La motricidad fina de uno a tres años

motricidad fina, psicomotricidad fina, juguetes psicomotricidad fina, desarrollo motricidad fina

El sentido del tacto, la coordinación mano-ojo (a través de la vista se dirige el movimiento de la mano), la capacidad de hacer la pinza (sujetar o coger los objetos oponiendo los dedos índice y pulgar),etc., son un conjunto de habilidades (conocidas como habilidades motoras finas) que nuestro hijo empezó a desarrollar desde muy pequeño y que continuará perfeccionando a medida que crezca.

Experimentar con las manos y utilizarlas para realizar diferentes cosas es la manera con la que se desarrolla la motricidad fina. Por este motivo las labores del día a día, el juego y las manualidades o la expresión plástica resultan las actividades por excelencia para estimular las habilidades motrices del niño. En este artículo descubrimos algunas propuestas que servirán para que nuestro hijo vaya desarrollando su motricidad fina, retos que asumirá poniendo a prueba sus capacidades.

Si observamos al pequeño y prestamos atención a su proceso de maduración, conseguiremos que estos retos, que los materiales que le facilitemos o que nuestras sugerencias no sean ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles para él, sino que se adecuen al momento en el que se encuentra y a sus capacidades.

Actividades para el desarrollo de la motricidad fina

Utilizar los cubiertos en las comidas: Si hasta el momento nuestro hijo estaba acostumbrado a comer con las manos piezas de fruta o trozos de pan, ahora podemos introducir la cuchara en las comidas. Aunque se ensuciará bastante, es importante que se vaya acostumbrando, ya que, poco a poco, irá mejorando su habilidad.

Debemos tener presente que los pequeños cambios que consiga nuestro hijo suponen tiempo y un gran esfuerzo. Por ejemplo, comer con la cuchara requiere perfeccionar la capacidad para hacer pinza entre el pulgar y el índice, seguir mejorando la coordinación mano-ojo, etc. Si confiamos en sus capacidades y tenemos paciencia le motivaremos para seguir intentándolo, de modo que, además de desarrollar la motricidad fina, estará aprendiendo a comer solo.

A medida que afina estas y otras habilidades, como por ejemplo mejorar la movilidad del codo y afinar el movimiento de la muñeca, le podemos dejar el vaso en la mesa para que intente beber solo. En el momento de escoger un vaso apropiado, muchas familias optan por una taza de plástico con dos asas, para que le resulte más fácil cogerlo y no se rompa si se cae. De todas maneras, si estamos a su lado, vigilando que no se pueda hacer daño, puede aprender a beber utilizando un vaso de cristal o los mismos vasos que nosotros utilizamos habitualmente.

Los vasos de cristal permiten ver la cantidad de líquido que contienen, hacen que nuestro hijo aprenda a ser curioso cuando los manipula porque descubre las consecuencias de lo que ocurre si el vaso se rompe y, además, no deberá pasar por pasos previos (por ejemplo, las tetinas, o las asas, es decir, no se tendrá que habituar a algo que más tarde no utilizará.

El niño ya tiene una edad para empezar a investigar y a probar, por eso es conveniente que le dejemos a su alcance las cosas que necesite para que pueda comer solo (de momento evitando dejarle el cuchillo). Si somos observadores, será él mismo quien nos diga si necesita o no ayuda.

Vestirse y desvestirse: Si, poco a poco, animamos a nuestro hijo a que colabore cuando lo vestimos y lo desvestimos, estaremos fomentando que ponga a prueba tanto su motricidad fina, como la motricidad global, ganando además en autonomía.

Por ejemplo, primero le podemos pedir que levante los brazos; después, que intente pasar la mano por el agujero; de esta manera le iremos haciendo partícipe, progresivamente, hasta que alrededor de los dos años o dos años y medio sea capaz de ponerse y sacarse alguna prenda de ropa o de ponerse solo los zapatos.

motricitat fina, psicomotricitat fina, activitats de motricitat fina, motricitat fina en nens, activitats motricitat fina

Además de pedirle su colaboración y convertirlo en protagonista de su cuidado personal, las piezas de ropa se pueden convertir en un juego. Por ejemplo, si tenemos un pantalón con cremallera que no utilizamos o una camisa con botones, podemos aprovecharlos convirtiéndolos en retales, dejándolos al alcance del niño para que pueda jugar a subir y bajar la cremallera o a poner los botones en el ojal.

