Vacunas: ¿Qué son y para qué sirven?

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Las vacunas son unos preparados que hacen que el organismo produzca anticuerpos, unas defensas específicas con capacidad de reconocer sustancias nocivas para el organismo y actuar contra ellas. Los anticuerpos nos permiten hacernos inmunes a las enfermedades de las que nos vacunamos. De ahí que las vacunas sean una forma eficaz de proteger la salud de los niños, previniendo el contagio de infecciones y enfermedades.

Algunas vacunas que se nos suministran durante la infancia nos protegen toda la vida, mientras que existen otras que se deben administrar en dosis sucesivas o de recuerdo según intervalos de tiempo para mantener los niveles de anticuerpos. Esto se debe a que algunos anticuerpos disminuyen con el tiempo.

¿Cuáles son las vacunas existentes?

Una de las formas habituales de clasificar las vacunas es en función de su indicación, es decir, si son recomendadas para todo el mundo o si solo se aconsejan para determinadas personas. En función de este criterio, podemos diferenciar entre vacunas sistémicas y vacunas no sistémicas.

Vacunas sistémicas

Aunque su administración no sea obligatoria, las vacunas sistémicas son muy recomendables para toda la población a partir de la edad infantil, por la gravedad de las enfermedades que tratan de prevenir. El coste de las vacunas sistémicas acostumbra a ser financiado por la administración.

Para saber cuándo tendremos que vacunar a nuestro hijo, podemos pedir su calendario de vacunaciones en el centro de atención médica de referencia o al pediatra. Algunas administraciones públicas también disponen de aplicaciones que nos ayudan a hacer el seguimiento y el control del calendario de vacunaciones de toda la familia. El calendario de vacunaciones es la secuencia cronológica de las vacunas que se administran sistemáticamente, y la establece la administración de cada país. Los calendarios de vacunaciones se pueden modificar por la aparición de nuevas vacunas, la creación de combinaciones de vacunas –preparados que combinan varias vacunas y que protegen contra más de una enfermedad– y los cambios epidemiológicos.

Gracias a la vacunación sistemática, algunas enfermedades, como el sarampión o la rubeola, están en proceso de desaparición en los países desarrollados. En este sentido, conviene tener presente que las vacunas no solo aportan un beneficio individual sino también un beneficio colectivo, en la medida en que permiten evitar epidemias y contagios, pudiendo cortar la transmisión de gérmenes entre las personas.

Actualmente las vacunas sistemáticas que se administran a la población infantil son la de la Meningitis C, la Hepatitis B, la DPT (difteria, tétanos y tos ferina), la Poliomielitis, la Haemophilus Influenzae –que puede causar enfermedades como la meningitis o la neumonía– y la Triple Vírica –sarampión, rubeola y parotiditis–.

Vacunas no sistémicas

Las vacunas no sistémicas son las vacunas que solo se aconsejan a determinadas personas o grupos de población de acuerdo con determinadas situaciones o circunstancias que les puedan afectar. Se aplican tanto a los niños como a los adultos. Las más conocidas son la vacuna antigripal, la vacuna antineumocócica –para prevenir enfermedades como la meningitis o la pulmonía–, la vacuna contra el rotavirus –el virus causante de la gastroenteritis– y la vacuna de la varicela, implantada en el calendario de vacunaciones de determinados territorios.

Los profesionales sanitarios anotarán las vacunas administradas al niño en su carnet de salud y en su historia clínica.

¿Qué reacciones pueden provocar?

Las principales reacciones adversas detectadas que las vacunas pueden provocar son:

  • Enrojecimiento, inflamación o dolor, principalmente en la zona donde se ha inyectado la vacuna.
  • Febrícula posterior a la vacunación. Estamos hablando de una temperatura corporal superior a 37°C pero inferior a 38°C durante un periodo no superior a 24 horas. En el caso de la vacuna Triple Vírica, suele aparecer entre los cuatro y los quince días después de la vacunación.

También pueden existir determinadas contraindicaciones –riesgo de reacciones adversas frente a la administración de la vacuna–. Por ejemplo, las vacunas están contraindicadas en los niños con enfermedades graves, y determinadas vacunas no se deben administrar durante el embarazo.

Si el bebé es prematuro no está contraindicado vacunarlo: del mismo modo que con los demás niños, a la hora de administrarle las vacunas lo tendremos que hacer de acuerdo con su edad.

Aunque el número de reacciones adversas y de contraindicaciones confirmadas pueda ser limitado, nosotros seremos quienes tomemos la decisión de vacunar o no vacunar a nuestro hijo.

Los profesionales sanitarios nos pueden orientar en cada caso, en función de las particularidades de cada familia.

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