Trastornos del sueño infantil: Mi hijo no duerme

El sueño infantil puede estar condicionado por diversas variables. Por ejemplo, una falta de hábitos adecuados antes de ir a dormir puede provocar que a nuestro hijo le cueste coger el sueño. En este caso, será necesario iniciar un proceso de rutina basado en actividades que ayuden a la criatura a identificar que ha llegado el momento de ir a dormir: que se cepille los dientes, que lo acompañemos a la cama, que le leamos un cuento, etc.

Otra de las posibles causas por las que le cueste dormirse o que hagan que se despierte a menudo durante la noche pueden ser los cambios que haya experimentado, como el inicio de la escuela o el ingreso de un familiar en el hospital. En este caso será importante acompañarlo al máximo con esta vivencia, dedicándole tiempo, conversando con él y ayudándole a expresar sus sentimientos, normalizando la situación: “Entiendo que estés triste porque el abuelo está en el hospital. Pero los médicos lo están cuidando y nos han dicho que en unos días volverá a casa…”, “Entiendo que estés un poco nervioso. Durante los primeros días de escuela conoces a muchas personas nuevas… a mamá también le ocurrió cuando empezó en su nuevo trabajo…”, etc.

Si a pesar de ello no conseguimos resolverlo y los problemas de sueño de nuestro hijo se mantienen, será necesario que un especialista evalúe la situación: el niño puede estar padeciendo un trastorno del sueño.

¿Qué son los trastornos del sueño?

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Si nuestro hijo padece un trastorno del sueño, le costará dormirse o mantener el sueño durante la noche.

Como apuntábamos, los trastornos del sueño pueden ser consecuencia de algo que está afectando al núcleo familiar o bien al niño, por consiguiente, es algo relacionado con el bienestar del sujeto o del conjunto.

Sea cual sea la causa del trastorno del sueño del niño, este acostumbra a repercutir y a alterar el sueño de todos los miembros que conviven en el hogar.

Un buen descanso resulta imprescindible para poder gozar de un buen estado de salud. Y cuando un niño no descansa bien, conocer los trastornos del sueño más frecuentes nos puede ayudar a identificar cuál es el motivo de su malestar.

Indicadores de los trastornos del sueño infantil

Algunos de los señales que nos pueden indicar que nuestro hijo no descansa bien son:

  • Se despierta con frecuencia por las noches.

  • Se muestra agitado, cansado, nervioso o malhumorado en los periodos de vela: los problemas de sueño acostumbran a afectar la conducta del niño durante el día.

  • Mientras duerme, presenta dificultades a la hora de respirar o su respiración es muy ruidosa.

  • Le cuesta coger el sueño por la noche.

  • Necesita hacer la siesta cada día. Aunque cada niño es diferente y, por consiguiente, también lo son las necesidades de sueño, en esta franja de edad no es muy habitual que necesite dormir después de comer. Por ello, si un niño de esta edad necesita hacer la siesta a diario, puede ser que no esté descansando bien por las noches.

Los trastornos del sueño más habituales en los niños: Las disomnias y las parasomnias

Las disomnias y las parasomnias son los trastornos del sueño más frecuentes durante la infancia.

Las disomnias se asocian con la dificultad de coger el sueño, de mantenerlo o de padecer una somnolencia excesiva –el niño se muestra muy cansado, agotado, necesita dormir con frecuencia, o cuando duerme, lo hace durante periodos muy largos–.

Las disomnias están, pues, relacionadas con la cantidad, la calidad y el horario del sueño.

Las parasomnias, en cambio, se producen mientras que el niño duerme. Se trata de episodios esporádicos de vela de los que el niño es más o menos consciente. Un niño con parasomnia se despertará por las noches.

Las parasomnias pueden resultar habituales en la infancia –a veces por la intensidad con la que el pequeño ha vivido el transcurso del día y debido al gran nivel de actividad durante la jornada– pero acostumbran a desaparecer a medida que se va haciendo mayor.

Tipos de disomnias

Existen diversas disomnias, como la apnea del sueño, relacionada con dificultades de respiración, o la narcolepsia, caracterizada por una somnolencia excesiva durante el día. La disomnia más habitual en la edad infantil es el insomnio.

El insomnio provoca dificultades a la hora de coger el sueño o de mantenerlo –el niño se desvela por la noche o se despierta muy pronto por la mañana–. A pesar de todo, esta afectación del sueño puede ser puntual, es decir, es posible que el pequeño acostumbre a dormir bien, pero que durante un tiempo presente estos síntomas, que se pueden alargar más o menos en el tiempo.

