Seguridad y libertad de movimiento

La seguridad de nuestros hijos es un aspecto que tenemos muy presente las familias, sobre todo cuando nuestro hijo ya es capaz de desplazarse con independencia, manipulando lo que encuentra a su alrededor con facilidad.

Esta independencia le ayuda a aprender, a desarrollar sus habilidades, a conocer y a sentir curiosidad. Pero, al mismo tiempo, también somos conscientes que esta capacidad de autonomía hace que esté expuesto a diversos peligros que debemos prevenir en la medida adecuada, sin restringir su motivación innata para continuar realizando sus descubrimientos. Garantizar un entorno seguro, estar atentos a los niños y ofrecerles un espacio adaptado nos ayudará a conseguirlo.

Garantizar un entorno seguro

Para garantizar un entorno seguro es necesario adoptar las medidas de seguridad apropiadas, revisarlas de tanto en tanto y adecuarlas al momento evolutivo de nuestro hijo. Por ejemplo, durante el primer año de vida, la mayoría de accidentes infantiles se producen en la casa y uno de los más habituales es la asfixia. Vigilar que no se pueda poner objetos demasiado pequeños en la boca o, por ejemplo, evitar dejar objetos en la cunita son dos de los consejos para prevenir las lesiones durante el primer año de vida.

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A partir del momento en que el niño empieza a caminar y a tocarlo todo, las caídas, las quemaduras y las intoxicaciones se convierten en algunos de los accidentes más habituales. Así pues, algunas de las medidas de seguridad que se deben adoptar a partir de la edad de un año son:

  • No transportar recipientes con líquido caliente por la casa cuando podríamos tropezar con el niño, ni tampoco dejarlos a su alcance –por ejemplo, encima de la mesa–.

  • Evitar que pueda tener acceso a utensilios y objetos que puedan resultar peligrosos (cerillas, encendedores, tijeras, cuchillos, etc.).

  • Ser cuidadosos con el orden en la casa y no dejar objetos, juguetes, etc., tirados por el suelo con los que se pueda tropezar.

  • Barrer bien si se ha roto algún vaso, plato u objeto de porcelana, envolver los cachitos antes de tirarlos a la papelera y volcarlos al contenedor tan pronto como nos sea posible.

  • Mantener los aparatos eléctricos de la casa en buen estado.

  • Poner alfombras antideslizantes en la bañera y no dejar solo al niño.

  • Etc.

Sin embargo, así como durante el primer año de vida del niño los accidentes más comunes se acostumbran a producir en la casa, a partir del año aumentan los accidentes en la calle o en otros espacios exteriores, como por ejemplo el jardín o el parque.

En este sentido, conviene que enseñemos a nuestros hijos a utilizar adecuadamente los equipamientos del entorno –por ejemplo, sentarse bien en los bancos, utilizar el columpio para columpiarse, etc.–. Si el niño ve que nosotros utilizamos las cosas como se debe, él también lo hará. También es importante que los adultos le expliquemos cuáles son aquellas cosas que pueden provocar un accidente, cómo manipular los objetos para no hacerse daño, o cuáles son las cosas que no se deben tocar.

Además, en estos espacios, también coincidirá con otras personas y esto lo debemos explicar bien, por ejemplo, explicándole que se debe mirar antes de bajar por el tobogán porque sino podría hacer daño a otro niño y también se podría hacer daño él mismo.

Estar atentos a los niños

La curiosidad de los niños no tiene límites y cualquier distracción de sus cuidadores puede acabar en un accidente. A los niños les debemos prestar atención, ya que necesitan supervisión mientras jugamos y mientras exploran, aunque no debemos interrumpir sus actividades (siempre y cuando sean seguras).

Estar atentos a nuestros hijos y dedicarles tiempo es importante no solo para prevenir posibles riesgos, sino que les estaremos ofreciendo la seguridad que necesitan para continuar explorando y poniendo en juego sus habilidades.

Un espacio adaptado a los niños de casa

Al margen de garantizar un entorno seguro y de estar atentos a los niños velando por su seguridad, en casa podemos crear espacios pensados expresamente para ellos. Por ejemplo, dejar un colgador donde pueda llegar con facilidad para dejar su ropa o, en el comedor, una mesa y una silla de su altura para jugar, comer, etc. En los pasillos, en su habitación o allá donde lo consideremos apropiado, algunas estanterías con sus juguetes, a las que pueda acceder fácilmente, en lugar de guardarlas, por ejemplo, en un cajón donde se puede pillar los dedos. Un espejo con el cepillo en el lavabo de manera que no se tenga que subir para peinarse, etc.

Adaptar los espacios de casa a nuestros hijos, además de minimizar los posibles riesgos (por ejemplo, es más probable que se le caiga la jarra de agua si se tiene que estirar para cogerla de una mesa alta, que si la puede coger fácilmente), favorecerá su autonomía, su libertad de movimiento y hará que se enriquezca con las experiencias que la vida cotidiana ofrece.

 

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1-3 años, cuidados y seguridad, Revisats, Salud