¡Aprendamos a mover el cuerpo!

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La libertad de movimientos le permite al niño descubrir, experimentar, explorar y ser cada vez más autónomo: por ello es tan importante el desarrollo de sus habilidades motrices, es decir, las capacidades que tiene el niño de mover su cuerpo o partes del mismo.

Cuando hablamos de habilidades motrices podemos distinguir dos grandes áreas: la motricidad fina, es decir la capacidad de realizar pequeños movimientos que requieren precisión –como hacer la pinza con los dedos–, y la motricidad básica o global que le permite al niño realizar movimientos más amplios, como caminar o correr.

En este artículo nos centraremos en las habilidades motrices básicas, en los logros que realiza el niño a nivel motriz durante sus primeros años de vida, y os presentaremos algunas propuestas para facilitarle al niño un entorno estimulante y rico que contribuya al desarrollo de estas habilidades.

¿En qué consisten las habilidades motrices básicas?

Las habilidades motrices básicas –o motricidad básica– se refieren al control que el niño tiene sobre su cuerpo en un sentido global y amplio, referidas a la postura y la movilidad. Por motricidad básica entendemos aquellas acciones que integran la totalidad del cuerpo, coordinando desplazamiento, movimientos de las diversas extremidades y equilibrio con los demás sentidos. Caminar, correr, rodar, saltar o girar son algunos ejemplos de motricidad básica.

¿Cuándo se desarrollan las habilidades motrices básicas?

Las adquisiciones motrices más relevantes se producen durante los primeros años de vida. A medida que el niño crezca las irá perfeccionando y desarrollando, pero siguiendo un ritmo más pausado y de forma más espaciada en el tiempo.

¿Qué se necesita para el desarrollo de la motricidad?

Como sucede con cualquier otra habilidad, el desarrollo motriz se lleva a cabo de forma gradual, y en él intervienen varias capacidades del niño. Por ejemplo, el momento en que nuestro hijo da los primeros pasos acostumbra a ser un momento esperado por todos. Nos hace ilusión puesto que a nivel motriz nos confirma que la evolución es la esperada, y esta le permite ampliar sus posibilidades de interacción con el mundo. Nuestro hijo ha dedicado muchos esfuerzos hasta conseguir caminar: ha descubierto su cuerpo, lo ha controlado, ha ejercitado su musculatura, ha experimentado coordinando sus movimientos con la vista, ha conseguido mantener el equilibrio…

El desarrollo de las habilidades motrices durante el primer año

Durante su primer año de vida el niño ya habrá conseguido diferentes logros a nivel motriz, como por ejemplo mantener la cabeza derecha, permanecer sentado o andar a gatas, ya sea con el gateo típico o arrastrando el trasero.

Finalizado este período y con su primer cumpleaños, es posible que nuestro hijo se ponga de pie y dé sus primeros pasos.

A partir de los 12 meses: Inicio de la marcha

A partir del primer año, el niño va teniendo más fuerza en las piernas, en la planta del pie y en su musculatura en general.

Si nuestro hijo todavía no camina o no se tiene en pie sin ayuda –aunque con cierta dificultad– pronto será capaz de hacerlo. Debemos tener presente que cada niño es único: algunos dan los primeros pasos alrededor del año, otros a los quince meses, otros a los dieciocho… Si este tema nos preocupa, especialmente si el niño ya ha cumplido los dieciocho meses y todavía no camina, el pediatra nos ayudará a valorar si su desarrollo es el adecuado.

Los niños que caminan a los doce meses acostumbran a hacerlo sin mucha estabilidad, con las rodillas ligeramente dobladas hacia fuera, intentando mantener el equilibrio, dejando el peso de la cabeza un poco hacia delante, y cogiéndose a los muebles o a las personas que le rodean. Pero, precisamente porque cada niño es diferente, algunos pueden soltarse y caminar sin ayuda.

Otro movimiento habitual en esta franja de edad es la capacidad para agacharse y levantarse. Cuando el niño ya ha conseguido ponerse en pie pronto empezará a agacharse para recoger objetos del suelo con mucha facilidad. A lo mejor haciendo esto puede caerse. Para incorporarse acostumbrará a separar las piernas, a apoyar las manos en el suelo y levantando el culo hacia fuera hasta conseguir ponerse en pie.

Cuando empiece a caminar el niño descubrirá las numerosas posibilidades que le ofrece su cuerpo y querrá afrontar nuevos retos. Por ejemplo, pasará de caminar sujetándose a hacerlo solo, y puesto que sus posibilidades de desplazamiento le permitirán un mayor conocimiento del espacio, se despertará su curiosidad por la altura: sentirá atracción por subirse a los sitios, subir escaleras a gatas, intentará subirse al sofá…

Los juegos y los movimientos que le permitan experimentar con su cuerpo le entusiasmarán, contribuyendo así a su desarrollo: le gustará jugar a pelota, aunque acostumbre a caerse cuando la chute, querrá arrastrar objetos mientras camina, bailar, intentar caminar hacia atrás o iniciar la carrera –cuando empiece a correr lo hará con las piernas separadas y con torpeza–.

Hacia los 24 meses: Perfeccionando el movimiento

Ahora la postura y los movimientos del niño ya empiezan a tener una carácter muy personal, mientras que sus habilidades motrices siguen en fase de perfeccionamiento y consolidación. El niño ya salta, hace prácticas de equilibrio –por ejemplo, intentando sostenerse en un pie durante algunos segundos–, corre y baila más rápidamente y con más soltura, disfruta dando vueltas sobre sí mismo, chuta la pelota con mayor precisión… También aprende a subir y bajar escaleras solo: primero se apoya en la barandilla y pone los dos pies en el mismo peldaño hasta conseguir alternarlos. Al principio le resultará más fácil subir escaleras que bajarlas.

Actividades como caminar sobre líneas marcadas en el suelo, jugar a pelota o saltar encima de unos colchones, correr juntos, caminar de puntitas, inventarnos un baile para mover las diferentes partes del cuerpo, arrastrarnos con nuestro hijo por el suelo imaginando que atravesamos túneles o pasamos entre las piernas de alguien… beneficiarán su motricidad y desarrollo.

En la acción y el movimiento el niño pondrá en juego un conjunto de destrezas que irá más allá de las habilidades motrices. El movimiento le permitirá expresar emociones, descubrirse a sí mismo, descubrir el mundo que le rodea… Es algo que podemos potenciar tanto si le hacemos propuestas y realizamos actividades con él, como si le ofrecemos espacios amplios y seguros que le permitan moverse en libertad y despierten su curiosidad, como los espacios exteriores o alguna habitación amplia con diferente materiales –cuerdas, escalones, cojines, círculos…–.

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1-3 años, Artículos destacados, Desarrollo y aprendizaje