiece a llorar, podemos darle seguridad y calmarlo acariciándolo, hablándole y estando con él.

En todas estas situaciones, el chupete puede convertirse en una herramienta útil para calmar el llanto del bebé, ya que le ayudará a satisfacer su necesidad instintiva de mamar. A pesar de esto, se debe racionalizar su uso y evitar utilizarlo cada vez que llore, intentando buscar siempre cual es el motivo que ha provocado el llanto en el pequeño y aplicando una solución adecuada.

Durante los primeros días de estar con nuestro hijo es natural que el llanto de la criatura nos pueda causar cierta inquietud porque podemos sufrir por su bienestar. Poco a poco descubriremos porque llora nuestro hijo y que lo calma: todos nos iremos conociendo mejor.

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0-1 años, cuidados y seguridad, Relaciones familiares y comunicación, Resolución de conflictos, Salud