Educar en positivo para ayudar a los niños a ser felices

La felicidad es compleja de definir. ¿Qué es para ti la felicidad?

Así cómo cada cual puede interpretar la felicidad de una manera diferente, ser feliz no siempre es sinónimo de buen humor, de alegría… sino quizás la felicidad va más relacionada con quererse y saber querer y, en definitiva, poder disfrutar de salud emocional.

Entonces, ¿cómo educar a nuestros hijos para que disfruten de este bienestar emocional?

Educar a los hijos en un ambiente saludable, cultivando relaciones positivas con ellos nos puede ayudar a conseguirlo. Algunas recomendaciones:

Educar con y en inteligencia emocional. Escuchar a los niños animándolos que expresen sus vivencias y reflexionando alrededor de qué resonancias nos generan en nosotros.
Intentar ponernos en su lugar, entender sus emocionas y vivencias, no desvalorizándolas, aunque no estemos de acuerdo con sus conductas.
Ayudarlos a expresar las emociones con palabras y, si hace falta, a reconducir o modificar sus reacciones.

Crear vínculos positivos con ellos y hacer que vivan en un contexto amoroso. Por ejemplo, pasar tiempo con ellos o ser capaces de expresarles afecto (con palabras “me gusta cuando jugamos juntos”, con gestos como por ejemplo besos y cosquillas, de forma simbólica…) y, acompañarlos, a pesar de que no hagamos una participación activa, de manera que sientan que estamos a su lado.

Para educar en positivo hay que confiar plenamente en las capacidades de los hijos: dejar que hagan sus descubrimientos, sorprendernos “¡lo has conseguido!” y respetar su ritmo evolutivo.
Los niños tienen derecho a descubrir cuáles son sus habilidades y derecho a aprender de sus errores. De este modo irán haciendo camino construyendo su propia personalidad.

Estar alerta a nuestras expectativas: Marcar hitos no alcanzables les puede generar frustración, miedo al fracaso e incluso resentir su autoestima: un niño feliz necesita quererse y no sentir que decepciona a sus padres.

Reconocer a los hijos: Cada niño es único, diferente de nosotros y al resto de niños, esto no lo hace ni mejor ni peor. Conviene mirar a los hijos en el ahora, que nos guste tal como son, no como nos gustaría haber sido nosotros (o como nos gustaría que fueran)… Un niño feliz necesita ser reconocido por el otro, porque de este modo se sentirá querido. Sentirse reconocido por el otro es básico para sentirse valorado y por lo tanto aumentar la autoestima.

Educar en positivo también significa estar presentes, acompañándolos, por ejemplo preguntando como los podemos ayudar (cuando realmente lo requieran) y motivándolos (estimulando y no sobre estimulando).

Juego y tiempo son elementos que tendrían que acompañar la vida de un niño feliz. El juego es diversión, aprendizaje, descubrimiento, etc. Además, los niños tienen que tener el derecho a dedicar tiempo a aquello que les gusta, incluso, dedicar tiempo a no hacer nada.

Para una educación positiva la mirada no solamente tiene que orientarse hacia el niño. Conviene pararse a pensar:

¿Y nuestras emociones? A veces podemos sentir malestar o emociones negativas que nosotros también tenemos que gestionar. Para hacerlo podemos intentar pensar ¿cómo me siento?, ¿por qué me siento así?, y buscar soluciones o formas de liberar posibles tensiones.

¿Existen padres perfectos? Confiemos en aquello que hacemos, porque lo estamos haciendo de la mejor manera posible. Y ¡cuidémonos! La paternidad representa asumir grandes responsabilidades de forma que también es importante encontrar momentos por nosotros, para nuestro disfrute personal.

 

 

 

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