La importancia de las caricias en el desarrollo infantil

Los fisiólogos han remarcado la función tranquilizadora de las caricias. Los neurobiólogos aislaron la molécula de morfina natural, la endorfina, segregada durante la caricia. Esta pequeña molécula se fija en las neuronas de la médula que reciben los mensajes dolorosos. Al saturar los circuitos, bloquean la transmisión del dolor. Acariciar a un niño que acaba de caer tiene un valor relacional y efecto analgésico. Por eso uno se frota la rodilla cuando se da un golpe o se pellizca la mejilla cuando le hace daño la muela: para enviar las endorfinas hacia los circuitos de la médula donde estas moléculas entrarán en competencia con los mensajes dolorosos.

Las caricias no solo tienen esta virtud tranquilizadora y analgésica, además participan en la formación de la identidad y la aparición del pensamiento.

Los niños crecen y a menudo se va distanciando el grado de contacto por diferentes factores, evidentes y naturales. Pero en un grado o en otro, la complicidad de la caricia como vehículo de afecto se mantiene en miradas, sonrisas, bromas compartidas, conversaciones estimulantes, todos ellos vehículos del afecto, momentos de complicidad y reconocimiento que serán los adecuados a la edad y el momento madurativo de todo el mundo.

Justo es decir pero que cada niño es único: hay criaturas que necesitan y buscan el contacto con las personas con quienes tiene un vínculo especial todo y el paso de los años, así como otros que por ejemplo son más reticentes a recibir besos, abrazos, etc. Lo importante es respetar los sentimientos de cada niño y encontrar conjuntamente la manera de mostrarnos afecto.

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0-1 años, 1-3 años, 3-5 años, Relaciones familiares y comunicación, Relaciones familiares y comunicación