Existen diversas causas que explican el insomnio infantil esporádico o más permanente:

  • Malestar físico: dolor de barriga, dolor de oreja, fiebre, etc.

  • Ausencia de buenos hábitos del sueño o de rutinas para ir a dormir en etapas anteriores.

  • Cambios en sus rutinas de sueño, como los cambios en la dinámica familiar, que hacen que ahora duerma peor.

  • Conflictos emocionales, como la inseguridad o trastornos del vínculo afectivo.

El insomnio es un trastorno grave puesto que impide que el pequeño descanse adecuadamente y, por consiguiente, se muestre cansado durante el día o presente problemas de concentración.

Tipos de parasomnias

Las parasomnias pueden ser diversas en función de la fase del sueño en que se producen:

  • En el momento de despertar: sonambulismo, terrores nocturnos, etc.

  • En el momento de coger el sueño: sobresaltos durante el sueño, somniloquia –hablar, reír, gritar o llorar en cualquier fase del sueño–, etc.

  • Mientras el niño duerme, como las pesadillas.

  • Otras parasomnias: bruxismo –rechinar los dientes de forma inconsciente en estados de sueño o de vela– enuresis nocturna –micción nocturna involuntaria durante periodos continuados cuando el niño ya ha aprendido a ir al lavabo, tanto de día cómo de noche, o si en torno a los seis años todavía no ha sido capaz de controlar el pipí por las noches, etc. 

Las causas de las parasomnias pueden ser tanto genéticas como contextuales –factores puntuales que están afectando al sueño del niño–. Por ejemplo, el malestar –como tener fiebre–, los miedos o una estimulación excesiva antes de ir a dormir pueden favorecer la aparición de parasomnias o que estas sean más frecuentes.

Les parasomnias más frecuentes en la infancia son:

El sonambulismo

El niño que presenta sonambulismo realiza actividades motoras –caminar, ir al lavabo, lavarse las manos, limpiar algo, etc.– de forma inconsciente y mientras está durmiendo. En general, es difícil despertar a un niño sonámbulo porque no percibe las interacciones del entorno y acostumbra a volver a la cama cuando finaliza la tarea iniciada por iniciativa propia. Al día siguiente, de hecho, no recordará lo que ha hecho por la noche.

Las criaturas sonámbulas no suponen ningún peligro para el resto de personas con las que conviven. De todos modos, sí corren el riesgo de hacerse daño –pueden subir o bajar escaleras, abrir puertas o ventanas, etc.– o manipular objetos peligrosos, como cuchillos, estufas, etc. En este sentido, es importante tomar medidas de prevención en el hogar para evitar riesgos innecesarios.

Los terrores nocturnos

Cuando un niño vive un episodio de terror nocturno, acostumbra a gritar de repente. Se despierta inconscientemente –desorientado, sin reconocer a las personas de su alrededor– y se muestra aterrado –con sudoración, taquicardia o hiperventilación–. Pasados unos minutos, el niño se duerme tranquilamente sin reconocer al día siguiente lo que ha sucedido.

Al desconocer el niño lo que está sucediendo a su alrededor y debido a la brevedad del episodio, los adultos que le acompañamos no podemos hacer prácticamente nada, salvo estar presentes.

Las pesadillas

La principal diferencia entre las pesadillas y los terrores nocturnos –al margen de que los primeros se producen mientras que la criatura duerme mientras que los segundos tienen lugar cuando se acerca el momento de despertarse– es que cuando una criatura tiene una pesadilla suele recordar en la mayoría de los casos el desagradable episodio vivido.

Otro elemento significativo es que las pesadillas no provocan unas reacciones físicas tan intensas como los terrores nocturnos.

Si el niño tiene pesadillas, convendrá buscar aquellas estrategias que pensamos que le pueden ayudar a tranquilizarse, como explicarle que lo que sueña no es real, reconfortarlo con palabras y afecto, dejar la puerta de su habitación abierta y, sobre todo, transmitirle seguridad.

Si el niño presenta dificultades para dormir, no descansa bien o sospechamos que puede sufrir algún trastorno del sueño, es importante consultarlo con el pediatra o con otros especialistas en medicina del sueño, como los psicólogos especializados.

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3-5 años, cuidados y seguridad, Revisats, Salud