Tu hijo recién nacido

Acabamos de tener un hijo. Aún no tiene una semana y es normal que en estos primeros días nos hagamos muchas preguntas sobre cómo cuidarlo.

Junto con las orientaciones que nos dan los profesionales que nos han cuidado durante y después del parto, es necesario programar una visita, tanto con la pediatra como con la ginecóloga, durante estos primeros días de vida de nuestro hijo. En estas visitas podremos plantear nuestras dudas y asegurarnos que tanto el bebé como la madre goza de un buen estado de salud.

En estos primeros días, alimentar a nuestro hijo y cambiarle los pañales serán dos de nuestras principales tareas. Si acompañamos estos momentos de cuidados con manifestaciones de afecto, miradas, sonrisas, palabras… le transmitiremos tranquilidad.

El bebé nos reclamará mediante el llanto cuando tenga hambre. Ahora acostumbrará a reclamarnos para comer cada dos o tres horas. Aunque debemos tener presente que cada bebé es diferente: unas tardan más y otras menos. Es posible que, al principio, estos momentos de alimentación nos resulten difíciles. Y es que nos tenemos que adaptar los dos. Poco a poco, los adultos iremos entendiendo y cubriendo las necesidades de nuestro hijo, descubriremos cuál es la posición en la que ambos estamos más cómodos para la lactancia, observando sus movimientos y sus gestos, descifraremos las señales que indican que el bebé tiene hambre… Él, por su parte, deberá aprender a succionar el pecho o la tetina, y también aprenderá a anticipar los momentos de la lactancia, por ejemplo, anticipando que estamos a punto de darle de mamar cuando le acariciamos la mejilla para despertarlo, etc. A pesar de tener más de un hijo, cada experiencia es única, y la relación entre la madre y el bebé también lo será.

Si hemos optado por la lactancia materna, la subida de la leche puede llegar a tardar hasta cuatro días. Así pues, el bebé se puede mostrar insatisfecho: amamantarlo con frecuencia y a demanda acelerará la subida de leche. Al mismo tiempo, el hecho de succionar también tranquilizará al recién nacido.

Si al bebé le damos leche artificial, cuando preveamos que se acerca la hora de la toma podemos ir preparando el biberón: así no le tendremos que hacer esperar cuando nos reclame la comida.

Realizar el cambio de pañales cada vez que el bebé los ensucie es una medida que nos ayudará a evitar irritaciones en la piel, especialmente la dermatitis del pañal, una irritación leve de la piel en la zona del pañal. Cambiar los pañales cuando el bebé los haya ensuciado también facilitará la cicatrización del cordón umbilical, que se desprende más rápidamente si se mantiene seco. La humedad del pañal sucio podría provocar que el cordón umbilical se infectara.

Poco a poco, nos sentiremos más cómodos en estos momentos de cuidados y nos iremos adaptando a los ritmos del bebé, al mismo tiempo que él también se acostumbrará a los nuestros. Este es un proceso que construiremos día a día: nos conoceremos, aprenderemos a intuirnos y se irá construyendo entre nosotros un vínculo especial. Comunicarnos con el bebé, ya sea a través de palabras –por ejemplo, explicándole que le cambiaremos porque está mojado– o a través de la comunicación no verbal –mirándole a los ojos, favoreciendo el contacto piel con piel en nuestras interacciones con él, etc.– nos ayudará a conseguirlo transmitiéndole seguridad.

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0 a 12 meses semana a semana, 0-1 años, El desarrollo de tu hijo, Semana a semana