¡Ha llegado el momento de quitarnos los pañales!

Saber controlar el pipí y la caca y poder ir solos al baño es un proceso de aprendizaje que significa, asimismo, un momento muy importante en el camino de los niños hacia su autonomía. Para conseguir que nuestro niño aprenda a controlar sus esfínteres y pueda ir solo al baño será importante irle proporcionando estrategias para que vaya consiguiendo poco a poco estos logros.

Las criaturas acostumbran a aprender a ir solas al baño a partir de los dos o tres años. A pesar de ello, conviene tener en cuenta que el ritmo de maduración y de crecimiento de cada niño es diferente y, por consiguiente, deberemos tener paciencia y no forzarle, respetando sus tiempos.

¿Cómo les podemos enseñar a ir solos al baño?

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Antes de poder ir al baño solo, el niño tiene que poder avanzar en la identificación de sus necesidades fisiológicas y a ser consciente de su propio cuerpo. Para ayudarle en este proceso, podemos planteárselo como si se tratara de un largo juego durante el cual le acompañaremos y le brindaremos nuestro tiempo y dedicación para que pueda conseguir el nuevo reto. Nuestra tarea será motivarle para que viva la retirada de los pañales y el aprendizaje de ir al baño como una superación. Por este motivo será importante que antes de iniciar el proceso, hablemos con él y le demos unas pautas y hábitos para conseguirlo.

Veamos algunas de las pautas que vamos a trabajar antes de retirarle los pañales:

  • El niño deberá ser capaz de indicarnos si ha ensuciado el pañal. Para tomar conciencia de la diferencia entre estar limpio y seco o mojado y sucio, es importante que le mostremos y le expliquemos la diferencia: “Hijo mío, el pañal está mojado porque te has hecho pipí, ahora lo cambiaremos para que estés limpio”. Cuando lo identifique y nos lo diga o nos lo transmita con alguna señal, le cambiaremos el pañal en aquel momento, y si es posible le haremos participar en el proceso, por ejemplo, pidiéndole que tire el pañal sucio a la papelera.

  • El niño debe ir acostumbrándose poco a poco al váter. Para conseguirlo, podemos pedirle que se siente allí un rato cuando le quitemos el pañal, lo vamos a cambiar, antes de bañarlo, después de cada comida o cada dos o tres horas. Aprovecharemos este rato para estar con él y explicarle que algún día utilizará el váter para hacer sus deposiciones. Al cabo del rato que consideremos que nuestro hijo necesita– miraremos juntos si ha hecho o no alguna deposición y si es el caso lo verbalizaremos: “Has hecho pis, ahora tenemos que tirar de la cadena”. También podemos incorporar otras rutinas, como mostrarle para qué sirve el papel higiénico, cómo se utiliza, y la importancia de lavarse las manos después de haber ido al lavabo.

  • Ir al lavabo tiene que ser fácil. Es importante que para el niño el váter sea un lugar accesible y fácil de utilizar. Podemos optar por adaptarlo, bien sea con un reductor de la taza o con un elevador antideslizante, o utilizar un orinal. En el caso de optar por un orinal, es importante que nuestro hijo reconozca que las deposiciones se deben hacer en el lavabo. Por este motivo, evitaremos dejar el orinal en un lugar diferente; tampoco le perseguiremos con el orinal si vemos que empieza a hacer pipí en otro lugar. Es mejor invitarle a que corra al lavabo o dejarle hacer y terminar el proceso allí –lavarse, cambiarlo, etc.–.

  • ¡La ropa también es importante! Del mismo modo que el váter debe ser accesible, la ropa debe ser fácil de subir y bajar, evitando bodis, cinturones, tirantes, etc. En este sentido, es cierto que si la retirada del pañal se hace cuando el tiempo es más agradable –en la primavera o en verano– el niño llevará menos ropa y quizás le resultará más cómodo, pero esta no es la clave del éxito: lo que siempre se debe priorizar es el nivel de maduración del niño. Nunca esperaremos o anticiparemos la retirada del pañal dándole prioridad a la estación del año. Lo que importa son sus necesidades y su proceso.

  • Cualquier aprendizaje es más interesante cuando el niño se siente partícipe y protagonista: por ello conviene que en la medida de lo posible intentemos que esto sea así. Por ejemplo, conviene comprar con él escogiendo juntos el orinal o los adaptadores. También les encanta que vayamos a comprar juntos las braguitas y los calzoncillos. Es una ropa que normalmente es bonita y al niño le acostumbra a gustar empezar a sustituir los pañales por piezas de ropa como la que llevan los adultos de referencia.

