Todos los bebés son diferentes ¿Cómo nos adaptamos a nuestro hijo?

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Desde el momento en que nacen, todos los niños y niñas son diferentes. Y es que ya desde el momento de la gestación, la relación que los padres establecemos con el futuro bebé incidirá en su desarrollo y en su personalidad

Desde su nacimiento, cada niño y cada niña responden de manera diferente a los estímulos que reciben. Existen niños más tranquilos o más activos que otros, bebés que duermen muchas horas y otros a los que les cuesta más relajarse y conciliar el sueño, etc. En este sentido, el tipo de actividad o la forma en que las llevamos a cabo pueden generar una respuesta diferente según cada niño.

Es importante procurar adaptarnos a las características de nuestro hijo.

Así, pues, es importante observarlo y aprender a entenderle. Para hacerlo, necesitaremos afecto y paciencia, tener en cuenta cómo nosotros mostramos estos sentimientos y cómo los percibe nuestro hijo, conocer sus ritmos, lo que le gusta y lo que no… Si tomamos en consideración estos elementos, podremos ofrecerle una atención más individualizada, y él podrá asimilar más fácilmente lo que le ofrezcamos, lo que le pidamos y lo que le enseñemos.

Cada criatura es única

A la hora de ser padres, un aspecto importante a tener en cuenta es que conviene procurar adaptarse a las características de nuestro hijo. A medida que compartimos tiempo y actividades con el bebé, nos iremos conociendo más y mejor. Descubriremos cómo el niño reacciona frente a nuevas situaciones, aprenderemos sus gustos y disgustos… Aceptar a nuestros hijos tal como son nos ayudará a desarrollar una mejor relación con ellos.

La relación que establecemos con ellos, así como los estímulos que les proporcionaremos jugarán un papel importante en su desarrollo. En este sentido, no es aconsejable forzar a los niños a hacer cosas para las que no estén preparados. Con esto no queremos decir que no sea necesario estimularlos, sino que habrá que ofrecerles un entorno en el que puedan descubrir nuevos estímulos, espacios seguros y libres de obstáculos donde se puedan mover en libertad, mientras que nosotros reforzamos los logros que van consiguiendo, reconociendo su esfuerzo y respetando su ritmo de desarrollo.

Pero también se parecen entre ellas

Aunque cada criatura es única, también hay aspectos que acostumbran a ser parecidos, como la importancia de las rutinas para los más pequeños, los hábitos y los rituales, especialmente durante el primer año.:

  • La alimentación (horario, lugar, tipo de comida, etc.)
  • El baño (horario, lugar, etc.).
  • La hora de irse a dormir.
  • Los juegos que hacemos juntos.
  • Las salidas (por ejemplo, al parque).
  • Cómo hablamos con ellos

En este sentido, es recomendable intentar mantener unas rutinas diarias por lo que respecta a los horarios de las comidas, el baño, las salidas y el sueño. Aunque no siempre será posible, lo podemos hacer de forma flexible, procurando aportarle seguridad al bebé para que pueda asociar, por ejemplo, los momentos de relajación y de dormir.

Todas estas rutinas pasarán a formar parte de la dinámica familiar y será importante intentar hacer la adaptación a la nueva situación de forma gradual. Tener en cuenta las características de nuestro hijo, así como las nuestras y las del resto de la familia a la hora de plantearnos la adaptación nos ayudará a hacer que la incorporación de estos cambios en la dinámica familiar sea más asumible para toda la familia.

Categoria
0-1 años, Desarrollo y aprendizaje, Relaciones familiares y comunicación, Revisats