Mientras abrocha y desabrocha cremalleras, botones o cordones, nuestro hijo está afinando su motricidad.

Otras actividades domésticas habituales: Al margen de estos dos ejemplos (vestirse y desvestirse o utilizar los cubiertos en las comidas), el resto de actividades domésticas habituales, como por ejemplo pedir al niño que nos ayude a tender la ropa, a poner la mesa, a cocinar decorando un plato, a guardar los alimentos, por ejemplo, abriendo o cerrando envases, etc., constituyen un buen entrenamiento de su motricidad.

Jugar: Desde el momento en el que el niño fue capaz de sentarse solo, teniendo así las manos libres para manipular, seguramente se pasaba largos ratos jugando a experimentar con los objetos (tocándolos, descubriendo sus cualidades y usos, etc.), dándoles golpes, haciéndolos rodar, apilándolos. Cuando ya se mantiene en pie y empieza a caminar también los arrastra; por ejemplo, le gustará hacer rodar coches, camiones o cualquier otro objeto sobre diferentes superficies.

Se recomienda mantener estas formas de juego con las que entrena su motricidad, así como introducirlo en nuevas formas de jugar a medida que va perfeccionando sus habilidades. Por ejemplo, en los juegos de construcción cada vez amontonará más piezas y las combinará con diferentes formas y medidas.

Más tarde, además de apilarlas creando diversas estructuras, le gustará encajar formas geométricas en agujeros, hacer rompecabezas sencillos, llenar o vaciar recipientes, etc.

Con los juegos de muñecas y muñecos entrenará su motricidad cuando los vista y los desvista y, con la llegada del juego simbólico (entre los dos y los tres años), también seguirá poniendo a prueba sus habilidades manuales (entre muchas otras capacidades), al practicar las tareas que nos ve realizar a nosotros, como por ejemplo barrer o jugar a tiendas.

En el desarrollo de las habilidades motoras finas son importantes los medios que le facilitemos al niño, así como los materiales que le dejemos para su juego: objetos fáciles de manipular, hechos de materiales variados, susceptibles de ser combinados y de diversas medidas le ayudarán a mejorar sus habilidades. Por ejemplo, cilindros duros de cartón agujereados por las dos bases, potes metálicos, cajas de madera o de cartón, arena del jardín, hojas de los árboles, piedras para pasar de un bol a otro, así como juguetes diversos como muñecos, pelotas de diferentes medidas, etc.

Es importante que vigilemos siempre que los juguetes sean seguros e intentemos dejarlos al alcance de nuestro hijo (sin excesos y de forma organizada) de manera que los pueda coger según sus intereses. Si le dejamos objetos o materiales que pueden resultar poco seguros, como por ejemplo las piedras, será necesaria la supervisión de un adulto.

Actividades de expresión plástica: Las actividades de expresión plástica también favorecen el desarrollo de la motricidad fina.

El niño pasará de hacer garabatos con las manos, por ejemplo, dibujando con el dedo en la tierra, a utilizar herramientas como pueden ser lápices de colores. Sus trazos cada vez serán más precisos, incorporará formas geométricas, a lo mejor nos pedirá que le hagamos un dibujo para poderlo reproducir “¿Cómo se dibuja un círculo?”, etc.

Hacer figuras con plastilina, dibujar, pegar pegatinas, hacer un collage, hacer collares, recortar, etc., son actividades que le permiten ir mejorando su capacidad de hacer pinza, su coordinación ojo-mano, su precisión y, en definitiva, su motricidad fina, al mismo tiempo que pone en juego su capacidad creativa.

En el mercado encontraremos diferentes materiales no tóxicos y que los niños pueden manipular con facilidad. Por ejemplo, si les damos unas tijeras porque consideramos que ya las pueden utilizar, tendrán que ser de punta redondeada para evitar que se hagan daño.

Categoria
1-3 años, Desarrollo y aprendizaje, Revisats