¿Cómo establecemos los vínculos afectivos?

En la creación del vínculo aquello que se pone en juego es la relación, vehiculada por el afecto y la comunicación. Una comunicación en el sentido más amplio, sensorial, con un gran peso de la comunicación no verbal –nuestros gestos, miradas, movimientos, etc.-.

La vinculación afectiva se desarrolla a través de la repetición de las situaciones de cuidados. Hay tres momentos que son especialmente importantes: en la alimentación, en el llanto, y en el estado de vigilancia cuando se duerme, antes de coger el sueño. Nuestro hijo nos activa y comunica sobre todo con el llanto y la sonrisa, desde muy pequeño.

Para un desarrollo afectivo sano conviene que en los momentos de cuidados atendamos al bebé con sensibilidad y de forma respetuosa.

Para cumplir funciones básicas de la familia como por ejemplo la supervivencia y seguridad emocional, el vínculo emocional tiene cuatro manifestaciones fundamentales:

  • Buscar y mantener la proximidad.
  • Ofrecer resistencia a la separación y protestar si esta se da.
  • Emplear la figura de vínculo emocional como la base desde donde explorar el mundo físico y social.
  • Sentir seguridad buscando en la figura de vínculo emocional el bienestar y el apoyo que necesita.

¿Cómo podemos favorecer el vínculo afectivo seguro?

  • Favoreciendo una relación recíproca, de comunicación y expresión de sentimientos, reconociendo las emociones de los niños y las nuestras, ayudando a nuestros hijos a expresar aquello que sienten.
  • Aportando modelos respetuosos de gestión de las emociones, por ejemplo reconociendo nuestros propios sentimientos.
  • Promoviendo vinculaciones basadas en el respeto, la empatía, la reciprocidad y la confianza en las capacidades del niño.
  • Aportando apoyo y estímulo afectivo verbalmente, expresando el amor por nuestros hijos y, sobre todo, con la comunicación no verbal: las caricias, las cosquillas, el juego…
  • Favoreciendo la gestión de los conflictos desde las capacidades y la autonomía personales, en función de su edad.

¿Cómo podemos mejorar la vinculación con nuestros hijos?

  • Escucha activa: escuchemos aquello que dicen, sienten y piensan con intensidad, atención y sin interrupciones.
  • Empatía parental: comprender a nuestros hijos y saber transmitirles esta comprensión. Por ejemplo, diciéndole “entiendo que llores porque estás triste”.
  • Resiliencia parental: confiando en nuestras competencias como madres, padres y cuidadores, reconociendo nuestros límites pero a la vez sintiéndonos capaces de afrontar las adversidades, etc.
  • Actitudes coherentes y predecibles.
  • Presencia física y actitudinal de los adultos en la vida diaria familiar.
  • Estilo educativo democrático, delegando responsabilidades en nuestros hijos, mostrándoles afecto, reconociendo sus sentimientos… pero a la vez sabiendo establecer límites.
  • Incrementar el tiempo de ocio compartido, por ejemplo compartiendo juegos y otras situaciones o experiencias que a nuestros hijos los gusten.
  • Buscar o crear los espacios necesarios para dar un mínimo de atención individualizada a cada hijodediquémosles tiempo.

Pensemos…

¿Tenemos momentos para estar con nuestros hijos? ¿Espacios más relajados donde se puede charlar de otro modo? ¿Donde se pueden hacer actividades de aquello que acostumbramos a hacer en el día a día? ¿Espacios especialmente pensados para disfrutar con nuestros hijos y reforzar los vínculos con ellos y entre toda la familia?

Categoria
0-1 años, 1-3 años, 3-5 años, Relaciones familiares y comunicación, Relaciones familiares y comunicación de 3 a 5 años