La lactancia materna: ¿dolor en los pechos?

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Aunque la lactancia materna responde a un proceso natural que experimenta la mujer después del parto, es posible que los primeros días (e incluso durante las primeras semanas) nos encontremos con algunas dificultades. Por ejemplo, que la madre padezca, se le congestionen los pechos o le aparezcan grietas, o bien que el bebé no gane peso.

Todo ello ocurre porque el pequeño, que debe aprenderlo todo, también debe aprender a succionar el pecho y hasta que no sepa, se pueden dar estas situaciones.

Prevención: Cuidar los pechos y facilitar la lactancia

Inicialmente, para poder amamantar a nuestro hijo, no debemos aplicar ningún tratamiento previo en los pechos o en los pezones. Dado que es un proceso instintivo y natural, no requiere ningún cuidado especial ni ninguna prevención.

De todos modos, sí debemos tener en cuenta que:

  • En la ducha: Debemos evitar utilizar jabones u otros productos para lavarnos los pechos. Lo podemos hacer utilizando solo agua, para evitar alteraciones en la piel (determinados jabones pueden resecar la piel).
  • Antes de la lactancia: No es necesario que nos limpiemos los pezones. El cuerpo de la mujer segrega de forma natural una sustancia que lubrica y protege los pechos. Y, si los lavamos, eliminaremos esta sustancia.
  • Intentemos evitar elementos que dificulten la lactancia, como puede ser el uso de pezoneras. Estas pueden convertirse en una barrera para el bebé (que deberá succionar con más fuerza) y pueden, también, dificultar la producción de leche (el pecho de la madre no está tan estimulado como cuando el bebé mama directamente del pezón).

Al principio: Instaurar la lactancia materna

En la mayoría de los casos el dolor intenso en los pechos, las heridas y otros síntomas son debidos más bien a que la criatura no acaba de cogerse bien y no a que nuestro hijo succione con demasiada fuerza. Si no se coge bien al pecho, no mama suficiente leche y los pechos se congestionan. Los bebés tienen un instinto innato de succión que les permite ser amamantados tras la primera hora después del parto, pero, al mismo tiempo, es posible que necesiten cierta práctica para conseguir mamar de manera satisfactoria.

De todos modos, es natural que, al principio, nos moleste sentir cómo mama el bebé. Los pechos son sensibles y para nosotros es una experiencia nueva.

Para poderlo hacer de la manera más cómoda posible, debemos intentar buscar una posición en la que tanto nosotras como el bebé estemos bien, facilitando que el pequeño coja bien el pezón (cogiéndolo con la boca bien abierta de modo que cubra gran parte de la areola y procurando que su lengua quede por encima de la encía inferior), esto nos ayudará a prevenir la aparición de grietas.

Amamantar a nuestro hijo a demanda, cuando muestre interés por mamar, también ayudará a que nuestros pechos no se congestionen.

Ingurgitación mamaria o pechos congestionados

Con la subida de la leche, los pechos se pueden congestionar, lo que se conoce como ingurgitación mamaria: los pechos están duros, calientes, aumentan de tamaño y pueden doler. Estos síntomas pueden provocar que la criatura no consiga cogerse bien al pecho y, en consecuencia, dificulten la lactancia y no faciliten la descongestión. Si no se soluciona en unos días, la ingurgitación mamaria puede provocar una mastitis.

Es importante tener en cuenta que, en caso de ingurgitación mamaria, si utilizamos un sacaleches los pechos todavía se podrían congestionar más, ya que producirán leche en función del grado de estimulación que reciban. Así pues, en estos casos es más recomendable intentar hacer que el niño se coja bien al pecho haciéndonos un masaje antes de las tomas: desde la parte superior del pecho podemos ir bajando hacia la areola apretando suavemente con las puntas de los dedos, y realizando movimientos circulares. La succión del bebé resultará la mejor manera de descongestionar los pechos.

Los masajes manuales o la aplicación de calor en los pechos (por ejemplo, con una toalla caliente o una ducha antes de la toma), son formas de estimularlos, pero el objetivo no es producir más leche, sino facilitar su flujo cuando nuestro hijo mame.

Para aliviar las posibles molestias después de las tomas, podemos aplicar frío en los pechos con unas bolsas de hielo (evitando el contacto con la areola y el pezón). Estudios científicos han demostrado que las hojas de col cruda, fría de la nevera, también tienen efectos calmantes y ayudan a desinflamar si nos las aplicamos en los pechos.

Asimismo, en algunos casos, los profesionales médicos también nos pueden recetar algún antiinflamatorio.                     

Las grietas

Las grietas son heridas en los pechos que incluso pueden llegar a sangrar. Acostumbran a aparecer por una mala posición en el momento de succionar el pecho. Ayudar a nuestro hijo a cogerse bien al pecho es una de las principales formas de combatirlas: fijémonos en nuestra posición, en la suya, en cómo se coge al pezón y a la areola con la boca, etc.

La leche materna servirá para hidratar el pezón y la areola, además de tener anticuerpos. Podemos aplicárnosla después de cada toma como medida de curación y prevención de las grietas. De todos modos, en algunos casos, la comadrona u otros especialistas en lactancia nos pueden recomendar aplicar una crema a base de lanolina.

También será importante mantener los pechos secos: para conseguirlo, podemos dejar secar al aire los pezones después de cada toma.

En cualquier caso, ante cualquier molestia en la lactancia, deberemos dirigirnos a los profesionales médicos y pedir ayuda. Dar el pecho debe ser algo satisfactorio tanto para el bebé como para la madre. Y si nosotros no disfrutamos dando de mamar, nuestro hijo tampoco lo hará. 

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