Favorecer el desarrollo del niño

Entre el año y los tres años los niños desarrollan muchas habilidades: mejoran sus competencias motrices y ya pueden manipular diferentes objetos con fuerza y precisión, empiezan a caminar, a saltar y a bailar, desarrollan el lenguaje y pronuncian sus primeras palabras, empiezan a construir frases muy simples, e inician su camino hacia la autonomía y las relaciones sociales.

Por este motivo, aparte de satisfacer sus necesidades básicas, en esta etapa también es importante realizar otras actividades para ayudarlos en el desarrollo. Las recomendaciones que os ofrecemos a continuación os ayudarán a favorecer el desarrollo de vuestro hijo, tanto en esta etapa como en etapas posteriores.

Dediquemos tiempo de calidad a nuestros hijos.

Cuando estemos con el niño, demostrémosle afecto, hablémosle, escuchémosle, respondamos a sus preguntas y preguntémosle cómo ha pasado el día, qué ha hecho, qué ha descubierto… interesándonos por él. Es importante que el tiempo que dedicamos a nuestros hijos sea de calidad, es decir, que durante esos momentos centremos nuestra atención en ellos y evitemos estar haciendo otras cosas.

Por ejemplo, podemos compartir con ellos juegos y otras actividades lúdicas, hacerles cosquillas, ayudarles a descubrir su cuerpo delante del espejo, hacer construcciones o garabatos juntos, jugar con ellos a juegos de falda como “Aserrín, aserrán”, “Cinco ratoncitos”, “Cucú-tras”, escuchar música y bailar juntos, correr y dejar volar nuestra imaginación con ellos inventando actividades conjuntas. Si el niño tiene hermanos es importante intentar fomentar el juego con ellos, evitando comparaciones.

En el tiempo libre también podemos organizar actividades fuera de casa, en lugares donde nuestro hijo pueda interactuar con otros niños. De esta manera, estimularemos su relación con otros niños. También es recomendable dedicar tiempo a explicarle historias, cuentos o mirar juntos algún libro, evitando así que pase demasiado tiempo delante de las pantallas –como la tablet, el móvil o la tele– y, cuando lo haga, poder estar a su lado para enseñarle a desarrollar hábitos saludables en el uso de estas herramientas y que, al mismo tiempo, sea una actividad que hagamos juntos.

Autonomía 

En esta etapa nuestro hijo empezará a desarrollar su independencia y su personalidad. Por esto, es importante, que sigamos fomentando su autonomía, que ahora ya es mayor que en etapas anteriores, especialmente la relacionada con la soltura en el movimiento, la capacidad de desplazamiento… Para conseguirlo, le dejaremos explorar el mundo que le rodea, intentaremos que participe en tareas del día a día –como ayudar a poner la mesa u ordenar la compra–, dejando que vaya asumiendo responsabilidades –por ejemplo, que recoja con nosotros los juguetes– y que ponga atención a su cuidado y desarrollo, mientras nosotros le ofrecemos nuestro soporte y ayuda: que empiece a utilizar los cubiertos aunque se ensucie, a beber agua en un vaso, a vestirse o a lavarse los dientes solo…

Es importante intentar que el niño se sienta protagonista, haciéndole saber que confiamos en él, dejando que pruebe sus habilidades y capacidades y evitando cuestionarlo cuando hace alguna cosa mal. En estos casos podemos rectificar amablemente y con afecto, mostrándole cómo lo debe hacer, pero evitando ser sobreprotectores o darle continuamente mensajes negativos –no corras, no toques esto…–. Debemos permitirle que cometa errores, ya que el error es una manera de aprender.

Del mismo modo, si desde muy pequeños hemos ayudado a que su día a día tenga unas rutinas y un entorno previsible y organizado, el niño disfrutará de una mayor sensación de seguridad y, en consecuencia, actuará con mayor autonomía.

Su tiempo

Dejémosle tiempo. En estos momentos el niño aún no comprende el concepto del tiempo de la misma manera que lo hacemos los adultos, y no entiende lo que significa tener prisa. Debemos dejarlo que vaya haciendo con calma y tranquilidad –por ejemplo en el momento de vestirse– y hablarle en presente.

Nuestro ejemplo

Los familiares debemos ser un modelo. Desde que son muy pequeños, los niños nos imitan y aprenden de lo que nosotros hacemos y decimos. Mantener unos horarios, unas rutinas y unos buenos hábitos de alimentación, comunicarnos sin chillar y relacionarnos con amor son algunas de las cosas que nos ayudarán en la educación de nuestros hijos.

A partir de nuestras acciones también le estamos transmitiendo unos valores y aprenderá a convivir –a pedir perdón, a dar las gracias, a compartir, a esperar su turno para hablar y a hacer todo lo que vea que nosotros hacemos–.

Normas y límites

Hacia los tres años el niño empezará a distinguir entre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, sobre todo si desde muy pequeños se lo hemos empezado a transmitir. Así pues, ahora es un buen momento para ir consolidando normas y límites. Para hacerlo, conviene ir enseñándole, poco a poco, algunas normas claras y coherentes. Debemos evitar cambiar las normas en función de los padres o del niño, de si estamos acompañados por otras personas o estamos solos… Se las debemos explicar con palabras sencillas, relacionando las conductas con sus consecuencias y asegurarnos que las está entendiendo. Sobre todo es importante hablar de las cosas en el momento que pasan o cuando pasarán en un futuro inmediato para garantizar que el niño recuerda lo que le hemos dicho. No podemos explicarle una norma que deberá tener en cuenta la próxima semana –“El sábado, cuando vayamos de excursión debes ir cogido de la mano de mamá”–, no la podrá recordar, ni tiene ningún significado para él. Las normas y límites se deben ir trabajando al momento.

Debemos tener presente que nuestro hijo está descubriendo el mundo que le rodea, y es natural que a veces no estemos de acuerdo con lo que quiere o con lo que hace. Para rectificarlo no le gritaremos: los niños entienden las cosas sin necesidad de castigos ni de chillidos. Reconocen perfectamente una cara seria y el mensaje de que una determinada acción no ha gustado. Esto es más eficaz que un chillido o que levantarle la voz. Es mejor aprobar con muestras de afecto los comportamientos adecuados y explicarle las cosas desde el respeto.

Recompensas

Intentemos dar refuerzos positivos. Entendemos por refuerzo positivo los reconocimientos que damos al niño cuando hace una cosa bien hecha, valorando sus esfuerzos y las conductas apropiadas. Los besos, las felicitaciones, compensarla con actividades que le gustan, acariciarla, expresar con palabras lo que ha conseguido hacer o utilizar la comunicación no verbal –una sonrisa, un asentimiento con la cabeza– ante un logro de nuestro hijo son algunos ejemplos de refuerzos positivos. A los niños les gusta que les reconozcamos lo que hacen bien, es algo que les ayuda a aprender.

 

El juego, la comunicación y la relación con las personas adultas aportarán a nuestro hijo las condiciones idóneas para un desarrollo físico, emocional y social adecuado.

Categoria
1-3 años, Desarrollo y aprendizaje