Los vínculos afectivos: La crianza respetuosa que nos ayuda a crecer

El apego es el lazo afectivo que nos une y nos sintoniza con nuestro hijo, desde el embarazo. En el momento de nacer se continuará desarrollando a medida que pasan los meses. Se denomina vínculo al sentimiento o vínculo afectivo que se establece entre un niño y sus cuidadores.

El estilo de los vínculos afectivos iniciales que establecemos es uno de los factores que determina como crecemos. Por lo tanto, influye a hacernos cómo somos, nuestro crecimiento será de una forma o de otra.

El vínculo afectivo influye en el desarrollo del niño.

El apego tiene una función de protección y seguridad. Tiene el afecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha con su cuidador.

Las relaciones con las figuras de vínculo servirán a nuestro hijo para aprender a relacionarse con los otros, como percibe y se percibe, como se siente, piensa y actúa y la manera que tiene para explorar el mundo. El vínculo depende, fundamentalmente, de la sensibilidad y de la capacidad de respuesta que tenemos los adultos respecto a las necesidades de nuestro hijo. La figura de vínculo con sensibilidad se adapta rápidamente a las necesidades y a sus ritmos naturales. Despacio va conociendo qué lo satisface y que le calma.

El vínculo no se ve pero se nota.

Saber que somos figuras de referencia emocional, accesibles y sensibles aportará a nuestro hijo un sentimiento de seguridad y lo anima a valorar y continuar la relación. En toda interacción intervienen diferentes factores, como son nuestros rasgos temperamentales y de nuestros hijos, la situación y el contexto. Estos factores son los que influenciarán en el desarrollo del vínculo afectivo.

Categoria
0-1 años, 1-3 años, 3-5 años, Relaciones familiares y comunicación, Relaciones familiares y comunicación de 3 a 5 años