La retirada del pañal: el día

Tras repetir varias veces estas rutinas y que el niño vaya al lavabo de forma regular, quizás notaremos que ya no ensucia tanto el pañal y que, en algún momento, será capaz de hacer pipí o caca directamente en el váter. Habrá llegado entonces el momento de retirarle el pañal.

En general es más fácil que la criatura aprenda a controlar el pipí y la caca durante el día, puesto que por la noche, cuando duerme, le resulta más difícil tomar conciencia de lo que le está ocurriendo a su cuerpo. Por ello, podemos empezar a quitarle el pañal solo durante el día. Ahora bien, hay niños que también controlan los esfínteres de noche y podemos hacerlo tanto de día como de noche. Lo importante es estar atentos a las señales que nos muestra el niño y respetar su ritmo.

Si el pequeño va a la guardería, también será importante acordar la retirada de los pañales con los educadores: ellos pasan muchas horas y ven cómo se desarrolla el niño y cómo evoluciona el control de los esfínteres. También se lo comunicaremos a aquellas personas que pasen largas horas con nuestro hijo, como los abuelos, los tíos, etc. para que todos cooperemos y participemos activamente en su proceso de aprendizaje.

¿Cómo hacerlo?

Puesto que la retirada del pañal del niño requerirá nuestra dedicación y previsión, será aconsejable iniciarla durante los fines de semana o cuando dispongamos de más tiempo para estar con él. Evitaremos empezar este proceso coincidiendo con momentos de cambios importantes, como la llegada de un hermano, los primeros días de la escuela, etc. porque nuestro hijo necesita seguridad y estabilidad, y los momentos de cambio no son propicios para ello.

Avisaremos al niño de que quizás durante los primeros días se mojará y se manchará de pipí o de caca. Se lo explicaremos con naturalidad y transmitiéndole confianza, diciéndole que si se mancha le ayudaremos a cambiarse de ropa para que no se sienta mojado o sucio. Será bueno hacer participar a la criatura para limpiar lo que haya ensuciado al habérsele escapado: por ejemplo, llevando la ropa sucia a la lavadora.

También le podemos decir que si nota que tiene ganas de hacer pipí o caca nos lo diga, por si necesita que las primeras veces lo acompañemos al lavabo, respetando su intimidad y su decisión. Será conveniente asimismo que le invitemos a ir al lavabo con frecuencia, cada hora o cada hora y media, preguntándole de vez en cuando si tiene ganas de hacer pipí o caca y vigilando aquellas señales que nos pueden indicar que la criatura puede tener necesidad de ir –cruza las piernas, anadea, etc.–

Será importante que, durante el proceso, la familia se muestre comprensiva. Es habitual que las primeras veces la criatura no llegue a tiempo al lavabo o que nos avise de que tiene ganas de ir cuando ya ha hecho sus necesidades. En estos casos no nos tenemos que enfadar: le explicaremos una vez más que cuando tenga ganas debe procurar avisarnos antes e intentar no esperarse. Le animaremos diciéndole que la próxima vez o pronto lo hará bien. Poco a poco el niño irá regulando sus tiempos.

Hasta que la criatura no sea completamente autónoma con respecto al hábito de ir al lavabo, será conveniente llevar encima una bolsa con ropa y zapatos de recambio, toallitas, etc. En el caso de que salgamos, podemos intentar pensar en sitios donde haya lavabos de fácil acceso. Si lo consideramos oportuno, podemos proteger los asientos del coche, el sofá, ponerle una funda en la cama, etc.

Es importante reconocer al niño su esfuerzo cuando use el inodoro, expresando con palabras lo que ha conseguido: “Hoy no has mojado la cama y has ido solo al baño cuando te has levantado de la cama”. De esta manera lo haremos sentir orgulloso de sus logros, dándose cuenta de que le prestamos atención y que a nosotros también nos hace felices.

La retirada del pañal. La noche

Cuando nuestro hijo ya haya aprendido a utilizar el lavabo durante el día y empiece a dejar seco el pañal durante la noche, varias veces seguidas, le animaremos a retirarlo, también para ir a dormir.

El control de las deposiciones por la noche puede tardar en llegar, aunque también puede aparecer de forma espontánea como consecuencia del aprendizaje diurno de ir al lavabo. Lo importante es que tengamos paciencia, invitándole a ir al lavabo antes de ir a dormir, y si lo consideramos oportuno, despertándole por la noche.

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1-3 años, cuidados y seguridad, Salud