¿Por qué muerden los niños?

Los mordiscos acostumbran a aparecer entre el año y los dos años y, se pueden mantener hasta el alrededor de los tres o cuatro.
En estas edades todavía no tienen la capacidad para explicar aquello que les sucede o apenas ahora están aprendiendo. Les cuesta poner nombre a aquello que sienten y utilizan los mordiscos para expresar sus emociones. Un niño cuando muerde no tiene la intención de hacer daño.
Detrás un mordisco acostumbra a haber un mensaje: quizás muerden cuando están tristes, porque no quieren compartir algún juguete o, porque le duelen los dientes. Los momentos de cambio o procesos que les pueden angustiar pueden hacer que los mordiscos ganen presencia.

También resultan una herramienta para afrontar y resolver conflictos: El niño se encuentra en una etapa en que está aprendiendo a relacionarse y los mordiscos forman parte de este proceso.

También están relacionadas con la frustración, un sentimiento que apenas ahora empiezan a descubrir: a tomar conciencia que no siempre las cosas pasan como ellos desean y, un mordisco es una forma de expresar su enojo.

Si nuestro hijo muerde… ¿Qué podemos hacer para ayudarlo?

Ayudarlo que tome conciencia que desaprobamos su comportamiento. Le podemos explicar qué ha hecho, cuáles son sus consecuencias y mostrarle cómo pedir disculpas. Si muerde a otro niño le podremos decir: Si lo que quieres es el juguete, pon la mano para que te lo dé. Si le muerdes no entiende lo que quieres y le haces daño. De este modo el niño, poco a poco, aprenderá a obtener aquello qué quiere sin hacer uso de una agresión.

No culpabilicemos al niño que muerde porque sabemos que no lo hace con la intención de hacer daño, especialmente evitando etiquetarlo diciendo frases del tipo “Eres malo porque muerdes”. Lo inapropiado es el comportamiento.

El niño necesita unos límites, diferenciar aquello que está bien de aquello que no lo está. Cuando veamos que tiene la intención de morder, a pesar de que no siempre es posible, tenemos que poder decir “no” con firmeza, antes de que pase.

Intentemos averiguar que lleva al niño a morder. Le podemos preguntar qué ha pasado. Si el niño no habla o no es capaz de manifestar el motivo del mordisco, pongamos nombre a aquello que intuimos que puede pasar y al sentimiento que ha generado, por ejemplo: “¿Estás triste porque te han pisado el castillo de arena?” Con lo que le decimos lo ayudamos que entienda qué le pasa, haciéndole saber que estamos a su lado para ofrecerle consuelo y que lo comprendemos. A los niños les tenemos que explicar las cosas, sin largos discursos ni consejos, sino preguntándonos cómo se sienten e intentando descubrir los motivos de su estado de ánimo.

Hagámosle saber que nosotros también experimentamos emociones, que también nos enfadamos, nos frustramos, etc. De este modo ofrecemos un modelo de actuación apropiado, evitando culpabilizar al niño.

Busquemos la causa del mordisco, ayudándolo a entender qué ha pasado y ofrezcámosle alternativas.

¿Y cuando el mordido ha sido mi hijo?

Si estamos presentes, ayudemos al niño que recibe el mordisco a expresar su disgustomostrémosle que puede apartar suavemente con la mano al niño que lo está mordiendo, y decirle: “No me muerdas, me haces daño.”

Evitemos responder de manera agresiva. El autocontrol, la asertividad, la empatía son formas de hacer y valores que el niño aprende e imita. En caso contrario favoreceríamos que nuestro hijo responda de manera violenta a determinadas situaciones

No acusemos al niño que muerde, como por ejemplo pidiendo a nuestro hijo que no se acerque a él. El niño que ha mordido lo ha hecho sin intencionalidad, no es agresivo. Para tener una buena convivencia, es necesario que los adultos favorezcamos el acercamiento entre ellos.

Sea cómo sea, a medida que nuestros hijos adquieran el lenguaje y otras formas de expresar aquello que sienten, las agresiones irán desapareciendo.

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1-3 años, 3-5 años, Desarrollo y aprendizaje, Desarrollo y Aprendizaje, Relaciones familiares y comunicación, Relaciones familiares y comunicación, Resolución de conflictos, Resolución de conflictos