Prevenir, ¡el mejor remedio!

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A nivel general durante los primeros doce meses de vida deberemos tener presentes algunas recomendaciones:

  • No dejaremos nunca solo al niño en un lugar desde el que se pueda caer, como por ejemplo encima de la cama, del cambiador, etc. Los bebés, desde muy pequeños, se desplazan ligeramente con el movimiento de sus extremidades.
  • Cuando le cambiemos los pañales, la ropa… será importante mantener el contacto físico todo el tiempo con el niño, habiendo preparado con anterioridad todo lo que necesitemos para poderlo tener a mano.
  • A la hora de escoger la ropa con la que vestiremos a nuestro bebé, es importante optar por ropa flexible, apropiada para el cuerpo de nuestro bebé, y evitar el exceso de piezas de vestir para favorecerle el movimiento y ahorrarle posibles tropiezos.
  • Si viajamos en coche, no llevaremos la criatura en brazos. En cada franja de edad adoptaremos las medidas de sujeción apropiadas, utilizando los sistemas de retención infantil homologados según la normativa vigente y adecuados al peso y a la estatura del niño.

Además de estas medidas de seguridad generales, debemos tener presentes otras medidas más específicas relacionadas con la edad del niño y su proceso de desarrollo.

De los cero a los tres meses de edad

En esta primera etapa el niño acostumbra a no exponerse a demasiados riesgos, ya que su movilidad es aún demasiado reducida y se pasa mucho tiempo durmiendo. Durante las primeras semanas, la posibilidad de que la criatura se arañe sin querer o el ahogo acostumbran a ser los principales riesgos que debemos tener en cuenta.

Las principales medidas de prevención que deberemos adoptar serán:

  • Cortarle las uñas cuando las empiece a tener largas: cuando son pequeños las uñas les crecen muy rápidamente.
  • Evitar que duerma con cojines o con otros objetos o tejidos que puedan suponer un riesgo de ahogo. Si queremos evitar que el niño se dé golpes mientras duerme o mientras está en la cuna, podemos encontrar protectores de barrotes que se atan a la propia cuna y que quedan bien asegurados.
  • Algunos bebés pueden atragantarse durante la lactancia, ya sea porque cogen el pecho o el biberón con muchas ganas, o porque succionan fuertemente, o porque la tetina del biberón no es la apropiada –demasiado grande– y esto hace que el bebé deba hacer un esfuerzo para succionar de forma continuada, o porque el niño tiene la cabeza demasiado hacia atrás durante la lactancia.

De los tres a los seis meses de edad

Durante estos meses los niños comienzan a investigar el mundo que los rodea, y la principal manera que tienen de hacerlo es llevándose las cosas a la boca, preparándose así a la vez para la dentición. El principal riesgo al que se exponen es el ahogo.

  • Será importante evitar que tengan a su alcance objetos de piezas pequeñas, desmontables o que se puedan tragar.
  • Ahora el niño ya empieza a moverse de manera voluntaria, con lo cual el lugar más recomendable para los ratos de juego y de exploración será el suelo. Disponer de un colchón firme y poco grueso que favorezca los cambios posturales del niño –las alfombras son menos higiénicas– puede ser una opción adecuada.

De los seis a los doce meses de edad

Entre los siete y los diez meses las criaturas acostumbran a aprender a gatear, o intentan moverse sentadas deslizando el culo, la barriga, etc. Es una etapa caracterizada por el desplazamiento. En estos momentos también pasan por una fase intensa de descubrimiento de su entorno, mostrando curiosidad e intentando tocar lo que tienen a su alcance. Los riesgos más habituales a los que se exponen son golpes, calambres y caídas. Algunas de las medidas de prevención que podemos adoptar son:

  • Proteger los enchufes utilizando las tapas de seguridad e intentar que tanto las tomas de corriente como los cables, los alargadores eléctricos, etc. no estén a su alcance –los niños acostumbran a sentir mucha curiosidad por averiguar qué pasa cuando ponen los dedos en los agujeros–.
  • Intentemos mantener las ventanas y los balcones cerrados si suponen un riesgo de caída para la criatura, y no dejarle sillas cerca, ya que se podría subir a ellas.
  • Si tenemos escaleras en casa podemos instalar en ellas puertas o barandillas de seguridad.
  • Intentaremos no dejar objetos pesados encima del mantel, de las toallas o en algún sitio parecido que el niño pueda estirar, haciendo que el objeto le caiga encima.
  • Huyamos del uso de caminadores, ya que no facilitan el desarrollo natural del niño y favorecen el riesgo de que se golpeen.

Junto con las diferentes medidas físicas de seguridad, también será importante cuidar de la seguridad afectiva y emocional del niño, es decir, procurar que se sienta querido, que perciba que le prestamos atención y que mantenemos con él una relación estrecha basada en el afecto y el respeto. Esta seguridad la conseguirá gracias al vínculo afectivo firme y profundo con las personas que le cuidamos. 

Categoria
0-1 años, cuidados y seguridad, Salud