Con la expresión plástica… ¡Aprendemos, jugamos, nos comunicamos!

Para los niños la expresión plástica es, al mismo tiempo, un medio de comunicación, un proceso de aprendizaje y una actividad lúdica: mientras que el niño crea, pinta o modela, se comunica, al tiempo que, a través de una experiencia que le resulta gratificante y que ve como un juego, se va descubriendo a si mismo y el mundo que lo rodea.

La expresión plástica es, en conclusión, una necesidad vital del niño, y los adultos podemos ayudarle a descubrirla e incentivarle a experimentar con ella. En el momento de hacerlo, sin embargo, deberemos tener en cuenta en qué etapa evolutiva está el niño, adecuando las técnicas y los materiales que utilizamos a su momento evolutivo.

La expresión plástica, una herramienta para representar el mundo

En etapas anteriores el niño habrá descubierto y experimentado con materiales y técnicas diversas: habrá tocado los colores pintando con las manos, habrá sentido el tacto de diversas texturas, habrá manipulado plastilina o miga de pan, habrá rasgado papel… Después de haber pasado por una fase llena de descubrimientos, el niño empieza a realizar producciones plásticas que podemos identificar con más facilidad. A su manera, representa las cosas de su entorno –objetos, personas, figuras…– y les puede poner nombre. Esto es posible porque, poco a poco, está mejorando sus habilidades –observación, concentración, orientación espacial– asocia ideas, clasifica la realidad, cambia su manera de percibir el mundo, sus emociones y cómo lo representa mentalmente, tiene más precisión al utilizar las herramientas y en el uso de sus habilidades manuales, lo que le permite realizar producciones más elaboradas. En definitiva, la manera de comunicarse y de expresarse se relaciona con su nivel de maduración y de desarrollo, lo que hace que vaya necesitando herramientas cada vez más sofisticadas que le podemos facilitar.

Entre los tres y los cuatro años es el momento apropiado para introducir utensilios que le permitan jugar con el color, como pinceles, esponjas, tizas, rotuladores y lápices de colores. Las tijeras de punta redonda y las masas como el barro, que hasta ahora le resultaba demasiado duro, le aportarán nuevas posibilidades para modelar o realizar creaciones con papel.

La mayor coordinación mano-ojo también le permitirá descubrir nuevas técnicas de expresión plástica como el collage o la estampación sobre un mural hecha con patatas, corcho, hojas, etc.

Entre los cuatro y los cinco años el niño descubrirá el concepto de espacio y de volumen. En esta etapa podemos motivarlo a que utilice pastas para modelar o material reciclado para crear figuras tridimensionales: una máscara de yeso, un coche hecho con una caja de cartón y unos botones… Sus dibujos serán cada vez más elaborados y más ricos en detalles, y también se irán pareciendo cada vez más a lo que quiere representar.

A partir de los cinco años el niño empezará a consolidar sus dotes artísticas y, poco a poco, nuevos lenguajes conquistarán su interés, como por ejemplo el lenguaje escrito y el lógico-matemático. También se puede empezar a despertar su curiosidad no solo por crear, sino también por observar, y descubrirá el placer de contemplar obras plásticas. En este sentido, es importante que le ofrezcamos la oportunidad de contemplar arte, ya sea a partir de situaciones cercanas al niño, aprovechando los recursos de la ciudad o del pueblo como estatuas o museos, mirando con él ilustraciones en casa…

Siete consejos para trabajar la expresión plástica

Aunque la edad del niño será un factor a tener en cuenta a la hora de presentarle varias propuestas de expresión plástica, también resultará importante atender su individualidad y respetar su evolución: en el ejercicio plástico influyen factores afectivos, emocionales, motrices y sociales relacionados con su proceso de maduración.

Para ayudar a los niños a trabajar la experimentación y la creatividad es importante que los adultos evitemos imponerles modelos. El hecho de indicar a los niños lo que deben hacer y cómo deben crear, dibujar o modelar, diciéndoles frases como “¿Por qué no copias este dibujo?”, ¿Y si tratas de pintar este otro? o “Intenta no salirte de la línea”, no favorece que el niño se exprese de forma genuina y original. Si lo que queremos es potenciar la creatividad del niño, será necesario darle libertad y tiempo permitiéndole que descubra nuevas herramientas para que se divierta:

 

  • Ofrecerle varios materiales, respetando sus preferencias –hay niños que prefieren trabajar con barro, a otros les gusta pintar, etc.– y evitando los excesos: no agobiemos al niño dándole mil posibilidades diferentes, dejemos que un día experimente con algunas cosas y más adelante con otras.
  • Facilitarle asimismo soportes variados: por ejemplo, una hoja de papel ofrece un espacio limitado y pequeño donde poder experimentar, y en esta etapa el niño necesita espacio: le podemos ofrecer, por tanto, elementos como cartulinas o papeles para embalar. A la hora de ubicar estos soportes, también conviene ir cambiando: los podemos poner encima de la mesa o pegados a la pared, a veces de forma horizontal y otras veces de forma vertical…
  • Dejar que sea el niño el que se apropie de los materiales y efectúe las acciones que desee. Nuestro papel será hacer de observadores, asegurándonos de que el niño dispone de los recursos necesarios y que se encuentra seguro, apoyando sus intereses. Aunque podemos orientarlo, es importante que evitemos dirigirlo. Por ejemplo, a veces el niño pinta por las sensaciones y la diversión que le produce el acto en sí, y el adulto, con toda la buena intención del mundo, lanza una batería de preguntas sobre su creación: ¿Qué estás dibujando?, ¿Es un sol?… Esto puede inducirle a tener que pensar en una respuesta que ni siquiera había previsto: está creando por el simple placer de crear. El diálogo con los niños con respecto a sus creaciones es importante pero es necesario dejarle espacio al niño mientras esté creando y dejar que termine su actividad.
  • Respetar su ritmo: Al igual que con cualquier otro aprendizaje, la expresión plástica requiere libertad y tiempo.
  • Valorar todas sus creaciones: Olvidémonos de nuestros gustos o criterios estéticos y felicitémosle por lo que hace. El niño se ha esforzado por crear y necesita nuestro reconocimiento. Una buena forma de proceder es colgar su dibujo en la nevera, sacarle una foto y ponerla como fondo de pantalla del móvil, etc.
  • Ofrecer un entorno adecuado: Tratemos de disponer de un espacio luminoso, ordenado, poniendo a su alcance el material que necesite.
  • Escuchar y preguntar: El niño debe saber que nos interesamos por sus producciones y que damos importancia a lo que ha hecho, porque una de las cosas que más desea es agradarnos. Esto lo conseguiremos estableciendo un diálogo con el niño mientras tenemos delante lo que él ha creado.
Categoria
3-5 años, Artículos recomendados, Desarrollo y Aprendizaje, Ocio y TIC, Relaciones familiares y comunicación, Últimos Artículos