La naturaleza, un espacio de diversión y aprendizaje

Cuando a nuestros hijos les enseñamos a cuidar las plantas o los animales, les estamos ayudando a ser más responsables. Es una manera de cederles autonomía, de hacer que se sientan útiles y satisfechos, de hacerlos reflexionar y valorar las consecuencias que tienen sus actos y los beneficios que aportan sus acciones… Estas actividades nos permiten darles nuevas informaciones y explicaciones, y felicitarlos por el cumplimiento de estas responsabilidades: «Moveremos la tierra, haremos un agujero y plantaremos la semilla. Si los cuidamos bien, dentro de un tiempo ¡nos podremos comer estos tomates!»

Al mismo tiempo, las actividades relacionadas con la naturaleza nos permiten trabajar muchas otras cosas. Nos permiten afrontar miedos, el desarrollo del lenguaje, la seguridad…: «¡Oh, que animal más grande! ¡Hijo, es una vaca! Dame la mano, acerquémonos y démosle de comer. Si lo hacemos con respeto no nos hará nada… ¿qué sonido hace? muuuuu…»

Por ejemplo, si paseamos al lado del río, a lo mejor de repente nos encontramos con un obstáculo. Esto le permitirá entrenar su equilibrio, enriquecer y controlar su movimiento e ir superando nuevos retos. En situaciones como esta, los adultos podemos estar al lado de nuestro hijo, pero debemos dejarle hacer. Cuando llegue al otro lado, quizás esté cansado y se siente. Puede ser una buena ocasión para pararse, sentir el frescor de la hierba húmeda y descubrir el olor de nuevas flores y plantas.

Continuamos caminando y llegamos al área de juegos, donde podemos encontrar a otra familia que también ha decidido hacer una parada. Su pequeño juega un poco más lejos y nuestro hijo se acerca, no le dice nada pero se tiende a su lado y empieza a tocar la arena… Ahora nuestro paseo se está convirtiendo en un momento de socialización, no solo para el niño, sino también para nosotros. Saludamos a la familia, a lo mejor intercambiamos algunas palabras y, sin darnos cuenta, estamos convirtiéndonos en modelos positivos para las criaturas, que nos ven interactuar, conversar, compartir miradas…

Los niños necesitan tiempo en el entorno natural porque…

El contacto con el entorno natural proporciona diferentes oportunidades para compartir experiencias en familia y favorece el desarrollo del niño. Éste aprende a divertirse, de forma espontánea y libre, y disfruta de la serenidad y de la tranquilidad que ofrecen los parajes naturales.

Al mismo tiempo, el niño recibe un montón de estímulos: puede tocar, ver, escuchar, oler y experimentar con los cinco sentidos, arriesgarse, poner en juego su creatividad e imaginación, su capacidad para resolver problemas, la tolerancia a la frustración –cuando no llega a algún sitio, cuando se moja, cuando se cae…– mientras recoge palos, piedras o explora insectos, por ejemplo–.

¿Qué actividades podemos hacer?

Si vivimos en la ciudad o en una localidad grande, podemos acercar al niño a la naturaleza. Esto le enseñará a vivir de una manera diferente a cómo lo hace habitualmente, y le motivará. Para conseguirlo no es necesario hacer grandes excursiones ni viajes, sino que se trata de encontrar el lugar adecuado. Por ejemplo, podemos escuchar la música del agua en algún estanque de un parque, ir a ver el río si pasa por nuestra localidad, ir al puerto y observar el mar, subirnos a algún monte que nos quede cerca o a aquel terreno con aspecto descuidado…

De la misma manera, si vivimos en un pueblo -ya sea de montaña, de interior o de costa-, aprovechemos las oportunidades que nos brinda el entorno cerca de casa y salgamos a pasear más allá de las calles del pueblo.

Cuando pensemos en actividades en la naturaleza, tenemos un amplio abanico de posibilidades: ir a hacer castillos de arena a la playa, salir a pasear por el bosque, ir al parque y jugar a esconder tesoros detrás de los árboles, hacer una excursión por la montaña, visitar parques o casas de colonias –con actividades sobre el entorno- e, incluso, plantar una tomatera o una flor en un tiesto grande en el balcón nos puede ayudar a acercar la naturaleza a nuestros hijos.

Siempre que tengamos ocasión, intentemos aproximar la naturaleza a los niños: será una experiencia vital de la que sin duda disfrutarán y aprenderán.

Categoria
1-3 años, Ocio y TIC de 1 a 3 años, Relaciones familiares y comunicación de 1 a 3 años