La lactancia y los primeros purés: Una alimentación sana durante el primer año

Una alimentación sana es la que cubre las necesidades del organismo, tanto energéticas como nutritivas. Durante el primer año de vida la lactancia –materna o artificial– y la incorporación progresiva de determinados alimentos realizarán esta función.

Los seis primeros meses

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La alimentación del bebé comienza media hora después del parto, momento en que es muy importante darle el pecho a la criatura para que pueda obtener tanto la leche como el calostro, un líquido amarillento que se produce durante los primeros días después del parto, con un elevado contenido en proteínas y muy rico en defensas, que protege al bebé de los gérmenes ambientales.

Posteriormente, y durante los primeros seis meses de vida, el bebé puede tomar exclusivamente leche de su madre, que aporta todos los elementos nutritivos necesarios para la criatura en este periodo (nutrientes, substancias inmunológicas, factores de crecimiento…).

Beneficios de la lactancia materna

Algunos de los beneficios que aporta la lactancia materna al bebé son:

  • La leche materna tiene el equilibrio perfecto entre proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y otros nutrientes.
  • Estimula el sistema inmunitario de la criatura.
  • Protege al bebé de infecciones gastrointestinales, de las vías respiratorias…
  • Contribuye a disminuir la probabilidad de padecer obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes, etc. cuando el niño crezca.
  • Ayuda a proteger a la criatura contra determinadas proteínas que producen alergias, como puede ser la proteína de la leche de vaca.
  • Facilita un adecuado desarrollo maxilofacial.
  • Puede reducir el riesgo de muerte súbita del lactante..
  • Es de fácil digestión para el bebé.
  • Favorece el contacto y fortalece la relación madre-hijo.

La alimentación de la madre durante la lactancia

Durante la lactancia materna la alimentación deberá cubrir tanto las necesidades propias de la madre, como las necesidades extras que supone la producción de leche para su organismo. Una aportación insuficiente de nutrientes podría alterar la salud de la madre y la composición de la leche materna y, por consiguiente, la salud de la criatura. Así pues, para que la lactancia materna sea saludable tanto para la madre como para la criatura, es importante que la madre se alimente de forma equilibrada y variada.

Además, también es importante:

  • Beber más líquido, como sopas, leche, bebidas de soja, etc.
  • Aumentar la ingesta de fibra para evitar problemas de estreñimiento en la madre.
  • Tomar alimentos más ricos en calcio.
  • Consumir pescado azul y frutos secos.
  • Aumentar la ingesta de proteínas, por ejemplo, tomando un vaso de leche suplementario al día.
  • Tomar pescado, lácteos, cereales, frutas y verduras que nos aportarán las vitaminas necesarias para el organismo.
  • Evitar tomar medicamentos sin prescripción médica o consultarlo con el especialista antes de utilizarlos.
  • Evitar fumar, tomar alcohol y moderar el consumo de bebidas excitantes como el café: los tóxicos y los componentes que contienen estos productos pasan a la leche materna.

Lactancia artificial

Cuando no es posible la lactancia materna, la lactancia artificial, con fórmulas adecuadas a la edad del bebé, también proporciona los nutrientes necesarios para garantizar una nutrición y un desarrollo adecuados.

Si en la lactancia materna es importante la dieta de la madre, en la lactancia artificial debemos tener en cuenta un conjunto de medidas de higiene al preparar el biberón. Estas medidas evitarán que la leche se contamine con bacterias, y la posibilidad de transmitir alguna infección a la criatura en una etapa en la que su sistema inmunológico aún está en desarrollo.

A partir de los seis meses: Alimentación complementaria

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A partir de los seis meses, la lactancia se complementa con otros alimentos: es lo que se conoce como alimentación complementaria.

De los seis a los doce primeros meses de vida de la criatura la alimentación complementaria se realizará a base de purés, papillas o alimentos semisólidos. De manera progresiva, y espaciando la introducción de cada nuevo alimento con un margen de un par de días entre ellos, se irán incorporando diversos alimentos en la dieta del niño.

El orden en que se acostumbran a introducir los alimentos es:

  • Frutas, en zumo o papilla.
  • Papillas de cereales, evitando, hasta los siete meses, los que contengan gluten.
  • Lácteos, inicialmente el yogurt.
  • Verduras y legumbres, cocidos y triturados.
  • Pequeñas porciones de carne que podemos incorporar en los purés de verdura y legumbres. Comenzaremos, preferiblemente, por carnes suaves, como el pollo o el pavo.
  • A partir de los nueve meses, pescados cocidos, introduciendo primero los pescados blancos. También se pueden incorporar a los purés de verduras y legumbres o dárselos desmigajados.
  • La yema de huevo cocida, también a partir de los nueve meses de edad. A partir del año podemos introducir la clara.

Para que la alimentación complementaria sea sana se recomienda:

  • Ofrecer a la criatura una dieta variada.
  • Respetar el apetito del niño.
  • Evitar añadir azúcar o sal a las comidas.
  • Priorizar los alimentos frescos, así como productos locales y del entorno, y los hechos en casa.

Durante esta etapa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda mantener la lactancia, dándole tomas a demanda de la criatura e incorporando gradualmente las siguientes comidas complementarias:

  • Dos o tres comidas al día, entre los seis y los ocho meses de edad.
  • Tres o cuatro comidas al día, entre los nueve meses y el año.

De la misma manera, mantener un seguimiento pediátrico adecuado nos permitirá garantizar una alimentación óptima para el crecimiento de nuestro hijo: los servicios médicos nos ayudarán a valorar si la alimentación es la adecuada, controlarán su peso y nos podrán ofrecer pautas y recomendaciones para su dieta.

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0-1 años